Genes compartidos por la inteligencia fluida y por la morfología del cerebro

Tian Ge y sus colegas publican un ‘preprint’ en el que consideran dos numerosos grupos de individuos independientes para explorar el solapamiento genético de la inteligencia fluida y la morfología del cerebro (grosor cortical).

Las regiones que destacan en ese solapamiento se encuentran relacionadas con el lenguaje (Broca y Wernicke) y con el control motor.

O eso dicen.

Actúan por pasos usando la base de datos del UK Biobank.

Primero, hacen un análisis GWA (Genome-Wide Association) en relación al desempeño en un test de inteligencia fluida considerando un grupo de 108.147 individuos.

Segundo, calculan la correlación entre las diferencias de grosor cortical y el desempeño intelectual considerando un grupo de 7.484 individuos.

Finalmente, estiman la correlación genética (SNP co-heritability) según la covarianza entre la medida psicológica y la biológica.

El análisis GWA identifica 35 regiones asociadas a la inteligencia fluida. La heredabilidad de la que dan cuenta esas regiones del genoma asciende a 0,25.

El análisis del grosor cortical identifica correlaciones con la inteligencia en el pars opercularis, el giro supramarginal y el giro temporal superior (en ambos hemisferios).

2018_Ge (A)

En cuanto al análisis de co-heredabilidad inteligencia-grosor cortical, subrayan que los individuos del análisis GWA y del análisis de neuroimagen son distintos. Es decir, las evidencias que se relacionan provienen de muestras independientes.

Los resultados de este último análisis se concentran en el hemisferio izquierdo (no se observa nada en el derecho): giro precentral inferior, pars oppercularis y corteza temporal superior (incluyendo el giro angular y el giro supramarginal).

El hecho de que se identifiquen esencialmente zonas vinculadas al lenguaje les lleva a concluir que la inteligencia fluida puede tener un origen genético común.

2018_Ge (B)

Sospechan que puede deberse a cómo se mide Gf en el UK Biobank (mediante un breve test de 13 preguntas cargadas verbalmente).

Pero también se encuentran implicadas regiones motoras y eso puede ser más difícil de explicar.

Son cautos porque saben que el grupo de personas que se incluyen en el UK Biobank no representa adecuadamente a la población general. Su nivel educativo y socioeconómico está por encima de la media.

También reconocen que sus análisis no pueden dilucidar si la influencia genética sobre Gf se encuentran mediatizada por la variable cerebral considerada.

En suma, el estudio tiene su relevancia, pero nuestra curiosidad permanece.

El interés de esa combinación de información genética, cerebral y psicológica reside en averiguar si las variaciones genéticas (estimadas por la puntuación poligenética) impactan sobre las variaciones en determinadas regiones del cerebro (y sus conexiones), y, a partir de aquí, si esa variabilidad cerebral se asocia a las diferencias de desempeño intelectual.

Dilucidar esa ruta es la que verdaderamente puede ayudarnos a avanzar en una explicación mecanicista que vaya de los genes al cerebro y de éste a la conducta que usamos para valorar la inteligencia de los humanos.

Y, como hemos observado recientemente en nuestro equipo en una investigación realmente apasionante, de qué modo la conducta puede influir en el desarrollo cerebral.

El camino es de ida y vuelta, pero eso no significa que uno y otro no sean igual de mecanicistas.

 

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