A qué esperas para sentirte bien (por Iñaki Ascacibar)

Cumplimos ya más de 400 días desde la declaración del estado de emergencia, y de esta anormal normalidad que arrastramos desde entonces. Debo agradecer que soy afortunado al no haber sufrido en mi círculo cercano ninguna pérdida debida a la Covid, mantener mi trabajo, y no pertenecer a uno de los colectivos esenciales que han sido los más afectados por la situación. Sin embargo, estos 400 días de incertidumbre, en los que se acumulan tantas noticias lamentables y muchas veces contradictorias, nos está afectando a muchos el ánimo y tal vez la salud mental.

Esta mañana al llegar a la oficina me ha recibido el mensaje que da título a esta entrada, y la invitación a un curso donde nos sugieren hincarle el diente a una rosquilla que pintará nuestra vida de color rosa. Y eso es preocupante, porque ¿Qué mayor prueba de que hay motivos reales para deprimirse, que esta proliferación de mensajes de auto-ayuda y motivación?

Luego me puse a pensar en qué cosas realmente esperaría para sentirme bien. Evidentemente, en el panel de Recursos Humanos no había espacio para responder esta pregunta retórica, así que decidí hacerlo en este medio.

Espero que pase la pandemia y recuperemos nuestra vida, pero no para volver a la antigua normalidad que nos ha traído hasta aquí, sino a una situación más responsable y sostenible. No recuerdo dónde leí, durante los primeros días de confinamiento, que “si la economía se está hundiendo es porque ahora consumimos sólo lo que necesitamos”, pero eso es lo que debemos hacer: consumir sólo lo necesario y conseguir que los habitantes de todo el mundo puedan hacerlo.

Quiero dejar la mascarilla en casa y poder abrazar a mi familia y amigos. Somos animales sociales, y los medios modernos de comunicación no sustituyen la relación personal y la capacidad de confortarse mutuamente ante esta situación. Algunos dirán que las nuevas generaciones si son capaces de mantener la relación virtual, pero las noticias sobre las reuniones y fiestas clandestinas realizadas durante la pandemia demuestran lo contrario.

No quiero ver en los medios de comunicación noticias dantescas sobre los miles de muertos en EEUU, Brasil o India, pero no porque esas situaciones se escondan y silencien, sino porque tengamos los medios de evitarlas y controlarlas a tiempo. Parece que nuestro estilo de vida nos aboca a recibir una pandemia por década, y si no somos capaces de evitarlo cambiando nuestra forma de vivir, al menos que tengamos la capacidad de actuar rápida y globalmente para minimizar sus efectos.

Y espero que nuestros políticos empiecen a trabajar por esa nueva sociedad y dejen de actuar sólo guiados por el interés de mantener su puesto. Y que si no son capaces de hacerlo podamos echarlos a todos a casa, porque creo que, incluso eligiendo a nuestros representantes por sorteo entre toda la población, no lo harían peor que la penosa imagen que han dado estos meses.

No sé si acabaré haciendo ese curso que asegura que la felicidad está en nuestras manos. Si miramos sólo nuestro ombligo, nos olvidamos del prójimo y del futuro de las nuevas generaciones, seguramente podamos llegar a ser felices. Puede ser una buena alternativa para no ir al psicólogo, pero desde luego lo que no haré será hincarle el diente a esa rosquilla rosa.

Un comentario sobre “A qué esperas para sentirte bien (por Iñaki Ascacibar)

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  1. Caramba, después de leer tu artículo, Iñaki, me reafirmo en lo que dice Pedro Chillón…”la verdad estaba dentro de una botella de Anis del Mono”. Algo tangible….

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