Desigualdad en la naturaleza y en la sociedad (humana): una noche en el casino

Un grupo de departamentos universitarios holandeses de ciencias ambientales e historia publican un provocador artículo en el que se dice demostrar que, en un mundo globalizado como el actual, la riqueza será inevitablemente acaparada por una minúscula minoría de individuos.

Si se busca un antídoto para atenuar ese proceso, se encontrará en los métodos de redistribución, a nivel global, de la riqueza concentrada.

Los números que manejan son, aproximadamente, que el 1% de la población acapara el 50% de la riqueza. El hecho de que esos números sirvan para dar cuenta de lo que sucede en la naturaleza y en la sociedad humana actual, les lleva a pensar que el mecanismo que conduce a esa situación puede ser común.

2017 Scheffer (A)

Los ejemplos de la naturaleza que se considera se centran en los hongos, los árboles, las bacterias intestinales, las algas, las moscas, los roedores y los peces. Para el caso de las sociedades humanas se analiza una serie de países y sus niveles de riqueza (no la distribución de ingresos).

La riqueza (social) equivaldría a la biomasa (natural).

Al centrarse en las sociedades humanas exponen ejemplos como a) los autores que logran superventas, b) las páginas web con más visitas o c) las compañías que acaparan el mercado.

¿Qué produce la desigualdad?

El candidato obvio es una diferencia intrínseca entre los individuos que compiten. Los rasgos de esos individuos les harían más o menos competitivos en el mercado natural y social.

Pero la oportunidad casual, el mero azar, es otro candidato.

La desigualdad puede aparecer si la riqueza o la abundancia está sujeta a pérdidas y ganancias aleatorias. En un mundo finito en el que si uno gana otro pierde, el efecto de los procesos aleatorios multiplicativos puede llegar a producir una extraordinaria desigualdad.

Marten Scheffer y sus colegas holandeses se decantan por la segunda opción: la desigualdad es cuestión de azar.

En la naturaleza y en la sociedad, las disparidades provienen de la misma causa por la que alguien se hace millonario una noche en el casino.

2017 Scheffer (B)

¿Qué se puede hacer para atenuar el impacto de esa desigualdad que se producirá inexorablemente por azar?

Combatir la dominancia es una opción.

Eso sucede en la naturaleza. Los enemigos naturales acechan a las especies más abundantes y esa coyuntura contribuye a redistribuir los recursos disponibles (kill the winner).

En las sociedades humanas no existe nada parecido, según los autores. Además, ni la destrucción del capital, ni el desarrollo económico, logrará reducir la desigualdad en una dinámica gobernada por el azar.

La única estrategia que combatiría eficientemente esa desigualdad serían los impuestos dirigidos a quienes acaparan la riqueza. Sería labor de las instituciones modelar la prosperidad social y la desigualdad, pero la globalización dificulta alcanzar ese objetivo. La aldea global permite ahora que quienes acumulan riqueza encuentren los nichos en los que pueden librarse de pagar los impuestos que permitirían combatir la desigualdad:

Sin paños calientes, se puede acumular menos riqueza comerciando en un pueblo que en un mercado planetario”.

Aunque no se dice explícitamente, da la sensación de que se propone acabar con la globalización (kill the winner?), volver a economías a pequeña escala en las que la circulación de recursos económicos se pueda controlar mejor.

A pesar de que los autores sostienen que lo que sucede en la naturaleza y en las sociedades humanas obedece a un mecanismo similar, subrayan que la desigualdad no es algo “natural”.

Una concentración desmesurada de riqueza atentaría contra el desarrollo económico y aumentaría la inestabilidad política. Mal negocio.

Dije al comienzo de este post que el artículo es provocador. Y lo mantengo ahora que llegamos a la segunda parte, a un comentario personal sobre sus contenidos y su perspectiva.

Por un lado, no está claro en qué se aplicaría el capital que se redistribuya, cuáles serían los criterios, quién sería beneficiado, o quién tomaría las decisiones sobre cómo redistribuir. Y que conste que soy un entusiasta partidario del concepto de redistribución.

¿Se trataría sin más de subvencionar a quien ha perdido en la batalla competitiva para que pueda vivir dignamente?

¿O se invertirían los recursos sustraídos a los ganadores para generar nichos que los perdedores puedan ocupar y contribuir activamente a su desarrollo y al de la sociedad en la que viven?

Ambas posibilidades generarían, a mi juicio, reacciones bastante diferentes en la ciudadanía. Pero también hablarían sobre cuál es la sociedad en la que deseamos vivir.

Por otro lado, sus simulaciones quizá puedan ser interpretadas desde un ángulo diferente.

¿Conocen ustedes la curva Lotka?

Alfred Lotka observó que una mayor producción (eminente o destacada) caracteriza a un número progresivamente menor de individuos. Se puede identificar muchos individuos con una baja producción, pero muy pocos con una excelente producción.

Curva Lotka

Esa reducción progresiva del número de individuos con mayor número de logros complejos fue observada, por ejemplo, por Charles Murray en su análisis de las figuras eminentes de la humanidad en ciencias y artes entre el 850 antes de Cristo y el año 1950: cuanto mayor era el índice de eminencia calculado, menor era el número de individuos identificados.

Sentí curiosidad en su momento por ese fenómeno y lo apliqué al número de medallas olímpicas ganadas por los distintos países. El resultado fue congruente con la curva Lotka: muchos países ganaban entre 1 y 10 medallas, pero el número de países se reducía progresivamente con el aumento del número de medallas que lograban.

¿Se explica ese fenómeno por el azar que favorecen Marten Scheffer y sus colegas holandeses a partir de sus simulaciones?

¿Tendría algún papel el ‘candidato obvio’ que consideraban al comienzo de su artículo?

¿Serían irrelevantes los rasgos de los individuos que compiten?

Tengo dudas.

A diferencia de lo que propone ese grupo de intelectuales holandés, pienso que tanto los rasgos de los individuos como las circunstancias (entre ellas el azar) tendrán algo que decir para explicar la desigualdad en la sociedad actual.

No se puede interpretar una obra de teatro sin actores, sin decorados y sin guión.

Y, por cierto, el público decidirá si el coctel resultante merece seguir en cartelera o no.

Un comentario sobre “Desigualdad en la naturaleza y en la sociedad (humana): una noche en el casino

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  1. Como bien dices, da que pensar, eso es bueno, y también he echado una ojeada al artículo en inglés. Por otra parte, lo que tengo claro es que una excesiva desigualdad, tal y como indican estudios desde otras disciplinas, como la economía o la sociología, provoca trastornos grave. Por eso, la sociedad en la que yo quiero vivir, debe encontrar mecanismos de redistribución de la riqueza, insistiendo, como hace esa asociación de multimillonarios de Estados Unidos (http://www.responsiblewealth.org/) , que es importante devolver a la sociedad parte de su riqueza, puesto que se ha acumulado gracias a que viven en sociedad.

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