Lunes al Sol (18): El factor D y las elecciones del 28 de abril

Lunes al Sol

Este mes se celebran las elecciones generales que algunos ansían desde que el actual presidente se hizo cargo del patio a comienzos de junio del año pasado.

Salvo para quienes no necesitan decidir (porque su voto estuvo, está y estará claro por-los-siglos-de-los-siglos-amén) elegir papeleta, llegado el momento, supondrá haber sopesado sosegadamente las alternativas que se ofrecen.

O no.

Los criterios de elección pueden ser también emocionales, por qué no. Ya hay bastantes cosas en las que pensar como para encima tener que leerse los programas o bucear, usando nuestra presunta capacidad de razonar, en las declaraciones de los candidatos a la búsqueda de contradicciones o claros brindis al sol (el astro rey).

Voto a copito porque me cae que flipas, o me parece buena persona, o me fío de ella, o tiene carisma, o es muy alto, o tiene presencia, o es de Albacete, o etcétera”.

Sean cuáles sean los criterios que usemos para decidir qué papeleta introducir en el sobre el 28 de abril, hagámoslo. Quedarse en casa o irse a pasear por el campo en lugar de acercarse al colegio electoral a ejercer nuestro derecho, no será útil para nadie. Millones de votos en blanco transmiten un mensaje. La abstención no.

¿Y lo del factor D?

¿Qué demonios pinta en el título de este post?

De hecho, ¿eso qué es lo que es?

La lectura de un ensayo, que comentaremos en su momento, me hizo recordar que algunos psicólogos llevan tiempo explorado el lado oscuro de la personalidad humana.

Hay una serie de rasgos que delimitan ese factor D (Dark) identificado con una propensión general a maximizar la utilidad individual bajo cualquier precio, ignorando, incluso provocando, el perjuicio de los demás. El bienestar del resto de la humanidad le trae al pairo a quien posee un poderoso D. Además, dispone de las habilidades para engañar, para manipular, para llevarse el gato al agua sin que se note demasiado. Quien le escucha será convencido de que es capaz de quemarse a lo bonzo desinteresadamente para lograr que un niño no se quede sin su caramelo en el patio a la hora del recreo, siempre que eso le suponga algún beneficio personal sin que sea evidente.

Los rasgos y facetas que configuran D son (1) maquiavelismo, (2) psicopatía, (3) rencor vengativo, (4) egoísmo, (5) desvinculación moral, (6) narcisismo, (7) legitimidad autoindulgente, (8) sadismo, y (9) apetito de estatus. Aún así, son los tres primeros los que destacan por encima de los demás.

Quienes presentan altas puntuaciones en D carecen de escrúpulos para manipular descaradamente las emociones, las motivaciones y los intereses de los demás con tal de alcanzar sus objetivos. Es bastante probable encontrar abundancia de altos valores de D en políticos, especialmente en los más visibles, en esos que comparten mesa con nosotros al deglutir una deliciosa paella. A través de la TV, por supuesto. Su presencia material haría peligrar el disfrute del producto que tanto esfuerzo nos supuso.

Para que vean que la ciencia puede ser útil, incluso divertida, voy a proponerles un ejercicio.

La actividad consiste en meterse en la piel de los políticos en quienes han pensado depositar su confianza y responder a los siguientes enunciados sin salirse de esa piel durante un rato. Si tienen más de un candidato, cumplimenten el cuestionario tantas veces como pieles en las que haya que meterse.

Ahí van las instrucciones oficiales del cuestionario:

Señale en qué grado está en desacuerdo o de acuerdo con los siguientes enunciados.

La escala es 1 (muy en desacuerdo), 2 (en desacuerdo), 3 (indiferente), 4 (de acuerdo) y 5 (muy de acuerdo).

Portrait of Niccolo' Machiavelli

Aquí van los enunciados:

1.- No es prudente revelar los secretos personales.

2.- Me gusta manipular a los demás para lograr mis objetivos.

3.- La gente importante debe estar de tu lado cueste lo que cueste.

4.- Conviene evitar los conflictos directos con los demás porque pueden ser útiles más adelante.

5.- Conviene acumular datos sobre los demás por si es necesario usarlos en su contra más adelante.

6.- Hay que esperar el momento adecuado para vengarse.

7.- Hay cosas que deben guardarse bajo llave para mantener la propia reputación.

8.- Hay que asegurarse del propio beneficio en lugar de pensar en el del ajeno.

9.- Se puede manipular a la mayor parte de la gente.

10.- La gente me considera un líder natural.

11.- Odio ser el centro de atención.

12.- Las actividades en grupo son una lata si yo estoy ausente.

13.- Sé que soy especial.

14.- Me gusta conocer a gente importante.

15.- Me avergüenza que me halaguen.

16.- Me han comparado con famosos.

17.- Soy un individuo soso.

18.- Suelo reclamar el respeto que merezco.

19.- Me gusta vengarme de las decisiones que me impone la autoridad.

20.- Suelo evitar situaciones peligrosas.

21.- Hay que vengarse rápida y despiadadamente.

22.- Suelo perder el control.

23.- Puedo ser perjudicial para los demás.

24.- Quien se mete conmigo lo lamenta.

25.- Jamás tuve problemas con la ley.

26.- Me gusta el sexo casual.

27.- Haría lo que fuera para lograr lo que quiero.

Una vez haya terminado su labor dentro de la primera piel, invierta la escala para los siguientes enunciados: 11, 15, 17, 20 y 25. Es decir, si en el 11 hay una respuesta 4, debe convertirlo a 2 (con el 3 no debe hacer nada, tranquilo). Y así con los otros cuatro enunciados señalados.

Hecha la labor anterior ya se pueden sumar las puntuaciones para los 27 enunciados. El rango posible de puntuaciones será, por tanto, 27-135. Si el valor que obtuvo no está dentro de esa horquilla, tire el lápiz y repase sus conocimientos de matemáticas elementales antes de volver a intentarlo.

Imaginemos que es usted un espíritu libre y duda entre los dos Pablos que concurren a las elecciones. Métase en el pellejo de cada uno de ellos (a la vez no, relájese) y conteste a las preguntas anteriores para cada uno de ellos.

Calcule el resultado que obtuvo al tomar posesión de sus personalidad y descarte a quien presente mayores puntuaciones en D.

Si se produce un empate técnico (puede suceder, no sería la primera vez), no me pida responsabilidades y limítese a echar una moneda al aire para llegar a una decisión.

 

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