Capitalismo cognitivo

En esta obra de 2018 (Cognitive capitalism. Human capital and the wellbeing of nations) el psicólogo alemán Heiner Rindermann sostiene que el desarrollo de los países depende, en buena medida, de la capacidad cognitiva de sus ciudadanos. Y, especialmente, de los ciudadanos cognitivamente más competentes (“el más veloz ganará la carrera de 100 metros lisos, pero cualquiera que pueda andar llegará a la línea de meta”).

Heiner Rindermann

Prefiere usar ‘cognitivo’ a ‘intelectual’ porque el primer término incluye facetas que, según él, no recogen los test estandarizados de inteligencia (“la capacidad de pensar –inteligencia—, el conocimiento –el registro de información relevante y verdadera—y el uso inteligente de ese conocimiento”). Considera una serie de variables relacionadas con la riqueza de los países (p. e. GDP y GNI), así como con su nivel de bienestar (p. e. estatura y esperanza de vida).

A través de una serie bastante enrevesada de modelos y análisis, que incluyen variables de la actualidad y del pasado de los países, el autor concluye que se puede identificar un factor general de bienestar nacional representado por la calidad de vida, así como por el desarrollo y la modernidad cultural, social, política, económica y tecnológica. Además, según sus cálculos, las diferencias individuales de capacidad cognitiva se pueden explicar mejor recurriendo a los factores genéticos, mientras que los factores no-genéticos explicarían los aumentos de capacidad cognitiva a través del tiempo, de generación en generación.

El hecho irrebatible que revela sus cálculos es que los países están separados por sobresalientes diferencias de capacidad cognitiva (“llegan hasta 40 puntos de CI o 300 puntos en los test de conocimientos escolares, lo que equivale a 13 años de escolarización”).

Considera que la evidencia apoya la conclusión de que las diferencias que separan a los países vienen de antaño. Existe un círculo virtuoso de modernización social y cognitiva. La inteligencia dirige psicológicamente ese desarrollo, mientras que los valores cívicos lo dirigen sociológicamente. El futuro desarrollo depende, especialmente, de las élites intelectuales (obsérvese que Heiner pasa de ‘capacidad cognitiva’ a ‘inteligencia’ –y al revés—con alegría toledana).

Vivimos en un mundo en el que todos los países tenderán a mejorar su posición, pero, según Rindermann, se puede acelerar ese proceso de mejora atendiendo a una serie de recomendaciones derivadas de su investigación:

1.- Mejorar los niveles de salud de las poblaciones recopilando y usando información fiable y válida.

2.- Los niños deben crecer en familias estables y asistir a centros en los que se estimule activamente el pensamiento (“the intelligence of others makes people smart”).

3.- Hay que adaptar la educación a las capacidades de los estudiantes y a las necesidades de la sociedad.

4.- Hay que evaluar periódicamente el nivel de aprendizaje de los escolares para que los docentes sepan a qué atenerse. Esa evaluación haría irrelevante el tipo de escuela a la que asiste el niño. Solamente contaría la competencia individual del chaval.

5.- Orientar educativamente a los niños tempranamente es más eficiente que hacerlo tardíamente. No se les exigiría demasiado a los peores estudiantes, ni demasiado poco a los mejores estudiantes (“no es la agrupación la variable clave, sino el modo en que los profesores pueden enseñar a grupos más homogéneos”).

6.- La escuela debe limitarse a transmitir contenidos.

7.- Hay que revisar las actuales políticas de bienestar porque son insostenibles. Por ejemplo, deberían potenciarse los sistemas de apoyo en lugar de los sistemas de redistribución. Además, se debería apoyar con entusiasmo a las mujeres que desean tener hijos.

8.- Los países deberían cuidar las políticas de admisión de migrantes. La sociedad receptora debería elegir a quién quiere acoger para que sea beneficioso para ella: “el derecho de residencia debería basarse en los méritos, en el nivel de competencia, en la empleabilidad y en una integración satisfactoria en la cultura receptora”.

9.- Una sociedad moderna y sostenible (a) aprecia, educa y usa el pensamiento, el conocimiento y la racionalidad; (b) respeta a los otros y valora los méritos; (c) usa eficientemente sus recursos; (d) respeta las leyes y valora que sus gobiernos sean funcionales; (e) subraya la autonomía y la libertad; (f) es realista y pragmática.

Cognitive Capitalism

Consciente de que sus conclusiones despertarán la suspicacia de los espíritus sensibles, Heiner repite, cansinamente, que eso es lo que hay, que los hechos le llevan ahí. Quien discrepe que se lo curre para contradecirle, pero él no aceptará una negativa emocional porque es irracional: “solamente cuenta la lógica, los datos y los argumentos basados en contenidos (…) los criterios políticos, ideológicos o éticos no pueden sustituir a los criterios de verdad (…) rechazar la cinta métrica no hace desaparecer las diferencias de estatura (…) una verdad diabólica es tan verdadera como una verdad angelical”.

De acuerdo, aceptemos que hay que batallar con los métodos de la ciencia. Pero, entonces, ¿qué sentido tiene recurrir a anécdotas personales, o elegir caprichosamente eventos y comentarios históricos sobre los distintos países, para, se supone, reforzar las conclusiones derivadas de los modelos formales?

Rindermann se enfanga en ese error a través de una extensa parte de su obra titulada ‘Evidencia cotidiana y sedimentos’. Pretende identificar signos de irracionalidad en la vida cotidiana de los países, ahora y en el pasado. A mi juicio, esa parte atesora un cúmulo de despropósitos que contribuyen a descafeinar su mensaje esencial. Por un lado, sus experiencias personales al visitar distintos países importan un comino. Por otro lado, es fácil detectar su flagrante desconocimiento de la historia de los países y sus sesgos personales al elegir el material. Por ejemplo, destaca que los vikingos fueron los primeros en llegar a América y minimiza el logro de la conexión del antiguo con el nuevo mundo promovido por los españoles (“el explorador español más importante, probablemente el ‘español’ más conocido, ni siquiera fue español (…) la contribución de la península ibérica a la modernidad es pequeña. España y Portugal conquistaron regiones gigantes de América, pero tuvieron éxito porque los indígenas enfermaron”). Y así sucesivamente, no provocaré más el escepticismo del lector de este post.

En suma, la modernización requiere individuos y sociedad, pensamiento y conducta, tecnología y cultura:

1.- Pensamiento: inteligencia, conocimiento y pensamiento abstracto.

2.- Personalidad: autocontrol, moderación, autonomía, autodisciplina, paz y diligencia.

3.- Tecnología: manipular la naturaleza, producir y usar de modo competente tecnologías complejas como las tecnologías de la información, la biotecnología, la logística o la medicina.

4.- Economía: división del trabajo, dominio de la complejidad administrativa, organizativa y tecnológica, así como desarrollo económico.

5.- Sociedad: diferenciación, individualización, independencia, familias nucleares más reducidas, igualdad de derechos, y regulación de conflictos civiles sin recurrir a la violencia.

6.- Política: imperio de la ley, libertad y democracia.

7.- Cultura y modelos de mundo: universalismo, ilustración, derechos humanos y racionalidad.

Rindermann 2018 - Model

Concluyendo que es gerundio.

Rindermann lo tiene claro: “la inteligencia influye en todo (…) a medida que la economía se moderniza aumenta la importancia de la capacidad cognitiva (…) la variable crucial es la capacidad de pensar, no el número de años que se permanece en el colegio (…) la modernidad tecnológica requiere una élite intelectual”.

3 comentarios sobre “Capitalismo cognitivo

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  1. Discutible libro. Aparte de las críticas que tú le haces que en gran parte cuestionan la competencia cognitiva del autor, o al menos su nivel de información, hay dos tesis generales que no me parecen correctas ni productivas. EL enfoque país no es adecuado en un momento en que los problemas que afronta la humanidad tienen una dimensión planetaria. Si cada país va a lo suyo, se va a provocar más daño que beneficio. Por otra parte, en la larga cita que incluyes deja claro un enfoque equivocado; lo que cuenta sobre todo son los criterios políticos, ideológicos y éticos, puesto que son ellos los que definen qué hacemos con esos datos que deben ser lo más fiables posible. Decir que buscamos la modernidad es no decir nada, pues todos los factores que, según el autor, definen la modernidad, necesitan ser tenidos en cuenta según la clase de mundo en el que queremos vivir. Un buen ejemplo es el título del libro, poco afortunado. Capitalismo es un concepto que habla de un modelo de producción y relaciones sociales de producción muy cuestionado, pero esa opción (que es ideológica, política y ética) no se justifica en ningún caso. Por último, un detalle en parte pequeño que necesita tu aclaración: si hay diferencias de 40 puntos de CI entre países, está hablando de una horquilla que va del 85 al 125. Es decir, que algún país está al borde de la sobredotación y otro al borde de la discapacidad cognitiva. No lo entiendo y, como quizá lo he entendido mal, espero que me lo aclares.

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    1. Discutible libro.

      Naturalmente que es discutible, pero no el libro en sí, sino lo que sostiene el autor a partir de la evidencia que presenta.

      Aparte de las críticas que tú le haces que en gran parte cuestionan la competencia cognitiva del autor, o al menos su nivel de información, hay dos tesis generales que no me parecen correctas ni productivas.

      Hombre, el autor es cognitivamente competente, pero su información es francamente mejorable y cómo usa esa competencia también lo es.

      EL enfoque país no es adecuado en un momento en que los problemas que afronta la humanidad tienen una dimensión planetaria. Si cada país va a lo suyo, se va a provocar más daño que beneficio.

      Eso no está tan claro, Félix. Por un lado, el autor no sostiene que solamente Alemania debe adoptar sus recomendaciones basadas en la evidencia que él considera que apoya la evidencia. Por otro lado, es habitual que determinados países adopten (si pueden) estrategias de aquellos otros países a los que les va bien. Como comprobarás en el post que publicaré este viernes, eso de la ‘dimensión planetaria’ exige un control racional que está bastante lejos del funcionamiento cotidiano de los humanos. Considerar los hechos, más allá de lo que es deseable, es un primer paso crucial.

      Por otra parte, en la larga cita que incluyes deja claro un enfoque equivocado; lo que cuenta sobre todo son los criterios políticos, ideológicos y éticos, puesto que son ellos los que definen qué hacemos con esos datos que deben ser lo más fiables posible. Decir que buscamos la modernidad es no decir nada, pues todos los factores que, según el autor, definen la modernidad, necesitan ser tenidos en cuenta según la clase de mundo en el que queremos vivir. Un buen ejemplo es el título del libro, poco afortunado. Capitalismo es un concepto que habla de un modelo de producción y relaciones sociales de producción muy cuestionado, pero esa opción (que es ideológica, política y ética) no se justifica en ningún caso.

      Las democracias liberales son la mejor opción con la que contamos ahora. Depurando bastantes cosas, por supuesto, pero las alternativas son claramente peores. Eso es algo que ya sabemos porque lo hemos vivido. Mírate el post en el que discuto el libro de Garicano. Pienso que argumenta razonablemente en una dirección que contradice lo que tu pareces suscribir en este comentario en concreto.

      Por último, un detalle en parte pequeño que necesita tu aclaración: si hay diferencias de 40 puntos de CI entre países, está hablando de una horquilla que va del 85 al 125. Es decir, que algún país está al borde de la sobredotación y otro al borde de la discapacidad cognitiva. No lo entiendo y, como quizá lo he entendido mal, espero que me lo aclares.

      Recuerda que las puntuaciones a nivel de país no deben interpretarse igual que a título individual. Lo relevante de ese mensaje es que hay enormes discrepancias que pueden cuantificarse según la distancia en cursos escolares. El número que le pongas es bastante secundario. Puede ser menos lioso referirse a percentiles en lugar a la escala de CI.

      Saludos y gracias por tus apreciaciones

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      1. Bien, me aclaras, en parte, las diferencias cognitivas entre países. No lo entiendo del todo, pero por el momento es suficiente. Por cierto, lograr que los países inviertan en mejoras cognitivas de la población, es como tú mismo explicaste en la conferencia del ICPIC, tarea dificil. Lo saben y no hacen gran cosa al respecto.
        También podemos estar de acuerdo en las discrepacias sobre la competencia del autor. Quizá no lo expresé muy bien, pero más o menos es lo mismo lo que los dos decimos. Estar bien informado es una exigencia cognitiva desde mi punto de vista. Y el autor tiene carencias
        Las discrepancias que parece claras y que no se pueden resolver fácilmente son dos:
        a) sé que es difícil lograr el acuerdo entre países, pero no es imposible y, sobre todo, es necesarios: el cambio climático, la nueva revolución industrial y tecnológica y la distribución de la enorme riqueza generada no se resuelve a sin una perspectiva global. Tanto las Naciones Unidas como la UE son ejemplos en la buen dirección. Tras muchos siglos de constantes guerras, muy sangrientas, los europeos llevamos setenta años sin matarnos los unos a los otros (excepción de los Balcanes y ahora Ucrania). La guerra comercial entre China y USA es el mal camino.
        b) La democracia liberal es una cosa y el capitalismo es otra, aunque ambos son opciones ideológicas, políticas y morales. La democracia liberal avanzó mucho en las libertades individuales, y a lo sumo exige libertad de emprendimiento y de mercado (insisto, a lo sumo y no está del todo claro), pero eso no es capitalismo. Y este convive muy bien con regímenes no democráticos. O fórmulas novedosas con la de China actual, un sistema comunista con capitalismo a tope. Personalmente, la democracia liberal me parece un logro muy valioso que conviene cuidar, pero quiero algo más profundo y más radical. Si lo logro, mi próximo libro se titulara De la Demo-cracia a la A-cracia. Por otra parte, en estos momentos la democracia liberal atraviesa una profunda crisis: https://en.wikipedia.org/wiki/How_Democracies_Die

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