¿Vuelan Juntos Pájaros del Mismo Plumaje?

Hasta ahora se había fracasado al intentar demostrar que los individuos se emparejaban según su similitud en determinados rasgos de personalidad. Nosotros confirmamos ese fracaso estudiando una muestra española, bastante representativa de la población, hace unos años. Observamos que las parejas se parecían por su nivel intelectual (con una r de casi 0.6 en parejas de más edad y de 0.5 en parejas de menos edad), pero no en desapego emocional (entre 0.10 y 0.18), extraversión (entre 0.2 y 0.06) o neuroticismo (entre 0.08 y 0.05). Nada nuevo. La investigación hecha en otros países señalaba en esa dirección.

¿Vuelan juntos los pájaros del mismo plumaje?

Se publica ahora en ‘Psychological Science’ un informe que revela por qué parece que se encontraba ese chocante resultado: el uso de auto-informes y hetero-informes. Según los autores de este nuevo estudio, ese tipo de informes constituyen un método inadecuado porque los individuos tienden a responder según su grupo de referencia en lugar de en términos absolutos: por ejemplo, un ingeniero introvertido puede percibirse como relativamente extravertido si se encuentra rodeado por amigos ingenieros aún más introvertidos que él”.

Al leer esta declaración casi me caigo de espaldas, pero seguí adelante con determinación.

Su estrategia consiste en preguntar por conductas supuestamente relacionadas con la personalidad. En concreto, usan ‘Facebook likes’ (Me Gusta) sobre, por ejemplo, productos, libros o personas famosas. De aquí se espera extraer las preferencias de los individuos. Además, se sirven de los ‘status updates’ (¿Qué estás pensando?) en Facebook donde los individuos informan de pensamientos, sensaciones o eventos que comparten con sus amigos.

Existen algunos estudios que parecen demostrar que lo que los individuos hacen en las redes sociales permite valorar su personalidad.

A partir de aquí los autores de este artículo:

  1. Estudian a un grupo de individuos de los que disponen de la información de Facebook y de cuestionarios estándar de personalidad.
  2. Construyen una serie de modelos predictivos para vincular los auto-informes de personalidad con los datos de la red social (likes & updates).
  3. Aplican esos modelos a una muestra independiente de parejas y de amigos para obtener puntuaciones que correlacionan para averiguar si se parecen o no.

Las muestras de individuos proviene del proyecto ‘myPersonality’.

La edad media fue de 24 años y seis de cada diez participantes eran mujeres. Se consideraron tres muestras. La primera incluyó mas de 259 mil individuos de los que se consideraron sus ‘likes’ y su personalidad autoinformada. La segunda incluyó casi 60 mil individuos de los que se consideraron sus ‘updates’ y su personalidad autoinformada. La tercera muestra estuvo compuesta por 5 mil parejas románticas y más de 138 mil parejas de amigos.

¿Vuelan juntos los pájaros del mismo plumaje?

La semejanza en ‘likes’ produjo un valor de correlación de 0.24 en parejas románticas y de 0.14 en parejas de amigos. En ‘updates’ los valores fueron 0.38 y 0.24, respectivamente. En el caso de los auto-informes de personalidad los valores fueron 0.10 y 0.06.

No sé ustedes, pero yo no veo aquí ningún emparejamiento por personalidad en parejas o amigos. Veo semejanzas en la información de la red social, pero nada más. Aunque los autores lo niegan de modo vehemente, la similitud en Facebook puede estar inflada artificialmente porque el propio algoritmo de la red social recomienda cosas semejantes a quienes son amigos.

Imaginarán fácilmente que este estudio no me convence nada. Entre otras cosas, no vi por ningún lado la correlación entre la personalidad que se deduce de la red social y del cuestionario. Además, usan una representación claramente tendenciosa en la que la escala va de 0 a 0.5, en lugar de 0 a 1.0.

Finalmente, no encuentro una rigurosa justificación a que la posible semejanza en personalidad en parejas románticas o de amigos desaparezca por efecto del grupo de referencia. El tipo de preguntas en los test estandarizados de personalidad no necesariamente solicita responder según la gente conocida, según las personas con las que solemos relacionarnos, sino según nuestros hábitos de conducta. De hecho, en modelos clásicos de personalidad, como el de J. P. Guilford, se condensan ‘hábitos de conducta’ (que él denomina hexis por razones que ahora no vienen al caso) antes de llegar a los rasgos de personalidad en sentido estricto.

R. B. Cattell posee una batería de ‘test objetivos’ para valorar la personalidad y sería relativamente fácil usar esa información para contrastar la tesis básica de los autores de este artículo. Aunque, desde luego, sería menos cool que usar la información de Facebook.

Quién sabe lo que nos depara el futuro, pero está claro que los psicólogos nos estamos devanando los sesos para encontrar modos diferentes de evaluar los rasgos de la personalidad humana usando nuevos métodos, procedimientos que vayan más allá de los clásicos test de personalidad.

Aunque a lo mejor nos estamos complicando demasiado la vida y tienen razón algunos metodólogos –no me pregunten, no pienso revelar quiénes son los pecadores—cuando sostienen que si queremos saber si alguien es extravertido bastaría con preguntárselo usando una sola y sencilla pregunta.

 

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