Lunes al Sol (17): Richard Lynn defenestrado

Lunes al Sol

Este científico octogenario nos envió las pasadas navidades, a un numeroso grupo de científicos, una especie de felicitación.

Al digerir su mensaje sentí una considerable irritación.

Escribía Richard en su mensaje:

Aún puedo caminar y, si me esfuerzo, puedo recorrer medio kilómetro. Sigo trabajando alrededor de seis horas al día. Me sorprende seguir por aquí cuando la mayor parte de los de mi generación, e incluso algunos de mis estudiantes, han dejado atrás sus envoltorios mortales

 (…) en febrero de 2018, el sindicato de estudiantes de la Universidad del Ulster presentó la petición de que se suspendiese mi estatus de profesor emérito. La demanda se basaba en que yo había publicado informes sobre diferencias de sexo, y sobre comparación de grupos según su origen ancestral, que podrían llegar a atentar contra las mujeres y contra determinadas minorías. En marzo, el Vicerrector me hizo saber que la Universidad había aceptado la petición del sindicato de estudiantes. Me parece que es la primera vez que se revoca su título a un profesor emérito. Por tanto, tengo el honor de ser destinatario de una singular distinción”.

Si algo caracteriza a este humano es su ácido (e incombustible) humor británico.

Carecer de pelos en la lengua tiene un precio y el señalado antes es el último (por ahora) que ha pagado este exprofesor emérito. Eso sí, solamente se castiga a algunos por mostrar visiblemente esos pelos. Otros pueden ofrecer las exuberantes melenas que brotan de sus papilas gustativas sin mayores inconvenientes. Basta con que digan lo que esperan quienes están en posesión de las teclas sociales correctas. No está claro cómo han llegado ahí, pero se han acomodado y buscan controlar obras y pensamientos, por acción y por omisión.

En esa sociedad vivimos ahora.

Richard ha sido académicamente defenestrado por las quejas de una asociación estudiantil. Las autoridades académicas ni siquiera se molestaron en comprobar que, por ejemplo, en 2017 el angelical Robert Sternberg invitó a Lynn a escribir un capítulo para un libro que iba a editar (The Nature of Human Intelligence) en el que se incluirían contribuciones de los 19 autores más citados en el campo: “en el curso de los últimos doce años, mi clasificación de las naciones por su nivel de CI ha pasado de ser técnicamente inadecuada y sin sentido a ‘mainstream’“.

Richard Lynn ISIR 2009

También el año pasado le sucedió algo similar a la socióloga Linda Gottfredson.

Fue invitada a un congreso sobre recursos humanos que se celebraría en Escandinavia. Al enterarse, cuatro de los potenciales asistentes (entre los cientos que se inscribirían) protestaron vagamente por el “historial” de esta científica. Sus brevísimos y patéticos mensajes tuvieron el poder necesario para que el comité organizador revocase la invitación que le había hecho a Linda varios meses antes.

Naturalmente, la comunidad científica elevó las oportunas protestas por esa clase de prácticas. Está por ver si se desfacerá el desafortunado entuerto.

Así están las cosas.

Eso de permitir, o incluso promover, que algunos nos inviten a mirar más allá de nuestra zona de confort, es una práctica que se está censurando ahora con renovado entusiasmo.

Solamente se le debe dar voz a quien reafirme lo que ya pensamos porque estamos convencidos de que es lo correcto, de que la verdad está en nuestros bolsillos. Y como lo pensamos nosotros, también deben seguir esa estela los demás mortales. Se les debe sacar de su error a su pesar. Se resisten a ver nuestra luz, la única verdadera, y tenemos la obligación de arrancarles de las tinieblas en las que fueron atrapados, naturalmente por méritos propios.

Quienes estamos en la universidad deberíamos velar por que se respete la libertad de expresión. De hecho, deberíamos promover, especialmente, que quienes piensan diferente sean escuchados, que se potencie el diálogo, precisamente, con quienes discrepan de nuestro modo de ver las cosas. Esa es, pensamos algunos, una de nuestras principales obligaciones, pero es indudable que ahora nos caracteriza una desesperanzadora dejación de funciones. Se ha tirado la toalla. Se la mira de soslayo, pero no hay valor para recogerla aún.

Los universitarios hemos permitido que, con nuestra imperdonable pasividad, se impongan determinados monólogos, generalmente teñidos de una emoción irracional.

Al personal se le llena la boca con eso del diálogo, pero sabemos cuál es el mensaje subliminal que nuestro inconsciente ha captado eficientemente.

Un comentario sobre “Lunes al Sol (17): Richard Lynn defenestrado

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  1. Tristísima noticia ésta de Lynn (co-padre del efecto Flynn, que para algunos debería llamarse en justicia Flynn-Lynn) como lo fue la de Gottfredson. Efectivamente, los profesores universitarios deberíamos velar y ser respetados por promover la libertad de expresión respetuosa y argumentada, especialmente con aval empírico si se dispone de él o es factible disponer de él. Sigamos trabajando por un mundo más cabal y respetuoso, incompatible con uno basado en la censura y el pensamiento único.

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