¿Susto o muerte? (por Óscar Herrero Mejías)

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La Dirección General de Tráfico lanzó el año pasado una campaña de concienciación sobre los peligros de la conducción que recurre al impacto emocional como principal vía de influencia.

Se plantea al espectador la pregunta:

“En un accidente de tráfico, ¿quién prefieres ser?”

La elección es entre superviviente o fallecido.

El mensaje que se transmite es que morir no es la peor opción.

El responsable del accidente, cuando sobrevive, afronta unas consecuencias durísimas. El protagonista del anuncio mata a su mejor amigo y a un niño. Sufre una operación muy grave para salvar la vida. La policía le acusa de homicidio imprudente. La culpa, que cursa con insomnio, le conduce a engancharse a las benzodiacepinas. Su mujer, ante semejante panorama, le deja. A los 49 segundos de iniciar el anuncio, el narrador explica las siguientes desventuras en la vida del protagonista:

Ingresarás en prisión por homicidio imprudente.

El protagonista va esposado por los pasillos del juzgado, aunque en realidad está en libertad provisional enganchándose a las benzos y ha acudido a juicio libremente. Una vez allí se le trata como al jefe de una banda criminal internacional.

La cárcel es un lugar en dónde nunca te imaginaste.

Esto es cierto para casi todas las personas.

Tu trabajo desaparecerá, y te será difícil encontrar otro teniendo antecedentes penales.

La idea es que es mejor morirse que sobrevivir en estas condiciones.

Ignoro si esta estrategia es adecuada o no para disminuir los accidentes. Si lo es, pues adelante. Aunque en mi opinión, lo de morirse es una cosa muy seria, de carácter irreversible y (como decía Eduardo Mendoza) poco propicia para los reencuentros.

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Lo que me interesa de este anuncio es otra cosa.

Los distintos agentes públicos que intervienen en la vida del protagonista llevan a cabo su tarea con efectividad. Los servicios de emergencia y los médicos salvan vidas. La policía investiga los delitos. La justicia juzga y condena al responsable. Y la cárcel estigmatiza y dificulta la reinserción.

¿Es para eso para lo que sirve el sistema penitenciario?

Desde luego, pasar por un centro penitenciario no es el punto fuerte del currículum de una persona. Ni la mejor carta de presentación. Pero esta administración, en la que trabajo, hace grandes esfuerzos por la formación laboral y el trabajo productivo de los internos.

Por ejemplo, en el año 2016 se impartieron 711 acciones de formación para el empleo en la que participaron 11.443 internos. Ese mismo año se desarrollaron 42 programas de formación y orientación laboral, con la participación de 641 internos.

A esto se puede añadir el programa REINCORPORA, que se realiza en colaboración con La Caixa, en el que se diseñan itinerarios personalizados de integración socio-laboral. En 2016 fueron 1.444 internos los que participaron, con la colaboración de 561 empresas.

Recordemos que el protagonista ingresa con una grave dependencia a las benzodiacepinas.

¿Podría hacer algo el sistema penitenciario por ayudarle?

En los centros penitenciarios se realiza un abordaje integral y multidisciplinar de la drogodependencia, en el que participan servicios médicos y equipos de tratamiento. Al ingresar en un centro penitenciario español, el primer profesional que atiende al nuevo ingreso (después de los funcionarios de vigilancia) es un médico. Tras esto, será evaluado por educador, trabajador social y psicólogo. Si presenta alguna adicción activa, recibirá el tratamiento médico necesario para controlar los síntomas de abstinencia. Durante su paso por prisión, se le ofrecerá la posibilidad de participar en programas de deshabituación psicológica que, en algunos casos, adoptan el formato de módulo terapéutico o Unidad Terapéutica Educativa. En estos módulos la vida diaria del interno girará en torno al trabajo terapéutico para la superación de la dependencia de sustancias.

En 2016 había en total algo más de tres mil internos residiendo en este tipo de unidades. Otros 7.776 recibieron tratamiento en modalidad ambulatoria (es decir, acudiendo a dependencias del centro para participar en grupos desde su módulo de residencia).

Esto es solo un resumen de algunos de los esfuerzos de tratamiento que se hacen en los centros penitenciarios. Pese a eso, la imagen social de esta área de la administración es generalmente negativa.

Hace unos meses, en un programa sobre el tráfico de drogas en el Estrecho de Gibraltar, el periodista entrevistaba a un narcotraficante. Cuando este hombre afirmó haber estado en prisión, el periodista le preguntó:

“¿Has sobornado a funcionarios de prisiones?”

El traficante dijo que sí.

“¿Con qué?”, prosiguió el periodista.

El delincuente respondió que con dinero.

Soto del Real

No recuerdo que le preguntara si había sobornado a policías nacionales, guardias civiles, jueces, fiscales o periodistas. Solamente el funcionario de prisiones parece ser sospechoso eterno de venderse por dinero. Quizás este periodista esperaba que el soborno se realizara con algún bien aún más mundano o taleguero (¿tabaco? ¿chóped del economato? ¿actimeles?).

Lo cierto es que un funcionario del Cuerpo de Ayudantes de IIPP ha de contar como poco con el título de Bachiller Superior, y muchos son universitarios. Para pertenecer al Cuerpo Especial es preciso disponer de un título universitario. Para aprobar la oposición del Cuerpo Superior de Técnicos has de tener el grado en Psicología o Derecho (que son las especialidades más frecuentes actualmente en este cuerpo, aunque hay otras) y saber un idioma de la Unión Europea.

Los casos de corrupción dentro de esta administración existirán, como en todas partes, pero yo no los he visto nunca. Creo no equivocarme cuando digo que, de manera casi unánime, hacemos nuestro trabajo lo mejor que podemos con las herramientas que nos dan o que nos inventamos.

Hace un año tuve la oportunidad de entrar en varios centros penitenciarios ucranianos. En uno de ellos, en el pasillo que conducía al recinto interior, había un tablón con fotografías de varios oficiales de prisiones. El director me explicó que eran los oficiales que habían sido descubiertos llevando a cabo actividades corruptas en el centro. Se exponía su fotografía como recordatorio a los demás de las consecuencias de esas conductas.

A ningún sistema penitenciario le es indiferente la corrupción, y a los funcionarios que trabajamos dentro menos aún.

Desde luego que también convivimos con muchas limitaciones y problemas. Los veo a diario. Pero pese a esto se hace un trabajo que actualmente exportamos a otros países del mundo.

No sé si el tiempo permitirá que se revierta la imagen negativa de la administración penitenciaria, o estaremos siempre sometidos a los cambios políticos y a los titulares del momento. Por mi parte, de momento me atrevo a sugerir el siguiente texto alternativo al anuncio de Tráfico:

Crime of the Century

Ingresarás en prisión, y recibirás atención médica y psicológica para superar tu adicción a las benzodiacepinas.

Como eres una persona con una vida normalizada, se te destinará a un módulo de respeto, donde podrás realizar actividades de todo tipo y tendrás una convivencia razonable con tus demás compañeros, lejos de tópicos penitenciarios.

Si no cumples con las normas pasarás a un módulo ordinario. donde la vida será más difícil.

Si te ha calado el mensaje del anuncio de la DGT y prefieres estar muerto, se te aplicará el Protocolo de Prevención de Suicidios, y estarás supervisado por distintos profesionales para garantizar que no atentas contra tu vida.

Los funcionarios de vigilancia velarán por tu seguridad.

Te atenderá un trabajador social que también trabajará con tu familia.

Tendrás la oportunidad de recibir atención psicológica individual cuando lo solicites.

Echarás de menos a tu familia, y otras muchas cosas de tu vida anterior. Pero también tendrás la oportunidad de pensar en qué errores te han llevado a prisión.

Un juez dedicado exclusivamente a cuestiones penitenciarias vela por tus derechos desde el momento en el que ingresaste.

Tendrás la opción de disfrutar permisos ordinarios de salida y pasar hasta 36 días al año con tu familia. Cada seis meses se revisará tu grado de tratamiento y podrás ser progresado a un régimen de semi-libertad. Esto permite, por ejemplo, que vayas a trabajar todos los días y duermas en un centro penitenciario específico para terceros grados.

Si no tienes trabajo, puedes participar en programas de inserción laboral.

Nada podrá cambiar el error que te llevó a prisión, ni devolver la vida a las personas que murieron por tu culpa. Es algo con lo que vivirás siempre. Pero no queda más remedio que seguir adelante intentando ser alguien mejor”.

4 comentarios sobre “¿Susto o muerte? (por Óscar Herrero Mejías)

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  1. Excelente artículo, con cuyas tesis estoy bastante de acuerdo, sin entrar en la discusión general y de fondo acerca del papel que desempeñan el sistema carcelario en la sociedad actual. En ese tema soy bastante crítico, pero ya te digo que no entro en ello ahora. Hay algo que me interesaría conocer con más detalle: ¿qué impacto tienen los diferentes programas de formación en la mejora moral (si quieres, solo social) de las personas? Estoy iniciando un proyecto de investigación y es un dato que me interesa mucho. En tu entrada parece que hablas de unos 11.000 presos, aunque si sumo todas las cifras, hablas más bien de 20.000, lo cual supondría aproximadamente un tercio de la población carcelaria (creo recordar que hay más de 60.000); redondeo las cifras porque ahora no me interesa el dato exacto. Y puedo inferir que están teniendo buenos resultados. De esto es de lo que me gustaría tener una información con más detalle.

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    1. Félix, gracias por tus amables palabras. Dentro de los problemas que tiene mi institución está la falta de esfuerzos por evaluar algunas de las cosas que hacemos. Existen algunas excepciones, como es el caso de los programas de violencia de género. En la web de la SGIP puedes encontrar, dentro del apartado de subdirección general de penas y medidas alternativas/programas específicos dos documentos con estudios de evaluación de efectividad del programa de intervención PRIA-MA que se realiza con penados por violencia de género en el contexto de las suspensiones de condena. Con respecto a los programas de violencia de género y agresores sexuales dentro de prisión, puedo remitirte uno de los libros de las jornadas de la Asociación de Técnicos de Instituciones Penitenciarias, en los que se presentaban datos de evaluación de estos dos programas. Le pediré tu dirección de correo a Roberto.

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