Democracia liberal versus nacional-populismo

El economista Luis Garicano publica el ensayo ‘El contraataque liberal. Entre el vértigo tecnológico y el caos populista’ (2019, Editorial Península).

El contrataque liberal

Se pregunta por qué no ha triunfado, como se esperaba, la democracia liberal—basada en las ideas, las personas y los mercados libres—por qué se ha recaído en visiones, supuestamente superadas por la modernidad, como el nacionalismo o el populismo.

Después de escuchar su propia ponencia y su discusión en el Ateneo de Madrid con Steve Pinker, llegué a la conclusión de que pensaba que esa vuelta atrás tenía bastante que ver con el hecho de que la democracia liberal estaba perdiendo la batalla emocional frente a los nacionalismos y los populismos. Deduje que él proponía contraatacar revelando y reparando los flancos débiles emocionales. Estuvo en desacuerdo con mi deducción, así que revisé su ensayo para encontrar mi error de apreciación.

Desde el principio de ese ensayo se puede encontrar comentarios como el siguiente:

La ansiedad ante el cambio laboral y cultural se transforma en una demanda identitaria y los políticos nacional-populistas aprovechan esas demandas para alcanzar el poder”.

Se repasan algunos datos irrebatibles para demostrar la creciente prosperidad mundial. Aún así, países como Estados Unidos, Reino Unido, Polonia, Italia o Austria, así como comunidades como Cataluña, ceden a la tentación del nacionalismo populista construido sobre “líderes que no creen en el sistema de contrapoderes y controles democráticos, sino en la comunión directa entre el ‘pueblo’ y su líder (…) negando la intervención de la democracia representativa y buscando una democracia plebiscitaria, basada en el asentimiento del pueblo y los referéndums”. Esos líderes pueden destruir la Unión Europea sin contemplaciones.

La globalización y la automatización alimentan la ansiedad de quienes sienten que no podrán responder a los cambios y siguen al líder que les convence de que les protegerá de esa amenaza. Garicano sostiene que el modo de combatir esa tendencia pasa porque los gobiernos democráticos reconozcan expresamente sus errores y, seguidamente, encuentren el modo de “volver a formar a los que han visto cómo sus habilidades y conocimientos se devalúan (…) de crear las condiciones que permitan la aparición de innovadores europeos capaces de competir en la economía global con las empresas digitales chinas y estadounidenses”.

En concreto, este economista propone tres vías de acción:

1.- Combatir en el campo de batalla de las emociones y de los valores.

2.- Desarrollar un proyecto novedoso que promueva una soberanía europea.

3.- Dirigirse hacia un nuevo estado de bienestar en un mundo crecientemente automatizado.

Como psicólogo me ha interesado especialmente su propuesta para corregir el problema de las demandas del nuevo mundo tecnológico. Distingue entre empleos rutinarios y no rutinarios. Ambos pueden ser manuales o intelectuales. La distinción depende de que se puedan describir con un algoritmo, es decir, con una serie de instrucciones sobre los pasos necesarios para completarlos.

empleo rutinario

Los perfiles que, según Garicano, se verán menos amenazados por el imparable desarrollo tecnológico serán los no rutinarios, sean manuales o intelectuales: “el cambio que vemos supone una caída de la ocupación en los empleos de salarios intermedios (rutinarios) y una subida de la proporción de trabajadores, tanto en los empleos de salarios altos (no rutinarios intelectuales; ‘solamente 22.000 personas en el mundo están capacitadas para investigar en inteligencia artificial y su salario medio en DeepMind –la compañía de IA de Google—es de 345.000 dólares’) como en los empleos de salarios bajos (no rutinarios manuales)”.

En suma, la automatización destruye empleos usualmente ocupados por la clase media. La consecuencia es que “muchos segmentos de la población tendrán que adquirir nuevas habilidades”.

Es interesante el concepto ‘el ganador se lo lleva todo’. Los ejemplos de Amazon, Uber, Booking, Facebook, Microsoft o Google son evidentes: “este aumento de la concentración se está produciendo en todos los segmentos, independientemente del papel de los gobiernos o de la fuerza de las instituciones en defensa de la competencia de cada país”.

La economía es cada vez más intangible (programas informáticos, propiedad intelectual, capacidad organizativa, habilidades). Las grandes compañías absorben el capital, los salarios se estancan y se manifiestan los problemas sociales. Ese capital no revierte en la población porque las compañías hacen trampas para eludir el pago de impuestos que ayudaría a equilibrar la balanza y suavizar el periodo de transición hacia el nuevo mundo. Si un ciudadano inglés compra un libro desde su apartamento en Londres, no lo hace desde Amazon UK sino desde Amazon Luxemburgo (donde los impuestos son simbólicos). Las grandes compañías tecnológicas buscan paraísos fiscales del tercer (p. e. Islas Jersey) o del primer mundo (p. e. Suiza): “las multinacionales están alterando el origen de un 40% de sus ingresos fingiendo que esos ingresos proceden de paraísos fiscales (…) en respuesta, los países bajan los impuestos de sociedades”.

Al igual que ha denunciado Robert Reich en sus obras y documentales, Garicano sostiene, correctamente, que una democracia liberal saneada requiere una clase media saludable. Pero esa clase media es la más amenazada por los desarrollos tecnológicos. El proceso de transición está siendo y será doloroso: “lo importante es tener acceso a un sistema de capacitación de por vida que permita que todas las personas se puedan estar formando continuamente para adaptarse, cambiar y disfrutar de nuevos retos”.

Robert Reich

La globalización alimenta el temor de quienes sospechan, acertadamente, que su estatus está amenazado y abrazan, como supuesta defensa, a los líderes nacional-populistas que prometen protegerles, según la tesis de Garicano. No obstante, eso no encaja con los resultados de un estudio empírico que comenté en otro foro para el caso de Cataluña: los separatistas poseen un mayor nivel socioeconómico (cuantificado según nivel educativo y económico) que los unionistas. Síntomas similares podrían, por tanto, ser explicados por distintas causas. El nacionalismo no tiene por qué obedecer a la búsqueda de protección ante lo desconocido o supuestos peligros sobre el futuro profesional.

El autor del ensayo que estamos comentando revisa el papel de las redes sociales para intoxicar el ambiente y facilitarles el trabajo a los nacional-populistas: “Facebook, Twitter o Google venden publicidad y eso requiere que los usuarios pasemos mucho tiempo enganchados. Nuestra atención es el producto que ellos cosechan y luego venden a los anunciantes, sus verdaderos clientes. Vivimos inmersos en una burbuja de falsedades. Los algoritmos están diseñados con un solo objetivo: maximizar el impacto y la viralidad de lo que se cuelga. Nadie se pregunta si es cierto lo que dice. Simplemente le gusta y lo hace circular (…) entre Google y Facebook controlan más del 80% de la publicidad online (…) la mayor parte del debate político sucede hoy frente a las pantallas del móvil porque ahí se puede usar, vender o ceder el íntimo conocimiento que se tiene de los datos de los ciudadanos”.

¿Qué se puede hacer, entonces, para recuperar la democracia liberal, para atajar el peligro de los demagogos nacional-populistas que aprovechan los actuales momentos de debilidad?

Esos demagogos se sirven de una serie de mecanismos para destruir la democracia liberal: (1) el rechazo de las reglas basándose en que el actual sistema está amañado, (2) la consideración de quien discrepa como un enemigo del Estado que solamente ellos representan genuinamente, (3) la actitud tolerante hacia la violencia (‘asaltemos el poder establecido’), y (4) la oposición a derechos civiles, como la libertad de prensa, que pueden cuestionar su perspectiva autoritaria.

Garicano propone un rearme intelectual de las democracias liberales para combatir esos mecanismos. Eso supone reconocer (1) el por qué (la relevancia de sentimientos y emociones), (2) el cómo (el sentimiento de pertenencia a una patria), y (3) el qué (las respuestas políticas a los nuevos retos).

liberal democracy

Los proyectos políticos eficientes deben reconocer las diferentes identidades, pero también deben superarlas. Las identidades son de los ciudadanos y hay que buscar los elementos comunes que están ahí. También es necesaria una Europa fuerte basada en la presencia de tres clubs: (1) el del euro, (2) el de Schengen y (3) el de política exterior. Los países deberían poder elegir en cuáles quieren estar.

El estado de bienestar remasterizado debe resolver 4 problemas: (1) el mercado de trabajo, (2) la formación, (3) la sanidad y (4) las pensiones. Las ventajas indudables de la globalización deben repartirse para atenuar el impacto emocional que los trabajadores perciben a consecuencia del impacto tecnológico: “el proceso de sustitución de unos empleos por otros hace que muchas habilidades de los trabajadores queden obsoletas en poco tiempo (…) la pregunta, que es difícil responder para un economista (quizá necesitaríamos a un psicólogo o a un filósofo) es cómo será una sociedad en la que un porcentaje elevado de la población esté desconectada del mercado laboral (…) en un periodo de cambio tecnológico tan profundo, es crucial que los trabajadores puedan disponer del tiempo y los recursos para seguir formándose a lo largo de su vida”.

No quiero extenderme más en este post. Solamente comentaré que los problemas que señala el autor no se resolverán ignorando el hecho de que los países y comunidades son agregados de individuos, de ciudadanos. Mi lectura de su ensayo me lleva a la conclusión inescapable de que, como él mismo señala, se debe evitar comenzar la casa por el tejado. Los cimientos de cualquier sociedad son los socios y cuando una parte significativa de ellos se sienten comprensiblemente amenazados por los inevitables cambios –especialmente cuando giran alrededor de sustanciales retos cognitivos—buscan una solución por su cuenta si el sistema establecido no ofrece respuestas claras. Limitarse a decir que hay que mejorar la formación continua de los ciudadanos es comprensible, pero insuficiente e ineficiente. Hay que concretar cómo se puede alcanzar ese objetivo que, para este comentarista, es esencial si se desea tener éxito al combatir eficientemente a los nacional-populistas que persiguen la destrucción de la democracia liberal.

Me ha llamado la atención que Garicano ignore la obra de Matt Ridley (El optimista racional) así como la de Yuval Harari (Homo Deus) y opino que le aprovecharía mirarse el manifiesto de Ted Kaczynski. Tampoco le iría mal revisar una obra –publicada hace 25 años—en la que un psicólogo y un sociólogo colaboraron para avisar de la tendencia que se explora en este ensayo (The Bell Curve).

Su sospecha de que sería relevante contar con psicólogos competentes (lo sé, no es fácil encontrarlos por ahí) para mejorar la situación actual es acertada. La consideración del factor humano es verdaderamente crucial para lo que está por venir en el siglo XXI. Comprender cómo superar las limitaciones que presentarán no pocos humanos en los nuevos mercados laborales es, posiblemente, el elemento esencial del nuevo mundo que visualiza este economista. Y, no nos engañemos, esas limitaciones no son esencialmente emocionales.

4 comentarios sobre “Democracia liberal versus nacional-populismo

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  1. Un post muy estimulante. Y haciendo un ejercicio de auto-critica creo que muchos de los problemas que subyacen al mismo están relacionados con nuestro sistema educativo, si, y en concreto con la nueva pedagogía. La escuela actual se presenta como democrática por decirse al servicio de los niños intentando que todo sea fácil. Se cultivan los afectos y se deja de lado el conocimiento o la racionalidad, el esfuerzo. Se ha producido un vaciado de la enseñanza académica y se concede a nuestro jóvenes la libertad de decidir sobre temas que no conocen. Se niega y censura la selección, decimos que vamos a enseñar todo a todos, lo que en la práctica implica que no enseñamos nada a nadie.

    ¿Recuerdas la frase de Sócrates?. “El conocimiento nos hará libres”. Hay dos conceptos de libertad que están enfrentados. La “libertad de” que implica la mera ausencia de restricciones y que resulta un concepto inocuo o incluso negativo por pura falta de contenido. La ausencia de grilletes no nos garantiza una libertad real. Por el contrario, tenemos la “libertad para”, esta es la acepción positiva y real del concepto ya que viene determinada por la capacidad de los individuos para realizar determinadas operaciones. La “libertad de” hablar sin tapujos acerca de una cuestión queda en libertad ilusoria ante la falta de conocimientos concretos sin los cuales no hay “libertad para” pensar por uno mismo con un mínimo de criterio y de independencia. No es realmente libre quien sólo es libre de decir tonterías.

    Nuestras democracias adolecen de ciudadanos realmente libres, y en parte es porque nuestros modelos educativos les están negando esta libertad. La “libertad de” ser ignorantes nos hace esclavos, la “libertad para” ser cultos nos hace independientes.

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    1. Gracias por el comentario, Sergio. Dudo que sea legítimo echarle la culpa a los demás porque no sucedan cosas que nosotros podríamos hacer que sucediesen. Si somos incultos culpa nuestra es. La cultura está ahí, en una selva de conocimiento. Si no movemos la mano para coger los frutos es por exclusiva responsabilidad nuestra.

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  2. Interesante post que me evoca dos reacciones: la primera de “rabia” por no saber que Pinker estaba en Madrid y en un debate…(lástma de no saberlo…), me hubiese encantado asistir. Y la segunda, mas relacionada con el post. He leido hace poco el libro de Jonathan Haidt “La mente de los justos” y creo que la respuesta a la propuesta nacional-populista se produce porque el mensaje que distribuyen sus líderes activa nuestro “interruptor abeja” y nos convierte a los humanos (que pretendemos ser como los chimpanzes) en unas abejas clónicas… Ah! y que Garicano no haya leído a los autores que mencionas… me da para confiar menos en él… (crítico que es uno!!!)

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    1. Gracias por el comentario. Lamento que no pudieras asistir al encuentro del Ateneo. Además de ser un lugar con un encanto especial, el acto estuvo fenomenal. Hace poco comenté el estimulante texto de Haidt en este mismo foro, aunque omití las críticas que pienso se le puede hacer. Todo llegará. Finalmente, estoy totalmente de acuerdo en que a Garicano le iría bien leer esos textos que parece desconocer. Ser crítico es bastante relevante siempre que la crítica se base en algo relativamente sólido y contrastable. Saludos, Roberto

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