Una red cerebral detrás de la conducta antisocial

Los resultados derivados de la investigación sobre el sustrato neurobiológico de la conducta antisocial se consideran con creciente seriedad en los tribunales.

Sin embargo, no está nada claro que, por ejemplo, determinadas peculiaridades biológicas de los individuos antisociales sean una ‘causa’ de su conducta.

En un informe publicando en PNAS se estudia a pacientes que desplegaron conductas antisociales después de sufrir una lesión cerebral. En ese caso, se considera que la lesión puede ser un factor causal (entre otros, probablemente).

Una cuestión relevante es si los efectos de las lesiones se atribuyen a la región dañada o a las conexiones entre esa y otras regiones del cerebro.

Para averiguarlo, en esta investigación se aplica una aproximación ‘lesion network mapping’ (LNM).

La LNM supone usar bases de datos de individuos ‘normales’ en los que se ha explorado su conectividad funcional en estado de reposo, para averiguar con qué regiones se conecta una determinada región de interés.

Los responsables de esta investigación usan LNM para averiguar…

  1. Si las lesiones temporalmente asociadas a la conducta antisocial (esa conducta se manifiesta después de la lesión) forman parte de una determinada red cerebral.
  2. Si esa red se solapa con regiones asociadas a procesos neuropsicológicos que actúan irregularmente en individuos antisociales.

Los registros corresponden a 17 pacientes, la mayor parte de los cuales cometieron delitos violentos después de sufrir la lesión cerebral.

La red cerebral de mayor interés corresponde a la toma de decisiones de carácter moral, pero el concepto es demasiado amplio. Por tanto, se consideran una serie de procesos asociados: (a) control cognitivo, (b) toma de decisiones basada en valores o en recompensas, (c) teoría de la mente y (d) empatía.

2017 Darby Fig 1

Figura 1. Lesiones temporalmente asociadas a la conducta antisocial se vinculan funcionalmente a algunos subcomponentes de la toma de decisiones morales. La conectividad con ubicaciones temporalmente asociadas a la conducta antisocial (rojo) es similar a las regiones activadas por algunos componentes de la toma de decisiones morales (verde; solapamiento en amarillo). Solamente hay efectos significativos para la toma de decisiones basadas en valores (A) y para la teoría de la mente (B), pero no para la empatía (C) y el control cognitivo (D). Los resultados son específicos de lesiones temporalmente asociadas a la conducta antisocial (gris) en comparación con las lesiones que causan otros síndromes neurológicos (negro).

Los resultados señalaron que dos de esos cuatro procesos NO se solapaban con la red identificada en los individuos antisociales: control cognitivo y empatía.

Este grupo de científicos usó la red aislada para averiguar si los resultados podían generalizarse a un grupo independiente de individuos antisociales (N = 23), pero cuya asociación temporal lesión-delito no estaba clara. Y la evidencia observada fue prácticamente idéntica.

2017 Darby Fig 2

Figura 2. Resultados en el estudio de pacientes en el que la secuencia lesión-conducta antisocial está clara (N = 17) y en los que ese no es el caso (N = 23).

En resumen, estas son las conclusiones generales derivadas de la investigación:

  1. Las lesiones temporalmente asociadas a la conducta antisocial se ubican en diferentes regiones cerebrales, pero de una misma red. Esas regiones son distintas a las no asociadas a la conducta antisocial.
  2. Las lesiones temporalmente asociadas a la conducta antisocial se conectan a regiones implicadas en la toma de decisiones morales, en la toma de decisiones basadas en valores y en la teoría de la mente, pero no a regiones implicadas en la empatía o el control cognitivo.
  3. Las lesiones temporalmente asociadas a la conducta antisocial presentan una conectividad opuesta a las regiones activadas por elecciones morales que entran en competencia, algo probablemente vinculado a los sesgos que se aprecian en estos pacientes.
  4. Los resultados se reproducen en un grupo independiente de pacientes en los que se desconoce la asociación temporal de las lesiones y su conducta antisocial.

La red fundamental incluye la corteza orbito frontal, la corteza prefrontal ventromedial, y los lóbulos temporales anteriores.

Los autores finalizan, como es natural, con un mensaje de cautela.

Según ellos, la evidencia descrita en su informe no tiene por qué ser relevante para predecir la conducta antisocial: “los factores genéticos, la edad a la que se produce la lesión, la etiología de la lesión, el ambiente, el apoyo social, y los rasgos de personalidad premórbidos pueden contribuir a la conducta antisocial, independientemente o en combinación con las lesiones (…) muchos pacientes con lesiones en la red identificada no se comportarán de modo antisocial (…) aumentará el riesgo, pero nada más”.

Es difícil saber qué se puede hacer a partir de estos resultados.

El hecho de que pongan sobre la mesa el posible uso de la evidencia en los tribunales resulta algo inquietante. Cabe preguntarse cómo podría interpretarse que las lesiones en la red identificada carezcan de impacto sobre el control cognitivo o la empatía.

Si esos individuos antisociales mantienen relativamente intactas sus funciones cognitivas de alto nivel, ¿deberían valorarse sus actos con el mismo rasero que en quienes no presentan lesiones documentadas en esa red?

Por otro lado, el hecho de que la lesión en esa red tenga repercusiones en determinados procesos asociados a la toma de decisiones morales, no tiene por qué impedir que un programa de intervención pueda contribuir a atenuar sus efectos psicológicos y conductuales.

Al igual que se pueden volver a re-educar determinadas funciones cognitivas en quienes sufrieron lesiones incapacitantes, los individuos lesionados en regiones de la red crítica para la conducta antisocial podrían someterse a un programa de re-educación que ayude a la prevención.

Esa puede ser la principal contribución de las evidencias descritas en el informe comentado, más allá de la predicción.

Un comentario sobre “Una red cerebral detrás de la conducta antisocial

Agrega el tuyo

  1. Roberto, buen resumen y sobre todo buenas preguntas. Las respuestas iran llegando, por de pronto sumanos algunas evidencias que, en algun caso UNICO, podrán ayudar a la adecuada gestion del riesgo de reincidencia de estos casos. Dejemos para los juristas sus efectos en las sentencias.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: