Catalunya –por Sergio Escorial Martín

 

 

 

 

 

En esta ocasión no voy a hablarles de cómo van las cosas en mi país. No voy a expresar mi opinión acerca del lugar de la anatomía humana donde considero que se pueden meter los señores del Gobierno sus “brotes verdes” y el comienzo de la recuperación. Especialmente cuando el paro vuelve a subir este mes de Septiembre en 25.000 personas.

Tampoco voy a hablarles del señor Barcenas. Ni siquiera voy a profundizar en la inmoralidad que supone el informe de la Agencia Tributaria acerca de los “supuestos” sobresueldos de altos cargos del PP, cuando manifiesta que de haberse producido los mismos, todos los anteriores al 2007 habrían prescrito y los posteriores al 2008 no constituyen un delito fiscal porque no superan los 120.000 euros. Si, si, esa misma Agencia Tributaria que luego al autónomo al que se le traspapela una factura le mete un buen paquete.
En fin, hoy voy a hablarles de Catalunya.
Hace algún tiempo un amigo de esa hermosa tierra escribió un post acerca de esta cuestión.
Espero se disculpe el atrevimiento de este madrileño que quiere expresar su opinión acerca de algunas cuestiones que parecen preocupar por aquellas latitudes.
La crisis que estamos atravesando no es solo una crisis económica, es también una crisis de moral, de valores, de falta de confianza en las instituciones y en los representantes. Es una crisis que supone un caldo de cultivo idóneo para que se produzcan cambios profundos en la sociedad en general y en el modelo de Estado en particular.
Como nota histórica se podría recordar que las circunstancias políticas, económicas y sociales que facilitaron la aparición de las dos Repúblicas que han existido en España tienen una paradójica semejanza con la situación que nos rodea en la actualidad:
1) una profunda crisis económica
2) un aumento de los movimientos sociales
3) una honda falta de confianza en el Gobierno y en las Instituciones.
Nunca antes los partidarios de una III República en España lo han tenido tan cerca.
Por ir centrándonos en mi razonamiento sobre “la cuestión catalana”, parto de la siguiente premisa: Calalunya es una nación.
Esto no es porque lo diga yo, lo dice la definición de nación de la R.A.E y lo acepta el artículo 2 de la Constitución Española en vigor cuando “reconoce y garantiza el derecho a la  autonomía de las nacionalidades y regiones que integran el Estado”.
Esta constitución de 1978 solo se ha modificado en dos ocasiones, un cambio mínimo en la reforma constitucional de 1992 en el artículo 13.2, y una reforma constitucional para garantizar la estabilidad presupuestaria de las Autonomías y del Estado en 2011 (nuevo artículo 135). Además, se da la circunstancia, para mi relevante, de que todos los ciudadanos menores de 53-54 años de este país nos regimos por una constitución sobre la que nadie nunca jamás nos  ha preguntado, pues el único referéndum realizado hasta la fecha para ratificar la constitución data del 6 de diciembre de 1978.
En algún medio de comunicación he leído que se comparaba el conflicto de Gibraltar con la reivindicación de Catalunya. Nada más equivocado por diversas razones, seguro que históricas, pero también de voluntad. Gibraltar es un territorio británico que es reclamado permanentemente por España. Sin embargo, el gobierno británico en 1967 organizó un referéndum para preguntar por la autodeterminación de los gibraltareños -exclusivamente a los gibraltareños- y la inmensa mayoría (95.8%) eligió libremente seguir siendo ciudadanos británicos. Otra consulta similar fue realizada en 2002 con casi idéntico resultado (99%).
La diferencia es evidente, a los ciudadanos de Gibraltar se les ha preguntado no una, sino al menos en dos ocasiones, mientras que a los ciudadanos de Catalunya no.
Resumiendo, los gibraltareños quieren seguir siendo británicos mientras que los catalanes….
Ah si, no sabemos qué quieren porque no les dejamos hacer la consulta.
Son muchas y diversas las razones con las que se argumenta en contra de que Catalunya pueda si quiera plantear la consulta.
La consulta es ilegal porque no esta en la constitución.
Falso, poder se puede, es sencillo, lo propone el Presidente del Gobierno, lo autoriza el Congreso y lo convoca el rey (artículo 92.2).
Pero claro, hay que tener voluntad para hacerlo, y ganas y sensibilidad hacía lo que realmente quieran los catalanes. En cualquier caso, una reforma profunda a nuestra ya vieja constitución española no le vendría mal, con independencia de lo que suceda con Catalunya.
¿Quiénes votarían en esa hipotética consulta?
En mi opinión todos los ciudadanos catalanes mayores de 18 años.  No tiene mucho sentido que yo vote sobre la autodeterminación de Catalunya ya que yo no tengo ningún conflicto de identidad.
Donde estaría el límite entonces, si “Cataluña” (con ñ!) lo consigue, luego vendrían los vascos, los gallegos., etc.
En mi opinión, cualquiera de las naciones que actualmente integran España podrían iniciar el proceso que han emprendido los catalanes. Eso si, dado que es un viaje sin retorno, yo les pedería a esos ciudadanos que meditarán bien lo que van a hacer. Tienen que estar muy seguros que económicamente e internacionalmente son lo suficientemente sólidos e independientes. No soy economista, pero es posible que España pierda mucho potencial económico si Calalunya se segregara del resto del país, y ese puede ser precisamente el verdadero motivo por el que el Gobierno se opone sistemáticamente a realizar la consulta.
 
¿Con qué resultado en ese referéndum se podría aceptar que Cataluña se separa de España?
Dado que esta decisión es muy relevante yo utilizaría la regla que emplean en el colegio de mis hijos para las decisiones importantes. Tienen que votar al menos 2/3 del censo, y de los votos emitidos al menos 2/3 deben ser favorables a la autodeterminación.
Si Cataluña se separa de España quedará fuera de la Unión Europea.
Depende, es posible que sobre la legislación de la UE sea cierto, pero creo que el Gobierno de España podría hacer mucho para que Catalunya no se quede aislada en el panorama internacional. No hay necesidad de que tengamos que ser malos vecinos.
En resumen, que hay peros y problemas en el viaje que quiere emprender la Generalitat de Catalunya. Eso es seguro. Ahora bien, nada que no se pueda resolver con un poco de voluntad, y sobre todo, ganas de reformar aquellas cosas que nos impiden avanzar hacía el modelo de sociedad que necesitamos y nos merecemos.
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18 comentarios sobre “Catalunya –por Sergio Escorial Martín

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  1. Gracias Félix, estamos de acuerdo en algo lo que siempre es un buen principio. Personalmente, creo que la ideología nacionalista, como cualquier ideología, bajo ciertas circunstancias, se puede extender exponencialmente. Es posible que desde los Gobiernos de España se hayan adoptado medidas que hayan contribuido a esa extensión del nacionalismo en algunos territorios. Yo respeto la opción nacionalista (siempre que esta opción se profese en el marco de la legalidad), aunque no la comparto, que no es exactamente lo mismo que rechazarla. Un fuerte abrazo.

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  2. Es un rechazo político. Y rechazo todos, incluido el que practica el PP enconando el diálogo. Las identidades nacionales apelan a sentimientos muy profundos de los seres humanos, por lo que enturbian el diálogo político y dificultan la convivencia. Del mismo modo que se sacó la religión de la política, debe sacarse la identidad nacional, dejando que se desarrolle culturalmente y buscando sentimientos de pertenencia política más fácilmetne compartibles. Habermas hablaba de patriotismo constitucional. No me convence, pero es una idea.

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  3. Estoy de acuerdo contigo Félix, si fuéramos capaces de dejar fuera cualquier sentimiento profundo, llegar al acuerdo en las decisiones políticas y la convivencia en general serían mucho más fáciles. El problema es que todos esos “sentimientos profundos” se entremezclan para constituir nuestra identidad individual. Yo no renunciaría a la mía, y tampoco le pediría a nadie, ni siquiera a un político, que lo hiciera. Por otro lado, con mucho respeto, voy a cuestionar tu afirmación de que la religión se ha sacado de la política. En mi opinión, basada en algunas leyes recientemente modificadas y en los presupuestos generales del estado para el 2014, sencillamente esto no es cierto. Y ya para acabar, me gustaría documentarme más acerca de la idea de “patriotismo constitucional”….A lo mejor estoy muy equivocado pero me suena que para llegar a ese patriotismo es necesario una constitución que lo suscite y lo haga extenderse y crecer. Desde luego, la vieja constitución de 1978, en mi opinión, no serviría para tan pretenciosa misión. Como siempre, un abrazo fuerte.

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  4. Sergio, en primer lugar, mi más sincera enhorabuena. Especialmente por tratar el tema de una forma tan respetuosa, y a mi modo de ver, bastante acertada.

    Estoy bastante de acuerdo en el análisis que haces de las causas que nos han llevado hasta aquí, aunque habría que añadirles las históricas. Llegados al punto de la profunda crisis económica, el aumento de los movimientos sociales y la crisis de confianza, los catalanes hemos decidido tomar la iniciativa.

    La sociedad catalana se ha caracterizado históricamente por un gran civismo y capacidad de organización. El canto coral se introdujo en la península a través de los coros de Clavé. Ídem los ateneos culturales. De eso estamos muy orgullosos. Dicho esto, y hartados de la casta política, hemos formulado un proyecto ilusionante. Y ese es el motor del movimiento independentista: la ilusión.

    La consulta seria perfectamente legal, y deberíamos votar solo los catalanes. Lo explicas muy bien y 100% de acuerdo.

    Me sorprende, y muy gratamente, el diagnóstico que haces acerca del impacto de Catalunya en la economía de España. El estado se puede permitir el concierto vasco porqué representa un porcentaje muy pequeño del PIB total. Sin embargo, sin un 20% y la capacidad exportadora de Catalunya (más del 25% del total), la capacidad de recuperación de España, y sobretodo, el poder pagar la deuda, ser verían gravemente en entredicho. Y efectivamente también nosotros sospechamos que ese es uno de los motivos para negar la consulta. El otro es porqué muy probablemente ganaría el sí.

    Respecto a los porcentajes, no me preocupan mucho. En las últimas elecciones votó casi el 70% del censo, un récord de participación. Los porcentajes son una trampa para que luego el “unionismo” llame a la abstención. Si realmente se quiere promover la participación, no pongas una cifra. Y respecto al porcentaje de sí y de no, ¿porqué no un 50% más 1 voto? ¿Acaso no sería la fórmula más democrática?

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  5. Y finalmente, respecto a si quedaría Catalunya fuera de la Unión Europea, creo que a muchos nos preocupa poco. Por diversas razones:

    – La primera es que ahora ya tenemos un pasaporte español, y la nacionalidad no se puede retirar. Así pues, seguiremos siendo ciudadanos europeos. A ver quien es el listo en Europa que expulsa a siete millones de ciudadanos de la UE, imagínate que ejemplo para el mundo! Simplemente por haber votado!

    – La segunda es que España debería plantearse si podría seguir en la zona Euro sin Catalunya. ¿Cumpliría todos los criterios? Lo dudo. ¿Podría pagar toda su deuda sin reconocer a Catalunya? Lo dudo. Si España nos vetase el ingreso en la UE, inmediatamente pondríamos aranceles en la frontera. A España no le conviene. De hecho, a ninguno nos conviene.

    Y ahí precisamente estan las dudas en la comunidad internacional. Nadie duda que una Catalunya independiente puede ser perfectamente viable, como una Dinamarca o una Austria, pero ¿y España? Si cae España se hunde el Euro.

    Y este es el hilo del que quiero tirar y que conecta con lo que decías al principio. España necesita una profundísima reforma. ¿Qué tal si somos el catalizador? España no puede vivir del BOE, debe internacionalizar su economía, salir de las garras de la casta (e.g. Florentino Pérez, la planta Castor y los terremotos), y desarrollarse como un país moderno.

    Con todos mis respetos, creo que te equivocas cuando hablas del viaje que quiere emprender la Generalitat de Catalunya. Es el pueblo, es un movimiento de abajo a arriba. Es una auténtica revolución. Es una ruptura con el franquismo, cosa que en España necesitáis como agua de Mayo. Es romper el sistema, romper la baraja para refundarla. Con un proyecto transparente, cercano, serio, moderno, integrador, en fin… ilusionante.

    A estas alturas ya es tarde para que podamos quedarnos. Ni el estado (no así los españoles) tienen ganas de solucionar el asunto, ni nosotros nos vamos a creer lo que nos ofrezcan. Ya nos han traicionado y engañado demasiadas veces.

    Estoy convencido que seremos mucho mejores vecinos y amigos que compatriotas. Nos unen demasiadas cosas.

    Un fuerte abrazo.
    David

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  6. Muchas gracias David!
    No dudo que en mi post pueda existir alguna errata, a fin de cuentas, yo no vivo la realidad de Catalunya y tu estás inmerso en ella. Te agradezco mucho tus comentarios y son un claro ejemplo de lo fácil que sería llegar a acuerdos si las cosas dependieran de personas como tú y yo.

    Te explico la razón por la que he puesto la regla de los 2/3. El curso pasado, en el colegio de mis hijos, los padres tuvimos que votar acerca de si queríamos horario ampliado (solo de mañana) o un horario estándar (mañana y tarde). Dado que la casuística y motivaciones de cada familia puede ser muy variada y que esa decisión afectaría a todas las familias, pues no se podrían mantener los dos horarios simultáneamente en el mismo centro, la Consejería puso esta regla, para cambiar el horario del Centro deberían votar al menos 2/3 de los padres censados y de los votos emitidos 2/3 tenían que ser favorables al cambio. El 80% de los padres votaron y de los que votaron, el 85% quería el cambio. De esta forma, el 20% que no votó y el 15% que voto en contra, han tenido que adaptarse a la nueva situación y aceptar la voluntad de una inmensa mayoría.

    Ahora vamos a pensar en Catalunya. Es probable que en tu país haya también personas que quieren seguir perteneciendo al estado español. Si como propones, la decisión independentista se basará en un resultado del 50% más 1 voto, vivirías una situación de tremenda inestabilidad política que no es deseable para iniciar un proceso de tal envergadura. Haciendo un ejercicio de reducción al absurdo, bastaría con que dos independentistas cambiaran de idea, o cualquier otra circunstancia menos deseable, para dar la vuelta al sentido de esa dirección…¿No crees que el caso de un hipotético resultado del 50.001% para la independencia frente a un a 49.999% traería una tremenda inestabilidad a Catalunya???

    Un fuerte abrazo!

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  7. En España conviven más de 47 millones de personas.

    En Cataluña residen 7 millones y medio de, por ahora, españoles.

    Un millón setecientos treinta y cinco mil ciudadanos residentes en Cataluña votaron el año pasado a partidos que, en principio, apoyan la opción secesionista.

    Un millón seiscientos veintiocho mil ciudadanos residentes en Cataluña votaron el año pasado a partidos que, en principio, rechazan la opción secesionista.

    Se abstuvieron algo más de un millón seiscientos mil ciudadanos catalanes.

    https://robertocolom.wordpress.com/2012/11/catalanes-2012.html

    Me pregunto si es razonable que un millón setecientos treinta y cinco mil ciudadanos residentes en Cataluña decidan el futuro de más de siete millones de personas, y, para el caso, de más de 47 millones de personas.

    Me pregunto si ese millón setecientos treinta y cinco mil ciudadanos residentes en Cataluña desea castigar a más de 47 millones de compatriotas porque un puñado de representantes políticos se hayan portado mal.

    Dice David: Ni el estado (no así los españoles) tienen ganas de solucionar el asunto, ni nosotros nos vamos a creer lo que nos ofrezcan. Ya nos han traicionado y engañado demasiadas veces.

    Le pregunto a David: si los españoles tienen ganas de solucionar el asunto (y el texto de Sergio así lo atestigua)¿por qué castigarles a todos por culpa de un puñado?

    A esos españoles a quienes David tiende una mano de amistad les resulta desgarrador que se les culpe de pecados de los que no son responsables.

    Somos muchos los españoles (aseguraría que la abrumadora mayoría) que amamos Cataluña. A esos españoles les produce verdadero dolor concebir una península ibérica en la que compañeros de viaje de largo recorrido ya no estén. Son parte de nuestra familia y las personas de bien desean que las familias permanezcan unidas.

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  8. Roberto,

    Entiendo y creo que puedo compartir tu preocupación. Tampoco dudo que muchísimos españoles quieran tender una mano, como bien dices.

    El día que vea una manifestación en Madrid o una multitud de españoles clamando por la hermandad con Catalunya, entonces me replantearía mi decisión personal de irme. Y esa hermandad debería cambiar la concepción del estado y refundarlo desde abajo.

    El estado de ánimo de los que votaríamos sí es que ya no nos creemos ninguna oferta que nos hayan hecho. La posibilidad de arreglar esto de forma amistosa era el Estatut, y ya vistéis como acabó.

    Con todo mi pesar, dudo mucho que eso pase. Desgraciadamente la conformidad social correlaciona negativamente con la inteligencia (ya tengo datos empíricos!) y ya sabes cual es la media de la población.

    Y sí, las personas de bien desean que las familias estén unidas, pero cuando tu marido te maltrata sistemáticamente y encima te dice que te lo mereces y lo hace porqué eres suya… es normal querer irse, ¿no?

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  9. También somos muchos los españoles que, desde el más absoluto civismo y respeto, estamos ya cansados de este asunto, hasta el punto de que, sin desear en absoluto la segregación, hemos llegado a contemplarla como la opción menos mala. Nos hemos llegado a creer, aunque solo sea a fuerza de escucharlo una y otra vez y de ver las manifestaciones -ciertamente impresionantemente concurridas-, que la situación es insostenible y que no hay manera de arreglarla. Si, como tantas veces se dice, comparamos esto con un matrimonio, es cierto que cuando una de las dos partes se quiere ir, está completamente segura y no hay forma de que cambie de opinión, lo mejor es que se vaya lo antes posible. ¿Para qué seguir sufriendo? Muchos españoles tenemos la sensación de que incluso si, con mucho esfuerzo y mano izquierda, se llegara a un entendimiento que no pasara por la separación, cualquier solución sería provisional. A la siguiente crisis económica, en el momento en que las élites catalanas volvieran a necesitar tapar sus propias miserias y corruptelas, volvería a sonar el clamor separatista. Además, por definición, la pertenencia a un país implica aceptar la solidaridad entre sus territorios, y, naturalmente, esto siempre se podría interpretar en clave “España nos roba”. No es sostenible. Busquemos una solución estable, asumamos ya la separación. Cuando expongo este sentimiento, de cierta resignación serena, este cansancio, a mis amigos catalanes, me da la sensación de que se decepcionan. Casi diría que querrían más drama y rechinar de dientes. No, de verdad, no queremos poner puertas al campo.
    Dicho esto, permítame un apunte. Lo de “cuando vea manifestaciones multitudinarias en Madrid declarando amor a Cataluña igual me lo pienso” suena mucho, y perdóneme, a esos calificativos que tan poco les gustan: victimismo y chantajismo. Poner condiciones inverosímiles como requisito para retirar las amenazas no da precisamente credibilidad. Se lo digo con toda tranquilidad, pero también con toda sinceridad.
    Y naturalmente, cuando llegue el momento tendrán el problema nada desdeñable de cómo gestionar a esa enorme proporción de su población que no está a favor de la separación. ¿Estarían dispuestos, llegado el caso, a respetar la “voluntad democrática” de regiones catalanas que quisieran permanecer en España? Sospecho que la respuesta es no, pero en fin, ese será su problema. Respecto a Europa, permítame que discrepe de nuevo, pero me parece ingenuo pensar que España, al menos en los primeros años o décadas, no vaya a vetar el ingreso en la UE del nuevo Estado Catalán. Lo dudo mucho. Será todo bastante penoso y empobrecedor para todos pero, en fin, ustedes mismos. Mucha suerte.

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  10. Sergio, la separaciòn Iglesia Estado en lo fundamental está lograda en toda Europa que ya no se rige por el famoso cuius regio, eius religio. Eso sí hay grados porque no es tan sencillo: desde Suiza, en donde apenas existe separación, hasta Reino Unido, con Reina cabeza de la Iglesia de Inglaterra, hasta España que optó por lo aconfesional.

    Por otra parte coincido con anónimo casi al 100%. La larga respuesta de David está llena de argumentos falaces y uso distorsionador del lenguaje, acompañada de esa mirada entre disciplicente y despreciativa al resto de España. Huele al tradicional victimismo. Desde luego creo que se debiera hacer el referendum como se hizo en Canadá y se va a hacer en Escocia, pero no sé si se hará. Y tampoco sé si el resultado resolvería el problema. Supongo (los datos que ofrece Roberto son importantes) indican que perdería el independentismo y en esa posibilidad no creo que cesara ese discurso del que el texto de David es un buen ejemplo.

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  11. En esta ocasión Félix lamento discrepar. En el fondo esto tampoco es cierto. Soy un ser humano que disfruta con la propia discusión cuando, como es el caso, el intercutor es alguién como tú. Dicho esto, al lío:

    La Constitución de 1978 define España como un Estado aconfesional, esto es cierto. Pero en la práctica la aconfesionalidad no se cumple. Se trata simplemente de una de las numerosas falsedades o inexactitudes que contiene el citado documento. Claro que en España se concede por parte de nuestros políticos una prioridad a la religión católica. Para muestra un par de botones:

    http://www.huffingtonpost.es/2013/09/30/presupuestos-iglesia-catolica_n_4016001.html

    http://www.huffingtonpost.es/2013/09/30/presupuestos-generales-2014-curiosidades_n_4017930.html

    Y claro que se legisla sobre la base de concepciones estrictamente religiosas. Ver las modificaciones introducidas recientemente en la ley para la interrupción voluntaria del embarazo.

    En resumen, lo de que España es un estado aconfesional es algo que queda muy bonito sobre el papel, pero la realidad -en mi opinión- es muy distinta.

    Volviendo al debate sobre la cuestión catalana. Yo no dudo que los datos de Roberto sean erroneos. Es más, como buen investigador que es, seguro que ha sido meticuloso en la recolección de los mismos y en la consulta de fuentes fiables. Pero en mi opinión, la consulta si ayudaría a encontrar soluciones al conflicto. En primer lugar, dejaríamos de establecer inferencias o conjeturas en base a otro tipo de datos o creencias y sabríamos lo que realmente opinan de esta cuestión los catalanes. A partir de ahí, a trabajar, pero conociendo la realidad.

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  12. Estimados anónimo y Félix,

    Victimismo es quedarse en un rincón lamentándose sin hacer nada. Creo que intentar votar (votar!!!) no es algo por lo que podamos ser llamados victimistas. Siento discrepar tanto en esto.

    Y por cierto, no he dado ninguna cifra de manifestación para precisamente no parecer inverosímil, pero si tan difícil resulta reunir (por ejemplo) 5.000 personas en toda Madrid que esten dispuestos a apoyar un punto de vista como el nuestro, mal vamos.

    Las acusaciones y las insinuaciones de victimismo son una falta de respeto. No lo queréis ver, o no podéis verlo porque os cuesta poneros en nuestra piel, pero no queremos retirar una amenaza, porqué no hemos amenazado a nadie. No hemos dicho, “eeeh, que si no nos dáis lo que pedimos nos vamos!”. Eso lo habrá dicho Duran i Lleida, o Pere Navarro, o la Vanguardia. No son portavoces adecuados del sentir catalán. Y de ahí que Roberto en su día me invitara a escribir el post, o el comentario de Sergio. Hay vida más allá de la Vanguardia (o es que debo creer que no hay vida más allá de El Mundo).

    Simplemente muchos ya estamos hartos de que nos digan que por querer defender lo que nos corresponde somos unos victimistas. Y punto pelota. La dignidad ni se toca ni se negocia.

    Efectivamente cuando la pareja no funciona, más vale dejarlo amistosamente.

    Y por cierto, quizás sea doloroso empezar un nuevo estado, pero no creo que España esté en condiciones de vetar nada. Si queréis hablemos de deuda, hablemos de representación en las instituciones europeas, hablemos de aranceles sobre las exportaciones españolas que pasen por Catalunya. Si queréis confrontación habrá, pero al final habrá un acuerdo. Aquí y en cualquier parte, y se llama Realpolitik.

    Sergio, respecto a los porcentajes, entiendo la decisión de la escuela, pero en este caso los precedentes existentes podrían servir. ¿Qué tal aceptar los de Kosovo? A mi me servirian, pero España aún no ha reconocido internacionalmente a Kosovo. Tenemos un problema.

    Roberto, tu articulación me parece impecable, y solo tengo una objeción que creo compartirás, y es que mezclas churras con merinas. No se pueden mezclar los votantes del censo por un lado a los habitantes del otro. Y por cierto, la atribución de una opción secesionista o unionista a cada partido es arbitraria. Hay votantes de ERC que no quieren la independencia, igual que hay votantes del PP que si la quieren.

    ¿Porqué no podemos contarnos con una pregunta sencilla y una respuesta binaria?

    Cuando algo tan radicalmente democrático como esto genera todo este debate, el país no va bien.

    Un fuerte abrazo,

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  13. ¿Por qué no proponer una consulta entre los españoles para saber si apoyan (o no) que los residentes en Cataluña puedan hacer su propia consulta? Sería un modo (democrático) de saltarse los intereses (anti-democráticos) de la triada de la muerte (financieros, periodistas y políticos) que enturbian claramente el panorama. Y, desde luego, yo sería partidario de que en ambas consultas quien ganase lo hiciese por mayoría para que el resultado tuviese la validez deseada (Sergio tiene razón). Saludos, R

    P.S. Mezclar es mi especialidad.

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  14. Si van acompañadas de una campaña informativa seria acerca de las consecuencias (e.g. sin afirmar que “si os independizáis, os echaremos del sistema solar”), estamos de acuerdo.

    Respecto a los resultados, me inclino por los de Quebec o Kosovo.

    D.

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  15. Pido disculpas por firmar como “Anónimo”, lo mantengo en mi réplica para, paradójicamente, poder ser identificado como el autor del comentario anterior.

    En mi opinión, victimismo es, por ejemplo, llevar por bandera una larga lista de agravios históricos y de “dignidades” lesionadas que al resto del mundo (en eso estamos de acuerdo) le cuesta mucho ver.

    Curiosamente omite usted contestar a mi pregunta de si, llegado el caso, estaría dispuesto a respetar una voluntad “radicalmente democrática” de partes de Cataluña que expresaran su deseo de seguir perteneciendo a España.

    Igualmente es curioso que se permita posiciones tan emocionales como “la dignidad no se toca y punto pelota” para amparar a cualquier coste la separación, pero confíe en una futura “Realpolitik” española para favorecer la adscripción de Cataluña a la UE. Podemos hablar todo lo que usted quiera de aranceles, costes, etc. Desde el primer momento le he dicho que España tiene mucho que perder, creo que somos todos conscientes. Lo que no está tan claro es si usted es consciente de lo que perdería Cataluña.

    En todo caso, dado que podemos embuclarnos eternamente en este tipo de acusaciones mutuas, para resumir, le repito que algunos españoles estamos con ustedes: apoyamos la consulta (en eso le doy toda la razón, no hay nada malo en preguntar) y, si se demuestra razonablemente mayoritario el deseo de separarse, habrá que asumirlo. Con un coste muy alto para las dos partes, permítame que insista, porque me parece que en este punto peca usted de cierta ingenuidad.

    Con todo, hay un aspecto fundamental -apuntado en otro comentario- que habría que dejar claro. ¿Qué pasaría si se realizara la consulta y la conclusión fuera que el deseo mayoritario de los catalanes, por las razones que fueran -sentimentales o pragmáticas-, es permanecer en España? Sinceramente, ¿cree usted que estaríamos ante un escenario estable? Mucho me temo que en muy pocos años estaríamos en las mismas. Espero que no le ofenda si digo que una postura del tipo “si no sale lo que yo quiero pienso seguir insistiendo hasta que salga, o amagando con insistir” es ventajista y abusiva. Si se planteara seriamente una consulta o referéndum, sería justo dar algún tipo de garantía en ese sentido, ¿no le parece?

    Es muy importante poner todas las cartas encima de la mesa si, de verdad, queremos plantear estas cosas en serio.

    Un saludo cordial.

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  16. Evidentemente que somos conscientes de los riesgos y beneficios que conlleva todo esto.

    Y por cierto, evidentemente que aceptaremos el resultado que salgan de las urnas, sea el que sea. Otra cosa no sería demócrata.

    Como tampoco sería demócrata limitar la votación a una sola vez. Si pasan los años y se vuelve a plantear la cuestión, ¿qué problema hay? Los independentistas quebecois han perdido el referéndum 2 veces y nadie se rasga las vestiduras.

    Ni chantaje ni abusos ni coacciones por ninguna parte. Simplemente se trata de poder votar las cosas.

    Un saludo muy cordial

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