Human diversity

Charles Murray publica este ensayo para intentar demostrarle a los científicos sociales que mirar de frente a los avances en biología mejorará su comprensión de los fenómenos que estudian. Lamentablemente propenden a rechazar esa perspectiva porque pone en entredicho el supuesto de que el género, la raza o la clase social son meros constructos sociales. Confiesa el autor que se adentrará en ese pantanoso terreno porque él es “inmune a los castigos a los que se expondría un joven académico (…) espero que al terminar de leer se entienda que no hay ningún monstruo en el armario, ninguna terrorífica puerta que se deba evitar abrir.” Probablemente la esperanza es vana porque muchos son los intereses creados.

Human diversity

Hay diez propuestas sobre las que gira su ensayo y que, según él, son indiscutibles porque la evidencia las avala (téngase en cuenta que ‘evidence’ y ‘proof’ no son la misma cosa). Avisa de que esas propuestas pueden llegar a ser tergiversadas por quienes se ensañarán con su texto, por lo que recomienda encarecidamente prestar atención a los detalles:

1.- Las diferencias de sexo en personalidad son consistentes en distintos lugares del planeta y se acrecientan en culturas socialmente más igualitarias.

2.- En promedio, y en distintos lugares del globo, las mujeres presentan una ventaja en capacidad verbal y cognición social, mientras que los varones presentan una ventaja en capacidad visuoespacial y en los extremos de capacidad matemática.

3.- En promedio, y a lo largo y ancho del planeta, las mujeres se sienten más atraídas por las vocaciones centradas en las personas, mientras que los varones se sienten más atraídos por las vocaciones centradas en las cosas.

4.- Muchas de las diferencias de sexo en el cerebro se encuentran coordinadas con las diferencias de sexo en personalidad, capacidades y conducta social.

5.- Las poblaciones humanas pueden distinguirse genéticamente de un modo que se corresponde con la raza y la etnicidad autoinformada.

6.- Las presiones evolucionistas desde que los humanos abandonaron África han sido abundantes y generalmente locales.

7.- Las diferencias poblacionales a nivel continental en variantes genéticas asociadas a la personalidad, las capacidades y la conducta social son frecuentes.

8.- El ambiente compartido suele tener un escaso papel al explicar la personalidad, las capacidades y la conducta social.

9.- La estructura de clases sociales se cimenta de modo relevante sobre diferencias en capacidades que se encuentran influidas por la genética de modo sustancial.

10.- Las intervenciones sociales dirigidas a cambiar la personalidad, las capacidades y la conducta social poseen un efecto limitado.

Se apresura a subrayar la siguiente idea: “rechazo las declaraciones de que los grupos de personas, se basen en el sexo, la raza o la clase social, puedan ordenarse de superior a inferior. Rechazo las declaraciones de que las diferencias que separan a los grupos tengan alguna relevancia para cuantificar la dignidad humana.”

El ensayo se divide en cuatro partes: (1) el género es un constructo social, (2) la raza es un constructo social, (3) la clase social depende de los privilegios, y (4) mirando hacia delante. Además, hay tres apéndices (estadística para gente que piensa que no puede entender la estadística, el dimorfismo sexual en humanos, y diferencias de sexo en volumen cerebral y varianza) así como un buen puñado de páginas con notas que expanden ideas consignadas en el texto principal.

Una de las cuestiones esenciales que el autor introduce en la primera parte (proposiciones 1 a 4) es cómo interpretar las semejanzas y diferencias al comparar poblaciones o grupos. Rechaza la perspectiva de considerar por separado las distintas dimensiones psicológicas y apoya una visión de perfiles: la información debe combinarse en lugar de promediarse, siempre que las dimensiones se encuentren conceptualmente relacionadas. Por tanto, las semejanzas y diferencias poseen un carácter multidimensional. En igual medida que distinguimos inequívocamente un rosto femenino de uno masculino combinando un numeroso grupo de pequeños detalles morfológicos, diferenciamos fácilmente a una mujer de un varón, por ejemplo, al combinar dimensiones psicológicas relacionadas.

Imagen 1

Explora una generosa cantidad de datos sobre personalidad, capacidades y conducta social en mujeres y varones que conviene revisar con cuidado antes de extraer opiniones. La evidencia le lleva a hacer apreciaciones como las siguientes:

-. ¿Dónde está escrito que sea mejor perseguir carreras STEM que otro tipo de carreras?

-. Si individuos matemáticamente dotados eligen carreras que no tienen nada que ver con las STEM, el modo adecuado de interpretar el hecho es como una contribución a la sociedad, no como una pérdida de talento.

-. ¿Dónde está escrito que invertir años en los que se trabaja 80 horas semanales siete días a la semana, sea más enriquecedor o divertido que combinar una carrera menos intensa con una más rica vida familiar? “Si te sientes tentado a argumentar que se embaucó a las mujeres que optaron por lo segundo para que aceptasen el papel tradicional femenino, puedes meterte en un pantanoso terreno: es bastante probable que las mujeres que llegaron por sí mismas a esa conclusión sean bastante más inteligentes que tu.”

La primera parte se cierra con una serie de interpretaciones personales a partir de la evidencia descrita:

1.- Mujeres y varones son muy diferentes, pero también presentan semejanzas.

2.- Sus diferencias genéticas contribuyen a sus diferencias psicológicas.

3.- Es ridículo hablar de superior e inferior.

4.- Merece la pena celebrar, en lugar de condenar, esas diferencias.

Human diversity - Sex

La meta en la parte segunda (proposiciones 5 a 7) es exponer la evidencia consistente con la expectativa de que las diferencias fenotípicas que separan a las razas en personalidad, capacidades y conducta social se encuentren, en parte, influidas por factores genéticos. Para evitar equívocos (“tenemos ante nosotros el objetivo de modificar nuestro entendimiento sobre la raza, no de resucitar concepciones del siglo XIX”) se usará los términos ancestralidad o población (“la ancestralidad genética es fluida y dinámica”). El análisis de marcadores genéticos que se lleva haciendo desde hace aproximadamente dos décadas, permite concluir que la diferenciación genética que separa a las poblaciones continentales forma parte del proceso asociado a la colonización del planeta desde que el sapiens abandonó África.

Al igual que ya no se duda de la relevancia de la denominada estratificación poblacional en medicina, se dejará de dudar a no mucho tardar sobre su relevancia para comprender los fenotipos psicológicos (“la idea de que los genetistas podían ignorar las diferencias poblacionales de carácter ancestral siempre fue implausible, pero ahora se considera demencial”).

Murray subraya que no defiende la idea de que las diferencias genéticas que separan a las poblaciones sean causa de sus diferencias psicológicas: “es esencialmente erróneo pensar en el estudio de las diferencias poblacionales de carácter genético como un ejercicio dirigido a ordenar a las poblaciones de mejor a peor. Las preguntas a explorar son mucho más interesantes, complejas y potencialmente enriquecedoras que eso.”

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Aquí van sus conclusiones personales sobre la evidencia discutida en la segunda parte (recuérdese que ‘evidencia’ y ‘prueba’ no son intercambiables):

1.- La evolución humana no solamente se produce siguiendo el ritmo milenario de las mutaciones aleatorias. A veces, los cambios se producen a mayor velocidad en respuestas a las presiones del ambiente. Y esos ambientes pueden corresponder a áreas geográficas bastante delimitadas.

2.- Los humanos del planeta son similares en lo básico y diferentes en los detalles: “conectamos mediante lo básico, pero también vivimos con, y a menudo disfrutamos de, las diferencias.”

3.- Ninguna población humana está libre de problemas, ni disfruta de todas las virtudes.

4.- “El 90% de los homicidios son cometidos por varones. Si podemos vivir con una diferencia poblacional de ese calibre en un rasgo psicológico tan importante, podremos vivir fácilmente con las pequeñas diferencias genéticas que separan a las poblaciones continentales.”

La tercera parte (proposiciones 8 a 10) defiende que la clase social depende de la lotería genética, del carácter, de la determinación, del trabajo duro, y de determinadas circunstancias personales. Hay dos factores esenciales para entender la perspectiva del autor:

1.- La tecnología, la economía y el sistema legal se han complicado, lo que ha contribuido a incrementar la importancia de la capacidad intelectual.

2.- En la segunda parte del siglo XX el sistema educativo ha favorecido el acceso y el éxito a quienes poseen un mayor talento, sea cual sea su background social. Murray describió detalladamente este proceso en ‘Coming Apart’.

Admite que “el racismo y el sexismo aún poseen algún papel al entender quién ocupa las mejores posiciones en nuestra sociedad, pero su papel no es decisivo (siempre que las personas que compiten) tengan la misma capacidad intelectual.”

Recurre al hecho sobradamente conocido de que los factores personales, incluyendo los genéticos, incrementan su relevancia en sociedades más igualitarias. Y critica la perspectiva convencional de que el modo en el que los padres crían a sus retoños produce una enorme diferencia en sus logros sociales. Acepta que el ambiente en el que crece el niño es relevante, pero no por causas que los padres puedan controlar. Judy Harris y Steven Pinker se encargaron de exponer para el gran público el escaso papel de los padres, más allá de su parentesco genético. Aún así, Murray consigna tres cualificaciones:

1.- Se usa el término ‘explicar’ en un sentido estadístico, no de un modo expresamente causal.

2.- Los padres pueden producir un efecto pernicioso en casos extremos.

3.- El papel limitado del ambiente familiar no se aplica a los resultados vitales directamente determinados por los recursos económicos de la familia: “si tienes dinero puedes dárselo a tus retoños, independientemente de cuáles sean sus personalidades, sus capacidades y sus conductas sociales (pero eso) no cambiará sus personalidades, sus capacidades y sus conductas sociales.”

Imagen 6

Antes de que cunda el pánico se apresura a señalar que la mayor parte de la varianza del éxito en la vida no se explica ni por la naturaleza ni por la crianza: “la moraleja para pensar sobre nuestro futuro como individuos es que no vivimos en un mundo determinista gobernado por los genes o por el background social, ni, por descontado, por nuestra ancestralidad o nuestro sexo. Pero la proposición 9 se refiere a clases sociales, no a individuos (…) el papel de los genes es importante para modelar la estructura de clases.”

Desde esa perspectiva, el factor general de inteligencia (g) es relevante porque la vida es un test de inteligencia y un mayor g reduce el número de respuestas erróneas en una variedad de situaciones cotidianas. Es importante percatarse de que “nadie logra un CI de 130 por mucho que se esfuerce. El mérito no tiene nada que ver.” Aún así, el impacto de g suele pasar desapercibido porque la gente se relaciona con individuos dentro de su rango intelectual.

Aborda con entusiasmo uno de sus temas favoritos: las medidas de nivel socioeconómico (SES) no valoran solamente el ambiente en el que crece el niño, sino que también mide el talento de los padres que está detrás de su propio SES. Y ese talento se encuentra influido por los genes: “cuanto mayor es el nivel educativo y los ingresos de los padres, mayor es el desempeño intelectual de sus niños. ¿Hasta qué punto es causal esta relación? ¿Hasta qué punto refleja la incómoda posibilidad de que los padres más inteligentes logren un mayor SES y tengan niños más inteligentes?”

Un profesor puede inspirar a un chaval en la escuela y cambiar su trayectoria vital de modo sustantivo. Pero, comenta Murray, la proposición 10 no se dirige al éxito individual, sino a la pregunta de si se puede cambiar en general a la gente mediante ingeniería social. Aunque es escéptico, reconoce que si se encuentra algún modo de lograrlo será eficiente durante el periodo de la infancia.

También se mete en el jardín de la epigenética para concluir que hay una desconexión entre lo que subrayan los medios y lo que realmente sabe la ciencia: “ningún epigenetista serio defendería actualmente la noción de que estamos a punto de entender cómo activar o desactivar los genes, y, por tanto, modificar los rasgos conductuales de niños en desventaja (o de cualquiera) (…) la creencia popular de que los factores ambientales pueden alterar de modo usual y permanente la expresión genética en humanos, que esas alteraciones son reversibles y que sus efectos pueden pasar a la siguiente generación, es errónea.”

epigenetics

Eso no significa que no se pueda llegar a descubrir un modo de modificar el genoma a gran escala y convertir en obsoleta la proposición 10. Pero, por ahora, no parece que eso sea viable.

Aquí va su interpretación personal sobre la evidencia descrita en la parte tercera:

Las sociedades avanzadas han sustituido una versión de injusticia por otra. Esa nueva forma se basa en el hecho de que el talento es en gran medida una cuestión de suerte y los pocos que poseen un talento inusualmente elevado son quienes escalan a las posiciones de privilegio social gracias a la suerte que tuvieron en la lotería genética. Eso si, “como individuos, la mayor parte de nuestra vida no está determinada genéticamente, excepto en casos extremos.”

En la última parte confiesa Murray que la obra de E. O. Wilson (Consilience: The Unity of Knowledge) inspiró su propio ensayo. ¿Por qué? Porque “al final del día, la mayor parte de las ciencias sociales descansa en la biología.” Considera que encontrar respuestas a la pregunta sobre la contribución de los factores genéticos y no-genéticos a las diferencias psicológicas es esencial para las ciencias sociales. Y, desde esa perspectiva, la revolución de la genética molecular tendrá un efecto devastador para quienes sigan ignorando la relevancia potencial de los factores genéticos sobre los fenómenos que estudia.

E O Wilson

Contrasta las perspectivas de Robert Plomin y Eric Turkheimer: “con respecto a la naturaleza, la crianza y los rasgos fenotípicos complejos, sus concepciones parecen provenir de distintos planetas.” Ya revisamos en este foro la perspectiva del primero. Los comentarios críticos a ‘Human diversity’ del segundo se pueden encontrar en su site. La confianza de Murray y Plomin en las puntuaciones poligenéticas es sacudida por Turkheimer: “las explicaciones causales de las complejas diferencias que separan a los humanos no se encuentran en genes o en ambientes específicos, al igual que las explicaciones sobre la tectónica de placas no se encuentran en la composición química de rocas individuales.”

Esa clase de apreciaciones no altera el pulso de nuestro autor: “en mi campo, la ciencia social aplicada, la validez predictiva triunfa sobre los mecanismos causales (…) se interesa por explicar la suficiente varianza como para llegar a declaraciones probablemente útiles (…) Mi predicción es que, en 2030, cuando se pueda disponer fácilmente de enormes bases de datos con información genética, se considerará una mala praxis hacer un análisis en las ciencias sociales que ignore esa información genética (…) la pregunta ‘¿por qué no tuviste en cuenta los factores genéticos?’ será universal y la respuesta no será fácil.”

Murray tiene claro que incorporar a las ciencias sociales la información genética que se va acumulando transformará radicalmente el campo.

Sex is not a social construct

En el capítulo 15 decide ir más allá de los datos antes de despedirse. Lo que en esencia defiende el autor es que se puede respetar la naturaleza humana sin atentar contra la esencia de las políticas conservadoras o liberales (“la creencia en las restricciones y límites de la capacidad del gobierno para cambiar a la gente es conservadora. La creencia en la posibilidad ilimitada para cambiar a la gente mediante las políticas adecuadas es liberal”).

Se atreve a hacer una provocadora conjetura a la que denomina Murray’s Conjecture: “si una diferencia se debe al ambiente, será fácil de demostrar; pero cuando sea difícil de demostrar, entonces deberá concluirse que el papel del ambiente es menor.” Eso si, esa conjetura es aplicable a los rasgos de la personalidad y a las capacidades cognitivas, aunque es bastante menos apropiada para una variedad de conductas sociales.

Divide los factores del ambiente en casualidad (happenstance), entorno (milieu) y ambiente manipulable.

El papel del azar es enorme en el día a día, en un elevado número de detalles, pero puede ser menos relevante para entender la clase de persona que somos, nuestra arquitectura psicológica esencial. En cuanto al entorno, está claro que el mundo en el que nos ha tocado vivir es relevante. Es algo fascinante a estudiar porque es complejo comprender la mecánica de los cambios culturales que indudablemente influyen en nuestro mindset. Finalmente, en cuanto a los intentos dirigidos a cambiar a la gente, hay que admitir que se sabe cómo hacerlo siempre que esa gente esté realmente dispuesta y se esfuerce: “¿es posible estimular el interés por las matemáticas en una clase de un colegio ubicado en un vecindario socialmente deprivado? Por supuesto. Fui testigo presencial de ese hecho. Pero, ¿tengo la más remota idea de cómo lograr eso a gran escala? No.”

Murray sospecha que la dificultad para estabilizar los cambios temporales que se sabe cómo lograr, puede explicarse por la fuerza de gravedad que se materializa en la naturaleza de cada uno de los individuos. Cuando se abandona la supervisión externa, las aguas vuelven a su cauce. Algo similar a lo que se narra en este post.

El autor considera que deberíamos aprender a hablar sobre las diferencias humanas abiertamente y de un modo realista. Critica abiertamente a las élites actuales por su tendencia a imponer a los demás su peculiar visión: “ser un cirujano es mejor que ser un vendedor de seguros, ser un ejecutivo de una empresa tecnológica es mejor que ser ama de casa, y un vecindario con gente de alto nivel educativo es mejor que un vecindario con gente de nivel educativo básico (pero) no debería existir ninguna conexión entre este tipo de cosas y el valor humano.”

Human differences

No desvelaré el resto de reflexiones del autor en las páginas finales de ‘Human diversity’ porque pienso que vale la pena que lo descubra usted por sí mismo. Puede limitarse a leer comentarios críticos, pero se perderá, a sabiendas, bastantes cosas sobre las que algunos creemos que merece la pena permitirse reflexionar neutralmente. Consignaré, no obstante, las palabras que clausuran su texto:

“Necesitamos una política renovada que acepte las diferencias y que tenga en cuenta cómo es la gente de carne y hueso, no cómo les gustaría a algunos que fuese. Espero que este libro contribuya a ese cambio.”

Me resulta imposible cerrar este post sin comentar la enorme tristeza que me produce que Murray tenga que escribir lo siguiente en los agradecimientos:

“Soy un personaje controvertido. Lo último que necesita un genetista o un neurocientífico que desarrolle su actividad en una universidad es que yo le agradezca públicamente algo (…) por eso no voy a dar ningún nombre de los muchos que respondieron a mis preguntas (ni de los muchos no lo hicieron) y con los que estoy en deuda.”

¿Realmente deseamos vivir en una sociedad en la que uno de sus ciudadanos tenga que decir lo que acaban ustedes de leer?

 

4 comentarios sobre “Human diversity

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  1. Gracias por la reseña.

    Me gustó especialmente el remate: “¿Realmente deseamos vivir en una sociedad en la que uno de sus ciudadanos tenga que decir lo que acaban ustedes de leer?”

    La pretendida polémica sobre estos temas surge de la idea (por parte de los que se oponen a Murray) de que la sola posibilidad de que no seamos todos genéticamente iguales puede dar lugar a la “justificación científica” del machismo y del racismo, con la consecuente discriminación de ciertos grupos. Lo que olvidan es que las diferencias son en promedio y que hay una gran superposición entre las curvas de campana de cada grupo, sea cual sea la característica psicológica o cognitiva de que se trate, y además—y esto es lo más importante—todos compartimos la misma esencia humana de seres pensantes y conscientes, y esto es suficiente para que todos tengamos iguales derechos. Y en todo caso, si estimamos necesario sopesar la valía de nuestros semejantes, más valdría hacerlo en función de sus cualidades morales, y no, digamos, de su habilidad para “hacer rotar mentalmente objetos en el espacio”.

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  2. La diversidad está en la base de la evolución de cada especie. Y si no fuéramos diferentes, dentro d3 la misma especie, ésa no evolucionaría. Somos diferentes, física y psicológicamente, pero hemos de ser iguales ante la ley. La existencia de diferencias psicológicas entre los seres humanos, nunca puede justificar a los que desean discriminar a una parte de los seres humanos.
    El final del libro es tristísimo. Estos tribunales de lo políticamente correcto difieren poco de los de la inquisición. El pensamiento no puede Tomar asiento, bien por Ch. Murray, sin que coincida en todos sus argumentos pero alabo su valentía.

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  3. Me ha parecido muy interesante….mucho.

    Voy a buscar a ver si el libro está traducido en español porque con mi nivel de inglés soy incapaz leer un libro así con la capacidad de comprensión lectora que necesita. 

    Indudablemente, el tema de la genética y su influencia en nuestro fenotipo y comportamiento cómo poco requiere de una atención “abierta” y reflexiva, son aguas muy “pantanosas” intelectualmente hablando….es muy casual que justamente hace unos dias, leí un artículo:“La brecha de género de la empatía: es hora de que la psicología pase a la acción” por Proyecto Karnayna https://link.medium.com/jeJJJ0rR56

    Tras leerlo, tuve una serie de pensamientos, muy a nivel “usuario”: 

    Hace tiempo qué observo niños y niñas criados por padres y madres (a ver si lo expreso bien) que intentan no presuponer lo que socialmente se ha considerado que su sexo ha de preferir 

    Y…esto es una opinión mia, con mis sesgos, sin paper que lo avale, generalizando, comentado con esos padres y madres…parece que hay una tendencia a que niños y niñas jueguen a juegos y con juegos que tradicionalmente se han asignado por sexos….

    Y sí, teniendo en cuenta qué aparte de padre y madre, hay abuelos, abuelas, guarderías, personal docente, televisión, móviles…. Genética?, ambiente?…..

    Pues bueno, un artículo y un libro para tener la explicación a ello de una visión de las posibles… no se si hay algún nexo, corriente o movimiento (que yo desconozca) que esté uniendo sin que pretenda hacerse de manifiesto, estas posiciones, creo que cercanas y que se alinean en una posición parecida.

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