Lunes al Sol (15): Libertad e ilustración para el siglo XXI

Lunes al Sol

La eurodiputada Teresa Giménez Barbat organizó un estimulante acto el viernes 15 de febrero en el Ateneo de Madrid –a escasos metros del Congreso de los diputados—que comentaré, brevemente, este lunes 18.

El acto formó parte de las actividades de la plataforma que esta intelectual y representante política puso en marcha cuando llegó al Parlamento europeo (EuroMind). Su cometido esencial es conectar ciencia y política, facilitar que los políticos tomen las decisiones que influyen en la vida de los ciudadanos, considerando la evidencia de la que dispone actualmente la ciencia. La práctica basada en la evidencia que se reclama, e incluso se exige, en numerosos terrenos, también debería ser omnipresente en la arena política.

Steven Pinker impartió una charla exponiendo la rotunda evidencia que demuestra que los ciudadanos que residen en el planeta al comienzo de este tercer milenio, disfrutan de una calidad de vida que envidiaría cualquier humano de anteriores épocas. Nunca se estuvo mejor que ahora.

2019_EuroMind Ateneo

No obstante, apreciar esa coyuntura requiere mirar eso que los norteamericanos denominan ‘the whole picture’. Esa exigencia es incompatible con las prácticas usuales de los medios de comunicación a través de los que una inmensa mayoría de ciudadanos obtiene información sobre su mundo. En los medios se prima la inmediatez más llamativa y el lado negativo de las cosas captura con mayor intensidad nuestra atención. No importa que la evidencia sea rotunda al considerar el panorama general que demuestra que nunca tuvimos tanta calidad de vida como en el momento actual. Los sucesos negativos que se producen en el día a día se acumulan en la mente de los ciudadanos –gracias al minucioso trabajo de los medios para que así sea—y la evaluación final que cristaliza en sus mentes es la contraria a la que se desprendería necesariamente de considerar la evidencia objetiva.

Esa práctica es socialmente peligrosa porque abre de par en par la puerta a la irracionalidad y atenta contra la libertad de los ciudadanos. Al ignorar la evidencia sobre el estado real de nuestra sociedad, se permite que determinados líderes y movimientos campen a sus anchas para, literalmente, manipular a los ciudadanos. Los fundamentalismos, de cualquier signo, construyen su discurso ignorando esa evidencia y alimentándose de la información sesgada que anida en la mente de los ciudadanos gracias a la irresponsable actuación de los medios.

Si la evidencia positiva es tan abrumadora –y Pinker se encargó de recordarnos lo que publicó al respecto—entonces ¿por qué no contribuye a la percepción de la realidad que poseen los ciudadanos?

Robótica

Hacia esa pregunta se dirigió la intervención de Luis Garicano, actual vicepresidente de la Alianza de Liberales y Demócratas de Europa (ALDE). Este economista acaba de publicar una obra que orientó su exposición: El contrataque liberal. Entre el vértigo tecnológico y el caos populista (2019).

Sus repuestas se dirigieron hacia un camino completamente diferente al del psicólogo canadiense. En esencia, defendió que los humanos son insensibles a la evidencia racional cuando la emoción anda revuelta. No importa que se les haga un resumen de media hora, basado en numerosas gráficas, con una irrebatible conclusión. Basta un hecho que contradiga ‘the whole picture’, y que sea consistente con sus emociones, para que sus conductas sean gobernadas por un conocimiento falso. Las ‘fake news’ arraigan precisamente por esa coyuntura y se convierten en un poderoso motor del comportamiento de no pocos humanos.

Para la clase de ciencia que vengo practicando desde hace décadas, el mensaje de Garicano se puede traducir con extraordinaria facilidad al lenguaje que se usa en mi disciplina. Él no lo expresó de ese modo, pero su mensaje fue: una parte significativa de la población mundial actual tiene un miedo insuperable al futuro porque sabe que no será ‘capaz’ de enfrentarse a los nuevos retos, generalmente asociados al desarrollo tecnológico. Ese temor es instrumentalizado por determinados líderes y movimientos nacionalistas y populistas, así como por quienes desprecian y ningunean a la ciencia por la sencilla razón de que la evidencia limita su capacidad de movimiento.

El Brexit y Trump son ejemplos destacados en el mundo sajón y Bolsonaro en Sudamérica. Los nacionalismos y tribalismos están rebrotando porque algunos líderes se encargan de manipular hábilmente los miedos de los ciudadanos a ese inquietante futuro globalizador. Volvamos a un pasado idealizado en el que teníamos control, prometen esos líderes, en el que éramos relevantes, en el que no estábamos en manos de los caprichos de los globalizadores.

Garicano, a diferencia de Pinker, propuso usar el mismo lenguaje que nacionalistas y populistas para combatirles eficientemente. Eso implica bajar al nivel de las emociones y generar las oportunas contramedidas. No importa que la razón esté de nuestro lado. Si perdemos la batalla de las emociones de nada servirá.

Esa es, a mi juicio, una estrategia resbaladiza. Si estamos convencidos de que la razón puede sacarnos del atolladero, dejarla a un lado para zambullirnos en el pantanoso terreno emocional puede conducir a que perdamos de vista esa cuerda salvadora y nos hundamos irremisiblemente en el fango.

Inteligencia

Si hay un segmento importante de la población que teme, con razón, a un futuro incierto plagado de tecnología, los representantes políticos deberían recurrir a los especialistas en conducta humana para encontrar modos de atenuar el impacto que inevitablemente tendrá esa nueva realidad. No hay vuelta atrás y, si no se hace nada al respecto –desde una perspectiva racional—los problemas que prevén los ciudadanos menos competentes moverán su conducta y se inclinarán hacia quien les promete una solución.

Seamos serios y, especialmente, lo necesariamente honestos para decir, claramente, lo que algunos no quieren que se escuche porque se les desmontaría el chiringuito.

Estamos entrando en un exigente mundo. Quizá no sea tan distópico como el predicho por Harari, pero me temo que se le parece bastante. Una parte de la población humana no podrá participar en el nuevo juego –porque ni comprende, ni desea aprender las novedosas reglas—salvo que se tomen las oportunas medidas racionales. Los representantes políticos que no están dispuestos a abandonar el espíritu de la ilustración por un puñado de votos, deben encontrar y proponer soluciones realistas a los problemas que se avecinan por ese innegable hecho.

No bastará con inundar la pantalla del televisor con gráficas similares a las usadas por Matt Ridley hace una década en ‘El optimista racional’. Hay que viajar en la dirección señalada por Alice Dreger. Será duro porque hay demasiados intereses creados. Pero no hay otro remedio si se desea evitar la destrucción de nuestras libertades.

Un comentario sobre “Lunes al Sol (15): Libertad e ilustración para el siglo XXI

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  1. Gracias por tu comentario.
    La propuesta del libro es exactamente la que sugieres, y no la que dices que yo propongo: hacer las reformas del estado del bienestar necesarias para dar la seguridad que anhela a las clases medias.

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