El efecto de la educación regular sobre la inteligencia

Stuart Ritchie y Elliot Tucker-Drob, dos jóvenes y brillantes psicólogos diferenciales, publicarán un meta-análisis sobre el efecto de la educación en el desempeño valorado por los tests estandarizados de inteligencia.

La pregunta a responder es: ¿mejora la educación regular la inteligencia de los escolares?

Consideran 42 bases de datos de 28 investigaciones en las que se estudian 615.812 individuos, para concluir que el efecto positivo de esa educación regular oscila entre 1 y 5 puntos de CI por cada curso escolar:

la educación parece ser el método más consistente, sólido y duradero para mejorar la inteligencia”.

Para llegar a esa conclusión se sirven de tres tipos de comparaciones que pueden ayudar a establecer una relación de causa-efecto:

  1. Control del nivel intelectual previo (CNIP). A través de un diseño longitudinal en el que se registran datos sobre rendimiento intelectual ‘antes’ y ‘después’ de un determinado periodo educativo, se puede calcular la influencia de la educación sobre el rendimiento intelectual.
  2. Cambio en la política (CP). Se basa en la modificación del tiempo de la educación obligatoria. En España, por ejemplo, se podría obtener información sobre el nivel intelectual antes y después de la LOGSE, al aumentar el periodo de enseñanza obligatoria hasta los 16 años.
  3. Asignación a curso escolar según edad cronológica (School Age Cutoff, SAC). Se basa en comprobar el efecto de asignar curso según fecha de nacimiento. Los nacidos después o antes del verano pueden ir un curso por delante o por detrás de lo habitual, de modo que se puede estudiar su efecto sobre el CI. En algunos estudios se ha comprobado que navegar un curso por delante del habitual para la edad del alumno duplica el efecto de un año cronológico.

Una vez analizada la información disponible gracias al uso de esas tres aproximaciones, Stuart & Elliot se hacen dos preguntas más:

  1. ¿Cuáles son los factores que moderan el efecto de la educación sobre la inteligencia?
  2. ¿Existe sesgo de publicación? Es decir, ¿se publican preferentemente los informes en los que se observa un efecto positivo de la educación?

Ritchie & Tucker 2018 A

Según el tipo de diseño, el efecto positivo sobre el CI que se estimó fue:

  • CNIP = 1,2 puntos de CI por cada curso escolar
  • CP = 2,1 puntos de CI por cada curso escolar
  • SAC = 5,2 puntos de CI por cada curso escolar

El promedio equivale a 3,4 puntos de CI por cada curso escolar.

No se apreció un efecto diferencial según el tipo de test de inteligencia (general, fluida o cristalizada).

En suma, a mayor cantidad de educación, mejor rendimiento en los tests de inteligencia. Y esa relación sería, según sus datos, causal: más educación, mayor nivel intelectual.

No obstante, los autores son cautos porque el impacto más llamativo corresponde al SAC (5 puntos de CI por curso), pero no se dispuso de evidencia sobre su mantenimiento a largo plazo. Tampoco se pudo comprobar…

  • Si la ganancia anual estimada era aditiva. Si un año se ganan 3 puntos, ¿son 6 al término del siguiente año? No está claro.
  • Si se beneficiaban más los escolares que, de entrada, eran más inteligentes o provenían de familias socioeconómicamente aventajadas (efecto Matthew).
  • ¿Por qué los diseños CNIP y CP revelan efectos a largo plazo, durante el ciclo vital, pero fracasan las intervenciones expresamente diseñadas para mejorar la inteligencia?
  • Si la mejora influye sobre la capacidad intelectual a nivel latente, no solamente a nivel observable: “la inmensa mayoría de los estudios considerados en nuestro meta-análisis consideran tests específicos, no un factor g latente”.
  • Cuáles son los mecanismos psicológicos que, en concreto, explican el efecto positivo de la educación sobre la inteligencia.

Ritchie & Tucker 2018 B

Las relaciones de la educación con la inteligencia son verdaderamente interesantes.

En 2002 publicamos un artículo en ‘Intelligence’ en el que informamos de un resultado que encontramos accidentalmente: una puntuación más elevada en una de las baterías de evaluación de la inteligencia más usadas en la práctica psicológica (la Wechsler) no tiene por qué suponer una mayor capacidad general (g). Y al revés.

En cristiano: alguien puede ser muy inteligente, pero lograr menores puntuaciones en el Wechsler sencillamente porque no tuvo oportunidad de educarse. Las ventajas que se obtienen en la escuela se aplican para elevar el rendimiento en cada uno de los tests de la batería. Esas ventajas locales se van sumando globalmente, pero eso no implica necesariamente que se deba a que el individuo que puntúa más sea más inteligente.

Nathan Brody, Arthur Jensen, John Carroll, James Flynn y Earl Hunt aceptaron el mensaje.

Pero algo nos inquietaba y decidimos ir más allá.

Colaboramos con el equipo de Conor Dolan para averiguar si usando métodos más robustos se encontraba algo similar.

Publicamos el resultado cuatro años después.

Los análisis multigrupo revelaron que g no predecía el nivel educativo alcanzado. El peso recaía en las capacidades cristalizadas.

Pienso que es una temática que merece otra vuelta de tuerca, pero es complicado porque no hay suficiente investigación invertida en esa dirección.

Desgraciadamente.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: