Epigenética

Hace semanas reseñamos aquí la última obra de Charles Murray. Consignamos entonces que, una vez revisada la evidencia disponible, el autor concluía en un tono escéptico sobre la verdadera relevancia –y las promesas que los medios de comunicación suelen destacar de alcanzar el paraíso aquí en la tierra—de la epigenética.

Hace tiempo que le vengo dando vueltas a –y también leyendo informes sobre—la relevancia real de la epigenética para la psicología de los humanos. Recientemente cayó en mis manos una revisión, publicada en ‘Archives of Physical Medicine and Rehabilitation’, sobre las posibilidades de la epigenética para promover y dirigir el cambio físico y psicológico de los humanos.

When environment meets genetics: A clinical review of the epigenetics of pain, psychological factors, and physical activity

Permítanme comenzar por el final de ese artículo:

“El conocimiento científico sobre la epigenética dista de ser comprehensivo y son demasiadas las cosas que aún deben investigarse.

La mayor parte de la investigación disponible se ha hecho con animales no humanos y, por tanto, su traducción a los humanos aún está lejos

(…) los procesos epigenéticos constituirán siempre medidas secundarias.

La satisfacción, los valores y las mejoras auto-informadas de los pacientes siempre serán lo esencial y no deberían sustituirse por ninguna medida biológica.”

Sorprende que cerrando de ese modo, el artículo se encuentre, sin embargo, plagado de un optimismo exacerbado.

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Los mecanismos epigenéticos conectan el ambiente con el funcionamiento de los genes. Según los autores, “los cambios epigenéticos –como la metilación del ADN y la interferencia microARN—se pueden medir en humanos y se convertirán, a no mucho tardar, en importantes marcadores biológicos.”

Esos mecanismos determinan cambios en la expresión de los genes, pero no modifican la secuencia de ADN. Por tanto, pueden interferir en la expresión de proteínas y en su función sin modificar el código genético. Abrazan la tesis de que tales mecanismos se pueden heredar y se pueden modificar. Sostienen que comprender esos mecanismos permitiría adaptar los tratamientos a los distintos pacientes y valorar su impacto. Llegado el caso, se podría optar por diferentes tratamientos según el impacto previsto para cada paciente dependiendo de sus características personales.

Al detallar los tres principales mecanismos epigenéticos se refieren al artículo de revisión, publicado en 2003 por Rudolf Jaenisch & Adrian Bird. Aunque han transcurrido más de tres lustros no parece haber nada más reciente que precise ser modificado por la investigación hecha desde aquel momento.

Usan algunos ejemplos para mostrar por qué comprender los mecanismos epigenéticos puede llegar a ser clínicamente relevante: dolor, factores psicológicos como la ansiedad, y ejercicio físico.

Los pacientes con fibromialgia, por ejemplo, poseen regiones con signos de metilación en genes que controlan la reparación del ADN y la excitabilidad neuronal. Según parece, el estudio de gemelos idénticos discordantes puede revelar algunas pistas cruciales sobre esta cuestión. Aún así, reconocen que “sus diferencias de metilación explican el 6% de sus diferencias.” No parece un resultado de escándalo pero, aún así, no tienen reparo en declarar que seguir en esa línea de investigación puede revelar qué hay detrás de la vulnerabilidad al dolor.

Comentan, también, que existe evidencia de que una sola sesión de condicionamiento dirigido a incrementar el temor subjetivo a determinadas situaciones y estímulos, produce un veloz incremento de la metilación en el BDNF asociado al hipocampo:

“La exposición a situaciones estresantes puede llegar a inducir cambios epigenéticos capaces de influir sobre las futuras respuestas al estrés.”

También hay algunas pruebas que apoyan la conclusión de que el ejercicio físico intenso atenúa los procesos de metilación. El BDNF posee un crucial papel para conectar el ejercicio con el cerebro:

“La actividad física posee el mismo impacto que un buen puñado de medicamentos dirigidos a paliar distintas problemáticas.”

En suma, los autores apenas tienen dudas sobre el hecho de que los marcadores epigenéticos están a punto de revelarnos una pléyade de nuevos fármacos para paliar determinados trastornos.

Por ahora, prefiero suscribir la versión escéptica de Murray. Aunque, naturalmente, eso no significa que me cierre a la posibilidad de que, en algún momento, lleguemos a comprender esos mecanismos epigenéticos en humanos. Pero aún no estamos ahí y tampoco está claro que estemos tan cerca como proclaman los más optimistas. Mantener una actitud de cautela, aunque con la mente abierta, me parece la posición más sensata en el momento presente.

Un comentario sobre “Epigenética

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  1. Viene bien esta revisión. Es cierto que los profanos como yo podemos tener una visión más optimista sobre los efectos de la epigenética. En el estado actual, parece que ese optimismo no está justificado, si bien queda mucho por investigar

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