Arthur R. Jensen (1923-2012). In memoriam –por Antonio Andrés Pueyo

En los años 80 y 90 la Psicología entraba en una de sus “revoluciones”, la denominada revolución cognitiva (ahora estamos acabando la de las “emociones”, en medio de la del cerebro, y pronto vendrá otra similar, aunque todavía no sabemos en qué se centrará).
Más o menos de repente, la Psicología experimental de la cognición –que se dedicaba a estudiar a fondo los mecanismos del lenguaje y la memoria– entraba en tropel en las Universidades y en los centros de investigación de todo el mundo, reconvirtiéndose en la llamada “revolución cognitiva”, y que aquí en España  coincidió con el momento álgido del crecimiento de los estudios universitarios de Psicología.
Los procesos cognitivos, desde la atención hasta la inteligencia, pasando por la memoria, que hasta entonces estaban aparentemente “vetados” para una Psicología claramente polarizada entre el conductismo y el psicoanálisis –-y a ambas corrientes les interesaba menos que nada la “cognición”-– se convirtieron en el centro de interés hasta que, pasado el tiempo, han dejado de ocupar ese vórtice estratégico para convertirse en algo corriente de la ciencia psicológica. Hoy los procesos cognitivos ocupan el lugar que les corresponde entre el resto de fenómenos psicológicos, y que hacen de nuestra disciplina una excitante materia en la que seguir investigando.
En este trasiego de cambios de interés de la Psicología  por ciertos fenómenos, el trabajo de A. R. Jensen merece un comentario, que si bien es oportuno a su fallecimiento el pasado mes de Octubre en California (al cumplir 89 años), también es adecuado por la importancia del personaje. Antes de detallar algunos aspectos, quiero subrayar que sus aportaciones se encuentran al mismo nivel que otros grandes psicólogos como H. J. Eysenck (con quien Jensen reorientó su inicial carrera académica como clínico hacia la investigación de la inteligencia), R. B. Cattell  o J. B. Carroll.
Si revisamos cualquier hemeroteca, e incluso los libros publicados y traducidos al castellano de Psicología y Pedagogía (y hasta de Sociología) es fácil encontrar el nombre de este psicólogo asociado a un “ismo” (ya se sabe, nada bueno). Nos referimos al llamado  “jensenismo”, una etiqueta creada para despreciar un trabajo que hizo Jensen en los años 60 y en el que se comparaba el rendimiento académico y cognitivo (especialmente en tareas de memoria asociativa) entre blancos y Afroamericanos en las escuelas de primaria de California.
Según la opinión mayoritaria entre los historiadores de la ciencia, el “jensenismo” representa la creencia de que las diferencias en inteligencia entre las razas se deben a un componente genético. Esta etiqueta ha pasado a la historia dejando el trabajo de Jensen en una mala posición y generando un injusto rechazo a todo lo que hizo. Veladamente, ese rechazo supone un ataque frontal a los avances en la genética de la conducta y otras aproximaciones científicas a los procesos psicológicos.
A. R. Jensen fue autor de más de 435 artículos, libros y capítulos de libros. Como a veces pasa en la historia de la ciencia, Jensen es más conocido por su polémico artículo de 123 páginas que apareció en el Harvard Educational Review en 1969. Esta publicación le significó un gran rechazo público, pero también que durante dos años necesitara vigilancia policial por las amenazas de muerte que recibió. Incluso tuvo que cambiar de domicilio y abandonar temporalmente el estado de California para irse a vivir a un lugar más seguro para él y su familia.
En aquel artículo de 1969, Jensen llegó a la conclusión de que las diferencias entre blancos y Afroamericanos en las pruebas de Cociente Intelectual podían atribuirse, al menos en parte, a diferencias genéticas entre las dos razas. En el año 1980, en su magnífico libro “Bias in mental testing” –nunca traducido al castellano, si bien es uno de los mejores libros publicados sobre Psicometría aplicada– concluyó que las pruebas de inteligencia no tenían prejuicios contra los Afroamericanos, lo que resultó en una mayor controversia, pero sin el eco social de la primera publicación.
A.R. Jensen fue un destacado investigador en el campo de la psicometría y la psicología diferencial, así como un gran renovador del análisis y comprensión psicológica de la inteligencia humana. La historia de la Psicología reconocerá su gran aportación sobre el estudio de la naturaleza de la inteligencia. Sus ideas han quedado patentes y con gran capacidad de generar investigaciones determinantes sobre la naturaleza de la inteligencia.
Según Jensen, el mecanismo básico de las diferencias en la inteligencia se encuentra en la variabilidad interindividual de la velocidad de procesamiento de la información, y ésta variabilidad se debe a procesos y mecanismos cerebrales. Muchos investigadores, entre los que se encuentra el anfitrión de este blog, se están encargando de demostrar lo certero de estas propuestas de Jensen para comprender la inteligencia.  El estudio experimental y cronométrico de la inteligencia le ocupó desde principios de la década de los 80 del siglo XX, casi con exclusividad, hasta el momento de su muerte.

Sus aportaciones sobre la inteligencia son las más importantes después de la obra pionera de Charles Spearman. Esta afirmación se sustenta en el análisis de sus obras “The g factor” (1998) y “Clocking the Mind: mental chronometry and individual differences” (2006). El primero es de lectura imprescindible para cualquier psicólogo que quiera comprender en profundidad el papel destacado de la inteligencia en cualquier actividad humana.  Y para mayor evidencia de su importancia histórica,  Jensen ha sido reconocido entre los 50 psicólogos más importantes del siglo XX, ocupando el puesto 47 entre S. Milgram y L. J. Cronbach.

A.R. Jensen era un conferenciante habitual en congresos y reuniones científicas en los USA y también en Europa. Era ameno y siempre despertaba gran interés en la audiencia por sus posiciones claras e impactantes. Era blanco de críticas y de elogios, siempre dispuesto a la discusión científica y rigurosa, aunque fuera espinosa.
En 1996 el Dr. Andreu Vigil y yo mismo pudimos entrevistar al Dr. Jensen en el congreso de la ISSID en Gante (la entrevista está publicada en la revista Psicothema):
Más tarde vino a Barcelona, a una reunión promovida por la SEIDI en 1999, e impartió una conferencia que, sin ser muy concurrida, fue muy interesante. Allí tuvimos ocasión de conocer la dimensión personal de A. Jensen y nos dejó muy buen sabor de boca: nos pareció un científico integro, cercano, descubrimos que era un gran amante de la música y él mismo intérprete.  A pesar del eco negativo con el que se asocia su nombre en ciertos foros de la Psicología, creo que sus aportaciones han sido muy relevantes y sólidas.

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English Version (by Antonio Andrés Pueyo)
Back in the 80s of the XX Century, psychological science was in the middle of the so-called “cognitive revolution” (now we are moving away from the “emotional revolution” and in the middle of a “neuroscience” scenario —what’s next?).
Suddenly, universities were flooded by the experimental analysis of the human mind. Laboratories worldwide (Spain included) were focused on this cognitive research. Cognitive processes (such as intelligence, attention, or memory) largely neglected by a Psychology polarized between behaviorism and psychoanalysis (both clearly uninterested in “cognition”) became the main focus in psychological science. Now the scientific study of cognitive processes is well placed among other psychological phenomena, contributing to make our discipline an exciting research area.
The work of A. R. Jensendeserves a comment within the context defined by these changes. He died past October in California (he was 89 yrs old) and the present note underscores his relevance as a scientist, university professor, and psychologist. The impact of his contributions are on a par with other great psychologists, such as H. J. Eysenck (BtW, Jensen moved from his academic career as a clinician to intelligence research after his visit to Eysenck’s lab in London), R. B. Cattell or J. B. Carroll.
Journals and books translated into Spanish devoted to Psychology, Pedagogy, and even Sociology, depict the name of A.R. Jensen associated with an “ism” (not good!). The label “Jensenism” was specifically raised for rejecting his work, done in the 60s, comparing the academic and cognitive performance (particularly associative memory tasks) of whites and African Americans in Californian primary schools.
According to the view shared by a majority of historians of science, “Jensenism” represents the belief that race differences in intelligence can be attributed to genetic factors. This arguable attribution puts the extensive work of Jensen in a bad place, creating an unfair rejection of everything he did. This generalized rejection is usually associated with a straightforward attack against behavior and molecular genetics approaches to psychological processes.
A. R. Jensen authored more than 435 articles, books, and book chapters. Anyways, as usual in the history of science, Jensen is best known for his controversial 123-page article published in 1969 in the Harvard Educational Review (HER). Jensen required protection by the Police because of the death threats he received. His family moved away from California looking for a safe place to live.
The HER long article concluded (among many other interesting things) that the average IQ difference between whites and African Americans could be attributed, at least in part, to genetic differences between the races. Jensen’s excellent book “Bias in Mental Testing” (1980) –never translated into Spanish, even when it is one of the best books on Applied Psychometrics– concluded that intelligence tests were not biased against African Americans (or other North-American minority groups) which resulted in further controversy, but without the social echo of the HER publication.
A.R. Jensen was a leading researcher in psychometrics and differential psychology, as well as a great innovator in the study of human intelligence. The history of psychology acknowledges his contributions to the study of the nature of intelligence. His ideas are now widespread and they stimulate current research efforts among their peers.
Jensen claimed that intelligence differences can be accounted for by the variability in information processing speed. Further, this variability is mainly due to brain mechanisms and processes. There are many researchers (the host of this blog included) showing how some of Jensen’s proposals contribute to improve our understanding of the intelligence construct. Jensen was devoted (almost exclusively until his death) to the experimental study of intelligence since the early 80’s of the twentieth century.
His contributions to the scientific study of intelligence are the most important after the pioneering work of Charles Spearman. This statement is based on the analysis of his seminal books “The g Factor” (1998) and “Clocking the Mind: Mental chronometry and individual differences” (2006). The first one is a ‘must read’ for any psychologist who wants to fully understand the crucial role of intelligence in any human activity. For further evidence addressing his historical significance, it must be noted that Jensen has been recognized among the 50 most important psychologists of the twentieth century, ranking 47th between S. Milgram and L. J. Cronbach.
A.R. Jensen was a regular speaker at conferences and scientific meetings in the USA and in Europe. His lectures were stimulating and they always raised great interest in the audience because his views were both crystal clear and socking. He was the target of sharp criticism, but he was always willing to fruitful scientific discussions.
In 1996, Dr. Andreu Vigil and myself interviewed Jensen at the biannual ISSID meeting that took place in Ghent (the interview is published in the journal Psicothema):
Jensen came to Barcelona for ​​a meeting sponsored by the SEIDI (Spanish Society for the Study of Individual Differences) in 1999. He gave a lecture and the event was highly interesting. We had the opportunity to know the human side of A. R. Jensen, well beyond the character. He left very good feelings: we met a honest scientist, nearby, and we also discovered that he was an able and affectionate musician. Despite the negative echo associated with his name in certain forums of psychology, I think his contributions are greatly relevant and robust.
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2 comentarios sobre “Arthur R. Jensen (1923-2012). In memoriam –por Antonio Andrés Pueyo

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  1. Gracias por este interesante post. La figura de Jensen merece sobradamente espacio aquí y en otros lugares.

    Permíteme recomendar la lectura de los siguientes artículos:

    Colom, R. (2000): Algunos “mitos” de la psicología: entre la ciencia y la ideología. PSICOTHEMA, 12, 1-14.

    Colom, R. & Andrés-Pueyo, A. (2000). The study of human intelligence: a review at the turn of the century. PSYCHOLOGY IN SPAIN, 4, 167-182.

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