Inteligencia y cantidad de neuronas

En el congreso de la ISSID que se celebró en Dinamarca en 1997, Bente Pakkenberg presentó una comunicación en la que informaba de la comparación entre el número de neuronas de mujeres y varones calculado al estudiar sus cerebros postmortem. El resultado indicaba que ellos tenían, por supuesto en promedio, más neuronas que ellas. El número de personas comparadas era escaso, pero el reto fue magnífico: nada menos que ‘contar’ la cantidad de neuronas de cada uno de los cerebros de ellos y de ellas usando estereología.

Esa evidencia es congruente con lo que han señalado las recientes investigaciones basadas en la neuroimagen.

El artículo que hoy comentaremos (Is there a correlation between the number of brain cells and IQ?) considera 50 cerebros de varones, de los que se disponía de su puntuación de CI (completado al hacer el servicio militar), que se analizan postmortem para contabilizar, por ejemplo, el número de neuronas.

El rango de CI osciló entre 62 y 127, el peso de sus cerebros entre 1150 y 1860, su estatura entre 167 y 190, su peso entre 46 y 107, y la edad de fallecimiento entre 20 y 52 años.

El resultado principal señala que las puntuaciones de CI no presentan correlación apreciable con el número de neuronas (r = -0,05), los oligodendrocitos (r = 0,04), los astrocitos (r = 0,01) o la microglia de la neocorteza (r = 0,01). Tampoco correlacionan con el volumen cortical (r = -0,04), la superficie cortical (r = -0,12), o el grosor cortical (r = 0,11).

Aunque los cerebros de mayor tamaño contienen un mayor número de neuronas y más células gliales, así como una más extensa red de fibras de materia blanca en comparación con los cerebros de menor tamaño, el hecho es que ninguna de esas variables se asocia a las diferencias de CI. Eso es lo que se observa al estudiar portmortem esos cerebros.

Por tanto, si el cerebro tiene algo que decir en relación con el nivel intelectual que se valora con los test de CI, la cosa podría ser más elocuente recurriendo a determinadas propiedades de las redes cerebrales o al número de sinapsis, por ejemplo. También podría asociarse a las propiedades funcionales de los cerebros, más que a su estructura.

La ausencia de correlación observada en este estudio podría ayudar a entender por qué la diferencia de un 16% en el número de neuronas que separaba en promedio a las mujeres y varones considerados en 1997, no se tradujese en una diferencia de CI entre ellos y ellas. Esa posibilidad es congruente con alguna de la investigación hecha en neuroimagen.

¿Cómo pueden encajar los nulos resultados de esta investigación con las correlaciones estimadas del volumen cerebral, calculado a partir de imágenes MRI de los cerebros de personas vivas, y su nivel intelectual (aprox. r = 0,4)?

Quizá puede entenderse a partir de la densidad celular o la complejidad de los circuitos neuronales, el grosor de la mielina o la arborización dendrítica.

Pero también existe la posibilidad de que las estimaciones MRI sean, siendo diplomáticos, resbaladizas. En algunas investigaciones se han observado pobres correspondencias entre los registros MRI de cerebros postmortem y un análisis estereológico similar al hecho en el informe que se está comentando en este post.

Algunos ejemplos:

-. El grosor cortical fue de 3,7 mm con la MRI y de 2,3 mm con la estereología.

-. La superficie cortical fue de 1165 cm2 con la MRI y de 2134 cm2 con la estereología.

-. El volumen cerebral fue de 530 cm3 con la MRI y de 454 cm3 con la estereología.

Las discrepancias pueden deberse, señaló el equipo de científicos, a la insuficiente resolución de los registros MRI.

En una investigación en la que estamos embarcados en el momento actual, observamos discrepancias sustanciales en las estimaciones de propiedades corticales como la superficie o el grosor cortical al comparar individuos sometidos a un registro MRI. Los registros se hicieron con máquinas de resonancia gemelas y el protocolo de registro fue calcado, pero los números calculados a partir de las imágenes se vieron afectados por el lugar en el que se hizo ese registro.

No es algo que hayamos observados nosotros, sino que es algo habitual, de ahí la necesidad de aplicar protocolos de armonización que controlen el impacto del centro en el que se hacen los registros MRI.

La consecuencia de esa clase de discrepancias puede ser la necesidad de desconfiar de los números estimados. En el mejor de los casos serían una grosera aproximación. En el peor, quién sabe.

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