IBEROS. Emilio Herrera Linares (1879-1967)

Hace tiempo deseaba incluir a Herrera en mi selección de iberos merecedores de reconocimiento y admiración. Dos excusas sirvieron de estímulo definitivo. Un excelente documental de la 2 de RTVE y la re-edición de sus memorias en 2018 (Del aire al ‘más allá’) originalmente publicadas en inglés en 1984.

En el prólogo de esas memorias, a cargo de su nieto, Emilio Herrera Soler, puede leerse: “este hombre, que posiblemente fue uno de los científicos españoles más relevantes del siglo XX, murió olvidado (…) Armstrong, en su viaje a la luna, tuvo la gentileza de agradecer a mi abuelo por haberse inspirado en su traje espacial diseñado en 1936 para ser el primer humano en alcanzar la estratosfera, experimento que no pudo hacerse por el estallido de la guerra civil española.”

Es un deleite leer a este ingeniero, quien, desde el principio, reconoce que los sucesos de su vida siempre estuvieron tamizados por “las cualidades dominantes de su carácter.” A un psicólogo deberían atraparle estas confesiones.

Desde su infancia en Granada parece que su carrera se orientará a seguir los pasos de su antepasado, Juan Herrera, constructor del monasterio de El Escorial. Pero el destino, en forma de batalla intelectual con un profesor de química, quiso que el joven siguiera finalmente otros derroteros, obteniendo una plaza, casi accidentalmente, en la Academia de Ingenieros de Guadalajara.

En 1900 visita la Exposición Universal de Paris y disfruta del ambiente de la Belle Époque, subida a la Torre Eiffel incluida.

Son leyenda sus expediciones en globo, en las que fue destacado pionero. El comentario sobre el día de su enlace matrimonial no tiene desperdicio e ilustra el talante de este ser humano: “la boda se verificó el 7 de enero de 1909 con gran desilusión para la novia, para la que el mayor atractivo de aquel acto no era unirse conmigo, sino hacer en globo el viaje de bodas, según promesa mía que no pude cumplir porque mis compañeros me lo impidieron.”

Fue también pionero en los inicios de la aviación española. La primera escuela de pilotos estuvo formada por Kindelán, Arrillaga, Ortiz, Barrón y Herrera. Su intrépido espíritu le llevó a volar sobre el Peñón de Gibraltar en 1914 para que la bandera española se viese desde esa colonia (absurdamente) inglesa: “comprendí que el inmenso poderío del imperio británico había sufrido un rudo golpe con la aparición de la aviación.” Algo tiene esa ruda roca del estrecho porque, durante las negociaciones del reciente Brexit, un nonagenario amigo de la pérfida Albión me recordó que, sucediera lo que sucediese en el proceso, Gibraltar seguiría siendo inglés por siempre jamás. Comprendí la revoltosa conducta de don Emilio.

En 1915 viaja a Nueva York y conoce a T. A. Edison, quien le recibe en su domicilio de Orange. Aprovecha para visitar Niagara Falls y montarse en el transbordador Torres Quevedo. Narra un suceso aleccionador: “en aquellos felices tiempos, aún en plena guerra mundial, se podía viajar por todo el mundo sin pasaportes, visas, ni ningún papel.”

En 1917 presenta un proyecto de línea aérea por dirigible entre Sevilla y Buenos Aires. Es nombrado asesor técnico de la compañía Colón, encargada de materializar el proyecto, pero, oh sorpresa, se fracasa por una penosa administración, la ausencia de apoyo de las autoridades, el progreso de los aviones y los cambios políticos.

En 1923 presenta en las capitales francesa y británica el gigantesco túnel aerodinámico que diseñó para el aeródromo de Cuatro Vientos. Ese mismo año Albert Einstein es invitado por la Sociedad Matemática Española, de la que Herrera era vicepresidente, y discuten acaloradamente sobre relatividad.

En 1932 presenta su proyecto para ascender a una altitud de 25.000 metros protegido por su escafandra estratosférica. Lamentablemente, no puede materializarse por el estallido del conflicto civil en nuestro país.

Al producirse la victoria republicana del 12 de abril de 1931, el rey abdica, pero Herrera se siente comprometido con él por el juramento de fidelidad que le había hecho anteriormente. Este ingeniero no disimula su desazón por los sucesos que, tal y como él los vivió, se fueron gestando desde este momento, clandestinamente, por parte del ejército, el clero y la aristocracia, y estaban destinados a eliminar al gobierno elegido legítimamente por el pueblo. Escribe:

“La acción oculta y beligerante, absolutamente anticristiana, de gran parte de la iglesia católica española, sobre cuyos actos, una vez publicados y conocidos, aún no se ha levantado la voz de ninguna jerarquía eclesiástica para condenarlos

(…) el teniente Castillo, de Guardias de Asalto, es asesinado a tiros por los falangistas y cae muerto en los brazos de su esposa en la puerta de su casa. Uno de sus compañeros, velando su cadáver aquella noche, jura que antes del amanecer habrá quedado vengado. Otros compañeros del muerto se asocian a ese juramento y aquella misma noche el señor Calvo Sotelo, líder de la oposición contra la República, moría asesinado por los oficiales de Guardias de Asalto

(…) el Gobierno de la República, viéndose privado y atacado por los que tenía como elementos de orden, tuvo que recurrir a dar armas al pueblo, incluso abriendo las cárceles; y el pueblo, sintiéndose traicionado y burlado por el ejército y por el clero, se dedicó a hacer justicia por su mano, incluso en contra de las órdenes del Gobierno

(…) la sublevación se había convertido en una lucha a muerte entre la mayor parte del ejército, del clero y de la aristocracia contra el pueblo español republicano

(…) hasta que el Gobierno pudo organizar unas fuerzas de orden, el pueblo, atacado y traicionado, cometió multitud de asesinatos en las personas que sospechaba que pertenecían a la ‘quinta columna’

(…) a pesar de la decisión tomada por nuestra aviación de no atacar al enemigo más que en las líneas del frente, la aviación franquista continuó bombardeando nuestras ciudades civiles, hasta las más indefensas y desprovistas de todo carácter militar.”

Reconozco que las declaraciones de Herrera me sorprendieron porque se distancian de las (supuestas) evidencias reveladas por algunos historiadores. Pero pienso que su visión y sus vivencias merecen ser atendidas y evaluadas.

Herrera se exilia y decide residir en París hasta su muerte. Allí vive la invasión alemana durante la segunda guerra mundial:

“La peor impresión producida por la entrada de los alemanes en París fue la aparición de la bandera con la cruz gamada en lo alto de la torre Eiffel.”

Su familia tuvo que empezar desde cero, así que fue necesario echarle ingenio, aunque desde el Gobierno franquista intentaban boicotear sus conexiones y “sitiarme por hambre.”

Destaca el papel protagonista de excombatientes españoles, breados en la contienda civil, en la liberación de París, hecho reconocido por el Gobierno galo.

Herrera había publicado un artículo relatando su sospecha de que alemanes y aliados estaban trabajando en una bomba atómica de uranio. Al conocerse la destrucción de Hiroshima, los medios de comunicación buscaron ávidamente sus declaraciones al respecto:

“Este artículo fue traducido al inglés y publicado con sus dibujos por una revista norteamericana diciendo que era el modo de explicar más claramente la desintegración de uranio en una bomba atómica

(…) desgraciadamente fracasé en mi profecía de que la nación que primero dispusiera de una bomba atómica, haría una demostración de sus efectos en un país deshabitado para que el enemigo pudiera apreciar a lo que se exponía si no terminaba la guerra.”

Herrera hizo también cálculos para lanzar un satélite artificial, que hubiera sido el primero del mundo, desde Francia. Presentó su propuesta en la Academia de Ciencias francesa. Pero “la ciencia francesa no podía presentar como suyo el trabajo científico de un extranjero.” En más de una ocasión escuché y leí que la ciencia era una empresa internacional, que no conocía fronteras. Las pruebas son inconsistentes, desgraciadamente.

Dediquen una parte de su tiempo a este humano y comprobarán que lo merece en mucho mayor grado que las insustanciales acciones en las que solemos invertirlo. 

Y quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra, aunque nunca es tarde si la dicha es buena.

2 comentarios sobre “IBEROS. Emilio Herrera Linares (1879-1967)

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  1. Buena entrada, Roberto. Nada conocía de él. Me ha gustado su profecía, pues es un argumento que siempre he empleado para hacer ver la inmoralidad de esas dos bombas, cometido con total premeditación y alevosía: si justificación hubiera sido acabar con la guerra, hubiera bastada con arrojar la bomba a unos cicuenta kilómetros mar adentro, como dice Herrera. Pero el objetivo real era mostra capacidad destructiva frente a la Unión Soviética, y fueron dos las bombas porque había que probar dos tipos diferentes de combustible: uranio 235 y plutonio 239, más alguna diferencia en el diseño. Además, ninguna de esas dos ciudades habían sufrido un bombardeo previo, precisamente para garantizar la capacidad destructiva real. Un claro crimen contra la humanidad.
    Por cierto, moralmente no tengo claro si el bombardeo de estas dos ciudades fue más o menos inmoral que el famoso Gran Incendio: la oleada de bombardeos que provocó la brutal devastación de muchas ciudades alemanas al final de la guerra, muchas de ellas sin ningún valor militar, como Dresde (unas 40.000 victimas) o Hamburgo (unas 50.000)

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    1. Muchas gracias, F. Lo de las bombas no tiene nombre. Punto. Es lamentable cómo ese tipo de sucesos se ocultan bajo una gruesa capa de desinformación, mientras en otros nos obligan a regodearnos una y otra vez. Por cualquier medio. Salu2, R

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