Lunes al Sol (22): La fiesta de la democracia

Lunes al Sol

El domingo 26 tuve mi primera experiencia en una mesa electoral.

Espero que sea la última.

Si vuelvo a ser citado pediré que me esposen y que me encierren por desacato a la autoridad (o lo que sea menester) porque me negaré a participar.

Un soleado domingo de mayo eres sacado cruelmente de tu lecho a las 7 de la mañana para constituir, a las 8 AM, una de las mesas de tu circunscripción. Tres personas humanas (presidente y dos vocales) se encargarán de desarrollar la sesuda tarea de recibir a los ciudadanos que, sujetando el DNI entre sus dientes, depositarán sobres que contienen papeletas en unas urnas que se percibe han vivido ya varias batallas con anterioridad.

El presidente lee en alto su nombre, el vocal 1 (a) localiza ese nombre en un listado, (b) canta su número y (c) subraya la fila con una temblorosa regla. El vocal 2 anota seguidamente (a manurri y en un primitivo cuaderno con hojas de calco –así es, siguen existiendo) su nombre y su orden entre los humanos que van acudiendo prestos a su mesa.

Y así durante 11 horas (entre las 9 de la mañana y las 8 de la tarde).

Cuando el colegio electoral cierra sus puertas al público, los ciudadanos que han sido capturados para la ocasión por la administración –bajo pena de ser encerrados caso de no acudir a la señalada cita para rebozarse en esa fiesta de la democracia—aún deben enfrentarse a la también exigente actividad de contar votos.

Ese recuento implicar pelearse con los sobres que los ciudadanos han introducido en las urnas, previo entusiasta lametazo para sellar el susodicho y dificultarles la tarea a nosotros los currantes, de modo que se pueda averiguar en quién han decidido depositar su confianza.

Después de 12 horas, obligar a los sufridos ciudadanos, que han debido renunciar a su día de asueto, a enfrentarse a esa actividad raya el sadismo más despiadado. Miras a uno y otro lado. Percibes cómo florecen y se van polinizando instintos asesinos de mesa en mesa.

Esos sentimientos, no obstante, son bastante distintos a los que se observan en apoderados e interventores. Los primeros se muestran aterrados ante la posibilidad de perder huecos en el ayuntamiento por los caprichos de los votantes. Los segundos gozan comunicándote, graciosamente, que aún te quedan unas cuantas horas por delante.

Sientes cómo tu rostro se transforma para reflejar una indefensa perplejidad, algo que al interventor le trae sin cuidado. Total, él tuvo la precaución de agenciarse un delicioso bocata que deglute con fruición mientras tu, para despistarte, coqueteas con la idea de haberles sellado la boca a los votantes para que mantuvieran su lengua a buen recaudo después de recoger sus papeletas e introducirlas en los sobres.

Los apoderados te empujan sin contemplaciones para acelerar el proceso y poder reportar a sus sedes, a la mayor brevedad, el resultado del recuento. El hueco en tu estomago por la ausencia de algún elemento sólido, el dolor en tus ojos por el agotamiento y la tensión cerebral por el abotargamiento, son variables irrelevantes en la ecuación de la orgía numérica.

El presidente de tu mesa hace disciplinadamente montoncitos de 10 votos por cada partido, mientras los demás cantan y anotan para asegurarse de que los recuentos cuadran. Los errores se pagan caros.

Absolutamente nadie se ha preocupado por el hecho de que estarás preso durante el equivalente a dos jornadas laborales, sin descanso, para que no pare la fiesta.

Quienes te han colocado en esa coyuntura ni se preocupan de que tengas agua. Ese es un problema que debes resolver tu solito echando mano de tu ubicuidad para (a) cobrar en domingo el cheque que se te entrega a las 6 de la tarde en concepto de dietas, (b) desdoblarte para buscar un chino en el que tengan una barra de pan y, en el mejor de los casos, un paquete de jamón serrano (olvídate del tumaca) y (c) algún líquido reparador que te aleje de la eventualidad de morir deshidratado.

Tu disociada mente fantasea con esas posibilidades de acción mientras tus manos siguen poniendo compulsivamente palitos en una hoja diseñada a tal efecto.

Regresas destrozado a la 1 de la madrugada a tu hogar-dulce-hogar (6 horas antes de que hayan transcurrido 24 horas desde que comenzaste a ducharte con democracia).

Al día siguiente odias a cualquiera que se atreva a hacerte algún comentario, aunque sea tímidamente, sobre los resultados electorales.

Skynet

Sonríes internamente, eso si, al diseñar máquinas (formato Skynet) preparadas para gobernar tu país.

Consideras, seriamente, que esa posibilidad debería materializarse sin dudar.

2 comentarios sobre “Lunes al Sol (22): La fiesta de la democracia

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  1. No sé si la queja está fundada o infundada, pero es lo que hay. Es curioso, he votado muy pocas veces, cuatro o cinco, la ultima, por ejemplo, en Abril, pero no en esta de Mayo, Y siempre he pensado que si me tocaba, iría sin problemas, aunque entiendo que es tarea pesada. Dos sugerencias: ¿cómo es que no pensaste en ese detalle de la comida? Un bocata desde casa no era mala idea. ¿Sugieres alguna alternativa? La gente considera importante votar y quiere hacerlo.

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    1. No es una queja, es una descripción emocional. No suelo pensar en la comida hasta que tengo hambre. Sugiero que quienes nos conducen a esa situación nos mimen como merecemos. Votar se puede hacer de distintos modos, sin que sea necesario someter a tortura a algunos ciudadanos.

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