Psicología y coronavirus (por María Xesús Froxán Parga)

Frojan

Estamos viviendo un momento excepcional, tanto por la situación en sí, como por el desconocimiento que se tiene sobre cómo se va a salir. La psicología tiene mucho que decir cuando el comportamiento de las personas es clave para la resolución de los enormes problemas que están ocurriendo y de los que están por venir.

Lamentablemente, cuando los medios de comunicación, los Colegios de psicólogos y los propios profesionales hablan sobre la relación del coronavirus con la psicología, se centran en un único aspecto. Olvidan muchos otros que tienen al menos tanta importancia pero que, además, afectan al conjunto de la población.

Me refiero a que se está hablando continuamente del sufrimiento, que está claro que padecerán muchas personas, pero se está olvidando, por completo, el comportamiento a seguir cuando se termine el confinamiento (lo que se está denominando “desescalada”).

Al margen de que lo que suelen declarar los psicólogos en los medios son psico-obviedades (utilizando la expresión de Santiago Benjumea, excelente profesor de Psicología Experimental de la Universidad de Sevilla) que, en muchas ocasiones, hacen más daño a la credibilidad de la profesión que benefician su imagen social, considero que es en el análisis del comportamiento durante el confinamiento, y a su término, donde la psicología, como ciencia de la conducta, tendría mucho que decir. Y, sin embargo, no se está considerando en lo más mínimo.

Vamos por partes.

Estamos recibiendo continuamente información acerca del sufrimiento que está acarreando, y continuará produciendo, la pandemia. Se da por hecho que es un mal añadido al coronavirus y que nos va a afectar de manera inevitable. Los comunicados en los medios, incluso en ocasiones comunicados institucionales, advierten, e insisten, en que se nos viene encima un aluvión de problemas psicológicos. Que la población, en general, va a sufrir, sí o sí, las consecuencias psicológicas de la pandemia. Además de ser una valoración incorrecta, esa estrategia de comunicación sí que puede generar problemas graves:

-. Al margen de lo extremadamente difícil de la situación actual, y de lo que vendrá después, las personas somos capaces de adaptarnos sin “aprender” problemas clínicos, es decir, sin que nuestra forma de adaptación al contexto tenga características patológicas.

A mis estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid les pongo dos ejemplos de ello:

1.- La película “Mi vida sin mí” de Isabel Coixet y la novela “Sin destino” de Imre Kertesz (que recomiendo encarecidamente a los lectores de este blog, no solo porque ilustran de qué modo las personas se adaptan a situaciones potencialmente traumatizantes, sino porque, además, son dos excelentes obras).

2.- También les sugiero leer la novela “Todo cuanto amé” de Siri Hustvedt, a modo de ilustración de cómo ante la misma situación traumática (en este caso la pérdida de un hijo) cada uno de los padres desarrolla una forma totalmente distinta de afrontamiento.

Todo cuanto amé

-. Lejos de ayudar, insistir en que, como consecuencia de la pandemia/confinamiento, vamos a desarrollar problemas clínicos resulta altamente contraproducente.

Quienes no los desarrollan (o bien porque no sufren o porque consideran que el sufrimiento es normal) pueden concluir que son raros, enfermos o están reprimiendo algo, ya que lo “normal” es padecer algún problema post-traumático. Estamos hartos de oír que si no te deprimes después de una pérdida, es que no se ha tenido un “duelo adecuado – signifique eso lo que signifique – y que te pasará factura en un futuro.

Y los que desarrollan algún problema pueden verse igualmente perjudicados por el diagnóstico de enfermedad mental (con lo que eso conlleva de pasividad para su resolución y de consumo de psicofármacos) o “simplemente” por considerar que sus problemas son consecuencia directa de una situación sobre la que no tienen control.  Considerarán, en este segundo caso, que no pueden ser agentes del proceso de solución y que deben limitarse a ser pacientes.

-. Los problemas psicológicos están en gran parte relacionados con la situación de bienestar que facilita vivir en el primer mundo.

Cuando hay necesidades primarias (estímulos incondicionados, motivaciones primarias) no hay tiempo para desarrollar un problema clínico. Evidentemente, esto es una simplificación. No lo afronta de la misma manera quien lo tuvo todo con relativa comodidad, y ahora lo ha perdido, que aquellos que han vivido siempre en una situación de precariedad (individual y social). Pero, aun así, cuando las situaciones son difíciles o extremas (incondicionadamente) la respuesta prioritaria es sobrevivir.

-. Esto no quiere decir que no pongamos al servicio de la sociedad nuestros conocimientos y estrategias para ayudar a la población (individual y colectivamente) a salir de esta situación con el menor daño posible.

Pero, personalmente, considero que la ayuda pasa necesariamente por (a) desdramatizar las consecuencias de la pandemia/confinamiento, (b) luchar a capa y espada contra la ‘psiquiatrización’ de los problemas psicológicos y (c) difundir el discurso de que es posible enfrentarse de una manera “sana” al nuevo escenario que nos tocará vivir, por difícil y dramático que sea.

La otra cuestión que tendría que preocupar a los psicólogos, más allá de esta vertiente clínica, es la ayuda que podemos ofrecer a la sociedad. Al margen de lo comentado respecto al sufrimiento, creo que una de las mayores aportaciones que podemos hacer, como especialistas en conducta, es ayudar a cambiar con eficiencia el comportamiento de la gente.

Es de sobra conocido que saber qué hay que hacer no cambia la conducta de las personas. O, si lo decimos de una manera más técnica, dar una mera instrucción no garantiza el cambio de comportamiento.

Behavior Change

¿Qué hay que hacer, por tanto, para que las personas cambien su conducta?

Utilizar estrategias derivadas del aprendizaje asociativo para conseguir y mantener ese cambio. Esa sí sería una gran aportación de la psicología científica a la sociedad. Se insiste en que, a partir de ahora, habrá que mantener las distancias, evitar las aglomeraciones, utilizar mascarillas, lavarse continuamente las manos, o no tocarse la cara. Todo ello redundaría en un control de los contagios y en el mantenimiento de la salud. ¿Pero, cómo se puede garantizar que se haga eso?

Bajo miedo o castigo, claro que hacemos lo que sea.

Pero, afortunadamente, el miedo se disipa, y respecto al castigo se sabe que no hay cosa peor (es una forma de hablar) que las “amenazas” incumplidas. O vivimos bajo un estado dictatorial o es imposible castigar todos los incumplimientos.

Por lo tanto, habrá que enseñar a la gente a comportarse de la manera que se maximice la salud. Y ahí sí tiene mucho que decir la psicología científica. La actuación de los psicólogos ante la pandemia no tiene que centrarse exclusivamente en el sufrimiento, sino incluir también el cambio (y el mantenimiento de ese cambio) en las conductas cotidianas. En caso contrario, en otoño, sino antes, tendremos nuevos contagios incontrolables. Considero que buscar y ofrecer estrategias para el cambio de conducta es una parte fundamental de nuestra potencial aportación a la sociedad.

En definitiva, la ciencia psicológica podría contribuir al éxito en la resolución de los problemas originados por la pandemia con tres tipos de acciones:

1.- En primer lugar, y fundamental, frenando la patologización de las consecuencias del confinamiento que se está practicando, tanto desde los medios de comunicación, como desde las instituciones oficiales.

2.- En segundo lugar, proporcionando a las instituciones responsables directrices para la difusión de (a) estrategias de adaptación sanas a dicho confinamiento y (b) preventivas de posibles trastornos psicopatológicos.

3.- Y, en tercer lugar, proponiendo estrategias para el mantenimiento del cambio en las conductas individuales que favorezcan la salud e impidan la propagación del virus una vez que comience la desescalada.

6 comentarios sobre “Psicología y coronavirus (por María Xesús Froxán Parga)

Agrega el tuyo

  1. Es una perspectiva más amplia sobre la situación que acontece y muy significativa la frase que dice que dependiendo del contexto social o de su forma de vida, en el caso del paralelismo: primer mundo y en desarrollo, la conducta será distinta para la adaptación!
    Agradezco su aporte, es muy significativo a mí parecer.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: