Lunes al Sol (4): “La televisión dijo que era culpable”

Lunes al Sol

Eso declaraba una ciudadana ante un micrófono cuando David Gale iba a ser ejecutado en la película (La Vida de David Gale) dirigida por Alan Parker en 2003 y protagonizada por Kevin Spacey (David), Kate Winslet (Bitsey) y Laura Linney (Constance).

A los responsables de algunos medios de comunicación, a determinados usuarios de las redes sociales, y a no pocos representantes políticos, podría resultarles interesante dedicarle un par de horas de sus vidas a la historia narrada en ese largometraje.

Gale es un prestigioso catedrático de Universidad que forma parte de una organización (DeathWatch) que lucha por abolir la pena de muerte en el estado de Texas.

Pero es condenado a ese destino por asesinar a una de sus colegas (Constance). De hecho, los sucesos se detallan desde el corredor de la muerte, lugar al que acude una periodista (Bitsey) para una serie de entrevistas con el sentenciado.

En una fiesta de su campus universitario, Gale se encuentra con una estudiante (Berlin) que había sido expulsada por presentar mal expediente.

Ese mismo día ella se le había insinuado al terminar la clase confesándole que estaría dispuesta a cualquier cosa para obtener un aprobado. El profesor le responde que el modo de aprobar pasa por estudiar más.

Sin embargo, vuelven a encontrarse en la fiesta. Él se pasa con el alcohol, pierde los papeles y cede al acoso de Berlin. Le encierra en un baño y le va dirigiendo para que le haga el amor con algunas dosis de agresividad controlada que acumulen pruebas que usará para acusarle de violación al día siguiente.

Es detenido y, aunque Berlin retira los cargos, la vida del profesor, casado y con un hijo, queda destrozada.

Es apartado de la vida universitaria. El mero hecho de haber sido acusado, aunque se supiese que era positivamente inocente, resultaba intolerable para las autoridades de su campus y para los representantes de estudiantes.

La mayor parte de sus amigos le dan de lado, su mujer se lleva a su hijo a España, le pide el divorcio y David cae en la bebida.

Constance intenta ayudar a Gale a sobreponerse, pero él descubre accidentalmente que ella tiene una leucemia incurable.

En uno de sus encuentros Constance, ya bastante enferma, le confiesa que le hubiera gustado tener más sexo antes de morir. Se acuestan y al día siguiente se encuentra a la mujer, desnuda y muerta, en la cocina de su domicilio.

Se acusa a Gale de los hechos y se le condena a muerte ante las contundentes pruebas (entre otras, las muestras de semen que se encuentran en la víctima).

Durante las entrevistas, la periodista comienza a sospechar que Gale puede ser inocente. Atendiendo a la información que va recopilando y organizando por su cuenta, llega a pensar que, en realidad, Constance se ha suicidado, que el crimen habría sido simulado.

La situación podría haber sido ‘diseñada’ para demostrar que condenar a muerte a un inocente es perfectamente factible.

Existe un video que demuestra los verdaderos hechos. Constance se traga la llave de las esposas que se ata a sí misma a la espalda después de colocarse una mordaza y una bolsa de plástico en la cabeza. Se ata para evitar arrancarse la bolsa en el último momento.

La periodista se hace con una copia, pero llega tarde. Gale ya ha sido ejecutado.

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La esposa de Gale recibe en España un maletín que contiene información sobre las verdaderas circunstancias, tanto de la acusación falsa de violación, como de su condena a la pena capital.

Bitsey recibe otro video en el que se ve a Gale en primer plano y a Constance tendida en el suelo de la cocina después de haberse practicado a sí misma el ritual del suicidio relatado antes.

Algunos de los activistas que luchaban contra la pena capital se sacrifican para demostrarle a la sociedad que se pueden dar por válidas pruebas fabricadas que lleven a actuaciones que ya no tienen solución.

Gale debe ser ejecutado para impartir una lección moral a la sociedad.

La periodista nunca tuvo oportunidad de salvar a David.

Hace unos días, Sara Mesa publicó un aleccionador artículo en El País titulado ‘Historia de un linchamiento’.

Enredada entre los numerosos detalles que relataba Mesa se encontraba la siguiente declaración:

Son los mismos programas los que generan la basura del morbo, el sensacionalismo y el odio y la esparcen por nuestras pantallas, y nosotros, los espectadores, los que nos alimentamos de ella y la multiplicamos al compartirla en las redes”.

Probablemente estemos entrando, con paso decidido, en un mundo al que algunos miramos con espanto.

La esencia no es nueva, pero los medios si que lo son.

 

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