Lunes al Sol (28). Mientras dure la Guerra

 

Lunes al Sol

Pude ver la última película dirigida por Alejandro Amenábar y me resultó interesantísima. Me cuesta comprender las terribles críticas que escuché por ahí.

El uso de la figura de Unamuno como hilo conductor de la historia narrada es una estrategia sensacional para revelar los truculentos sucesos que supusieron el origen de la contienda bélica cuyas secuelas son desgraciadamente aún evidentes.

Para cotejar la fiabilidad de los detalles consulté el texto del historiador Stanley G. Payne (En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negras) que fue Premio Espasa en 2017.

El capítulo 8 (El camino al 18 de julio) incluye el material que buscaba.

Especialmente interesantes son los 7 meses previos a que se desatasen las hostilidades.

Revisa el autor la quema de conventos en el 31, las tres oleadas de ataques anarquistas que se produjeron en el 32 y el 33, la tímida sublevación militar del 32, el intento de imponer un socialismo revolucionario en el 34, o la “exigencia” de los partidos de izquierdas dirigidas a anular los resultados de las primeras elecciones democráticas de la historia del país.

El presidente de la república “marcó el primer hito decisivo en el camino al 18 de julio cuando, en diciembre de 1935, vetó la formación de un gobierno con mayoría parlamentaria –pese a que existía esa mayoría—y, un mes más tarde, puso fin a aquellas primeras cortes democráticas disolviendo el parlamento cuando aún le quedaban dos años de vida”.

Se puso en marcha un proceso para ilegalizar a las organizaciones del bando de la derecha. Quienes viajaban en ese barco, capitaneados por Azaña y Casares Quiroga, llegaron a amañar elecciones para favorecer sus intereses partidistas. Usaron con entusiasmo la censura y tuvieron un papel relevante en el secuestro de Calvo Sotelo. Sustituyeron a jueces imparciales por quienes manifestaban ostensibles inclinaciones hacia su orientación.

Según recoge Payne en su obra, el PSOE buscaba provocar activamente a los militares para que se sublevaran “y resolver la crisis subsiguiente con una huelga general que les permitiera hacerse con el control del gobierno republicano de un modo semilegal”. Aunque la derecha estaba dispuesta a negociar, y, de hecho, hizo visibles concesiones para demostrarlo, “el gobierno afirmó con contundencia que rechazaba el diálogo y esperaba la sumisión total de las derechas”.

¿Y los militares?

También a este respecto es claro Payne: los mandos con peso específico no tenían la mínima intención de movilizarse en contra del gobierno. Solamente 1 de cada 10 mostraba alguna predisposición, y, por supuesto, Franco no estaba en ese grupo.

Unamuno-Amenábar

Supuso un cambio, no obstante, el secuestro y asesinato de Calvo Sotelo el 12 de julio del 36: “fue asesinado por un escuadrón ilegal de guardias de asalto y cuatro milicianos del partido socialista (…) fue uno de los socialistas quien asesinó al jefe monárquico de un tiro en la nuca, al estilo soviético”.

Casares Quiroga adoptó medidas contrarias a lo que hubiera sido una lógica investigación del caso, llegando incluso a ordenar la detención de miembros de la derecha para alimentar la sospecha de que se había tratado de una especie de operación de bandera falsa. Según Payne, el ministro buscaba provocar la sublevación para “aplastarla”. Se equivocó gravemente.

Si se hubiera mantenido la democracia constitucional, nunca se habría producido una sublevación de importancia.

Es una paradoja que el general Franco, que no creía en la democracia, reclamase la conservación y el respeto de la constitución democrática

(…) en muchos países no se hubiese tolerado ni la mitad de lo que se estaba soportando desde hacía meses en España

(…) antes del 18 de julio, las izquierdas erosionaron la democracia por medio de un proceso revolucionario de desgaste constante que duró cinco meses, pero, a su vez, la contrarrevolución creó un radicalismo de oposición igualmente violento y mantuvo un gobierno autoritario durante cuatro décadas”.

Una de las escenas más iluminadoras de la película del director español transcurre en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, con motivo de la celebración del día de la raza (o algo por el estilo). Intervinieron varias personas de renombre para ensalzar las virtudes del pueblo español. Está presente en el acto académico la esposa de Franco, admiradora de Unamuno.

El intelectual no tenía pensado intervenir, pero se decide a hablar porque no es capaz de soportar las estupideces que se estaban diciendo dentro del espacio que él calificaba de ‘templo de la inteligencia’. Como sumo sacerdote se vio en la obligación de actuar.

El fundador de la legión, José Millán-Astray, también se encontraba en la sala y, según parece, le increpó en medio de su intervención:

“¡Mueran los intelectuales!

¡Muera la inteligencia!

¡Viva la muerte!

A don Miguel le resultaba contradictorio eso de Viva la Muerte, y así lo hizo notar, lo que contribuyó a exacerbar los ánimos de los proclives asistentes.

Vencer no es convencer, porque eso requiere persuadir” declaró el rector vitalicio de la Universidad de Salamanca.

Carmen Polo - Unamuno

La tensión emocional subió por momentos y solamente la intervención de Carmen Polo, con la (sorprendente) ayuda de Millán-Astray, permitió que el candidato a Premio Nobel saliera ileso del encuentro. Abandonó la sala cogido literalmente de la mano de la esposa del futuro caudillo.

Es un momento mágico de la película que, a mi juicio, demuestra lo complejo que resulta identificar inequívocamente a los buenos y a los malos. Tan difícil que es probable que no solamente carezca de sentido racional, sino que también contribuya a impedir que las heridas abiertas puedan cicatrizar definitivamente.

Por ahora no parece posible, pero quizá debamos obligarnos a evitar que las emociones nublen nuestra capacidad de raciocinio, así como a no permitir que algunas mentes preclaras usen nuestras propensiones emocionales para alcanzar sus cuidadosamente planificadas y a menudo perversas metas.

Sentir está muy bien, pero entraña peligros que pueden acarrear graves consecuencias. Pensar puede conducir a un razonamiento equivocado, sin duda, pero cuando se tinta de emoción esa posibilidad crece exponencialmente.

Optemos cuando seamos persuadidos, no cuando seamos vencidos.

Busquemos persuadir, no vencer.

Y admitamos que, por pura estadística, es imposible que siempre tengamos razón.

4 comentarios sobre “Lunes al Sol (28). Mientras dure la Guerra

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  1. Coincido en que la película es buena. Como puedes imaginar, no estoy muy de acuerdo con la versión de los años previos. Payne tiene un sesgo claro a la derecha y desde las izquierdas se cuenta otra historia, también apoyada en datos rigurosos. Mi primer libro, creo recordar, se tituló Colectivizaciones obreras y campesinas en la Revolución Española, y en él daba una explicación distinta del enorme fracaso colectivo que fue la II República (con sesgo proanarquista, claro). La responsabilidad de la derecha y de la Iglesia Católica en aquel desastre es clara, como lo es la de las izquierdas y los anarquistas, y los nacionalistas vascos y catalanes. Por cierto, guerras civiles sangrientas en aquellos años las hubo en varios países de Europa: Austria, Alemania, Italia, Francia, Portugal, Finlandia… Y para remate o gran traca final, la gran guerra civil europea con millones de muertos. Nuestro país no fue una excepción, sino un caso más con sus características peculiares. Le democracia se reinstauró en Europa manu militari de USA; en España, optaron por apoyar al régimen de Franco ya desde 1936, y decididamente en 1048 (entradas en la ONU) y 1953 (visita de Eisenhower). Nuestro plan Marshall con un peculiar pacto social se inició en los años sesenta.

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    1. Ignoraba el sesgo de Payne. ¿Hace eso que la información de su texto sea incorrecta? La responsabilidad de esa clase de desastres suele ser compartida (por mucho que pretendamos señalar a un culpable desde nuestro modelo de mundo, al que, por supuesto, solemos considerar ‘el correcto’). Eso es lo que subyace al post. Eso y que va siendo hora de pasar página con determinación. Imagino que concordamos, aunque a estas alturas tengo dudas.

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      1. Obviamente no invalida su sólida investigación. Sólo conviene tener cuidado cuando se hacen valoraciones más generales. Y en este tema, más allá del fracaso colectivo de la II República, la responsabilidad de las derechas y la Iglesia Católica es notable.

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