La autoestima de un grupo de humanos y la justicia universal

La ‘autoestima’ me ha resultado siempre un concepto de escasa utilidad para entender la conducta de la gente. Pienso que puede deberse a que está pobremente definido. Se parece a eso de las ‘competencias’, en las que cabe casi de todo, y, por tanto, resultan poco prácticas, melifluas.

Pero lo que vale para la gente puede ser inválido para un grupo de humanos bajo determinadas circunstancias.

Es verdad que un grupo es un agregado de individuos, se pongan como se pongan quienes sostienen que el todo es más que la suma de las partes. Si un concepto es relativamente inútil para las personas concretas ¿por qué valdría para un agregado de individuos?

Probablemente la respuesta se obtenga al considerar el famoso de ejemplo de la cuadriga. Cuando cuatro caballos no se coordinan adecuadamente, perderán la carrera. Unirse en el esfuerzo no garantizará el éxito, pero ir desunidos llevará inexorablemente a la derrota.

Cuando en un grupo humano comienzan a abundar individuos que no captan eso de que la unión hace la fuerza, o que hacen lo posible por debilitar al conjunto, el resultado más probable es el fracaso al perseguir determinados objetivos.

En el caso de una nación esos objetivos pueden resumirse en uno: que los individuos que la componen puedan perseguir la felicidad gracias, en parte, a que quienes gestionan el cotarro ponen todo lo que está en sus manos para habilitar los medios (o, al menos, para no entorpecer).

España ha sido una gran nación, capaz de construir el imperio universal más longevo y más integrador de culturas y sensibilidades. Escribía Hugh Thomas: “el mestizaje fue la mayor obra de arte lograda por los españoles en el Nuevo Mundo”. No rescataré ahora lo que se puede encontrar en la excelente obra de Roca Barea, donde se ofrecen los numerosos detalles que demuestran la rotunda exactitud de esas conclusiones.

Desde que la autora malagueña publicó ‘Imperiofobia’ tuve oportunidad de leer variados comentarios, pero el que quizá excitó en mayor grado mi hostilidad cognitiva se refiere a su presunto intento de ‘subirnos la moral’ (o la autoestima) a los españoles.

Tercios

Algo similar se supone que pretende el texto de Jesús Rojo, ‘Cuando éramos invencibles’ (2017). El autor es caballero de la Orden Imperial de Carlos V y miembro de la Academia de la Diplomacia. Escribe en la introducción que su obra “es un alegato en positivo de quienes fuimos, tratando de dejar de lado la negatividad habitual que invade España, para de esta forma motivar a una ciudadanía falta de héroes y que desconoce sus raíces”.

Al igual que Roca Barea, Rojo subraya, adecuadamente, que los absurdos mitos alimentados por la leyenda negra perjudican todavía hoy los intereses de los miembros del grupo humano que reside en lo que se conoce abreviadamente como España. Ese es un motivo más que suficiente para desmontar esas leyendas.

No se trata de subirnos la moral, sino de hacer justicia, de contar lo que fue, no las falsedades que algunos propagaron con bastante éxito.

El autor expone 36 episodios en los que España ganó. A menudo por goleada.

Algunos ejemplos:

  • La derrota de los musulmanes en la Batalla de las Navas de Tolosa (1212).
  • El fracaso de la Contra Armada (Inglesa) (1589). Esa batalla formó parte del conflicto con los ingleses, que fue precedida por la Armada de Felipe II y que terminó con el triunfo español reconocido en el tratado de Londres de 1604. María Pita fue nombrada alférez perpetuo por Felipe II por su valor ante los ingleses en su invasión de Coruña.
  • Los éxitos del Gran Capitán (entre 1492 y 1515). Escribe Rojo: “la historia mundial evoca a Sun Tzu, Julio César, Napoleón, Nelson o Rommel, y omite miserablemente que fue este genio militar español quien revolucionaría para siempre el arte de la guerra”.
  • La Batalla de La Rochelle (contra los ingleses) (1372).
  • La victoria de Hernán Cortés en Otumba (1520).
  • La Batalla de Pavía (1525).
  • Los Trece de la Fama de Francisco Pizarro (1526).
  • La Batalla de San Quintín contra los franceses (1557). Felipe II decide construir el Monasterio de El Escorial para celebrar este éxito militar.
  • La Batalla de Lepanto (1571). Fue una de las más grandes batallas de la historia de la humanidad, en la que se concentró más del 75% de la flota mundial y más de 100.000 soldados. Detuvo el avance otomano en Europa.
  • La Batalla de Alcántara (1580). El español se convierte en el primer y mayor imperio global de la historia –por primera vez un solo imperio tenía posesiones en los 5 continentes sin estar comunicados por vía terrestre.
  • La Batalla de Empel (1585). Los tercios responden del siguiente tenor a la propuesta de rendición de los holandeses: “los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos” –nada nuevo entre los iberos).
  • Las invasiones españolas de las islas británicas (1373, 1380, 1595, 1597, 1601, 1719, 1779). La pérfida Albión no fue en absoluto inexpugnable.
  • Las Batallas de Playa-Honda contra los holandeses (1609, 1616).
  • La Batalla de Gibraltar también contra los holandeses (1621).
  • La derrota inglesa en Cádiz (1625). Carlos I y su valido, el Duque de Buckingham, cambiaron sus intereses por Francia, Richelieu y los mosqueteros. Los españoles eran invencibles.
  • La Batalla de Nordlingen contra los (temibles) suecos (1632).
  • La Guerra de la Oreja de Jenkins (1739-1741).
  • La Batalla de Cartagena de Indias liderada por Blas de Lezo contra una descomunal flota inglesa (1741).
  • La aventura del Glorioso (1747).
  • El papel de Bernardo de Gálvez en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América (1779). Gálvez fue al lado de George Washington en el desfile de la victoria y Thomas Jefferson escribió al Spaniard para agradecer la ayuda de España.
  • La derrota de Nelson en Tenerife (1797).

Añade el autor cuatro capítulos verdaderamente inquietantes bajo los siguientes títulos generales: (a) éxitos logísticos y (b) destrucción de la cultura hispánica.

En el primer caso se refiere al ‘Camino Español’ y al ‘Galeón de Manila’. El primero corresponde a una ruta de 1.000 kilómetros que iba de Milán a Bruselas construido bajo el reinado de Felipe II. El segundo es la ruta entre América y Asia vigente desde 1565 a 1815 (el océano pacífico era conocido como ‘El Lago Español’).

En el segundo caso revisa el genocidio practicado por los Estados Unidos en Filipinas y el empeño de Cataluña por reivindicar su estatus de nación (“la manipulación de la historia es imposible si no es por la dejación de funciones de los gobiernos que tuvo y tiene este país”).

Spanish Armada

Augusto Ferrer Dalmau escribe en el prólogo: “la historia de España es una de las más importantes del mundo y desgraciadamente la hemos abandonado dejándonos llevar por un pesimismo absurdo difícil de entender”.

Y en el epílogo escribe Antonio Marabini, descendiente de Blas de Lezo: “el poco conocimiento que tenemos de nuestra historia nos ha llevado a pasar del imperio donde no se ponía el sol, al país donde solo había oscuridad. Si no somos capaces de recuperar el conocimiento de nuestra historia para las nuevas generaciones, y por ello quedamos sin héroes a los que emular, nuestra trayectoria como pueblo será cada vez más decadente”.

No hay que subir la moral de un grupo de humanos, sino promover que impere una justicia universal.

El pasado ayuda a entender el presente y a corregir el futuro.

 

4 comentarios sobre “La autoestima de un grupo de humanos y la justicia universal

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    1. Por cierto, la autoestima, como bien dices, posiblemente ofrece poco interés para entender los comportamientos de las personas, pero considero que la baja autoestima sí tiene consecuencias negativas y por eso es importante intervenir para superar esa baja estima. Para lograr algo, parece que lo adecuado es mejorar la motivación de logro.

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  1. Posiblemente el mejor modo de mejorar la autoestima es averiguar las cosas que alguien hace bien (hecho) o que puede llegar a dominar (potencia). Es una variable dependiente que responde a algo. Poner la autoestima en el lugar equivocado de la cadena es un error grave. Eso es lo que pienso, pero siempre estoy abierto a rectificar ante evidencia favorable a la tesis contraria.

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