Scott Barry Kaufman y la redefinición de la inteligencia

Este psicólogo de la Universidad de Nueva York acaba de publicar el libro ‘Ungifted: Intelligence redefined’. Con esa excusa, Sarah Green le entrevista para la Harvard Business Review.
A los norteamericanos les encanta eso de promocionarse, especialmente si formas parte del excelso círculo de Harvard. Hay que vender productos a los incautos. El mercado del mundo está ahí. No servirse de él sería estúpido.
Kaufman sostiene que existe una gran cantidad de capacidad intelectual oculta en un número enorme de gente. Centrándose en casos particulares, como los llamados ‘idiotas sabios’(para variar) este psicólogo resalta sus habilidades especiales y el hecho de que su existencia obliga a re-conceptualizar nuestro modo de entender la inteligencia humana.
Ante la obvia pregunta de Green, Kaufman se desmarca de las perspectivas de Howard Gardner o Robert Sternberg subrayando el error de comparar personas. Rechaza la perspectiva de las diferencias individuales y propone centrarse en el individuo particular. Comparar la inteligencia de un individuo con alguna clase de estándar es, para él, erróneo.
Declara: “creo que hay un número infinito de inteligencias”.
Gardner es un aficionado a su lado.
Recurre a los viejos clichés de que una puntuación de CI encasilla al individuo, le pone una etiqueta que influirá decisivamente en la percepción que tiene sobre sí mismo. De hecho, llega a afirmar que si esa etiqueta concluye que la persona posee un bajo CI, se promoverá una profecía que le impedirá superar las limitaciones que supuestamente conlleva su reducida puntuación. Se reducirá su motivación y se implicará menos en actividades intelectualmente estimulantes.
Naturalmente esta perspectiva recuerda peligrosamente a Pigmalión.
Las potencialidades de la gente cambian durante el ciclo de la vida, dice. Hay muchas desviaciones respecto a las predicciones de carácter grupal y Kaufman se centra en ellas para intentar demostrar que debemos prestar atención al caso individual.
El autor pretende, según comenta, inspirar a quienes se sienten presos de las etiquetas (como fue su propio caso personal) para que puedan superarlas, para que ignoren las expectativas que los demás tienen sobre ellos y sigan su propio camino. Como hizo él.
No sé a ustedes pero a mi este argumento me resulta intrínsecamente contradictorio. A Kaufman le convencen de pequeño de que es un zote, pero (por razones desconocidas) logra sobreponerse a ese diagnóstico y acaba siendo profesor de la Universidad de Nueva York. Ergo, la etiqueta no tuvo, de hecho, demasiado efecto sobre él, ¿no?
Una de las estrategias que propone es sustituir la evaluación en la escuela por mecanismos para incrementar la inspiración de los estudiantes. La escuela no permite que los chicos sean autónomos, sino que les obliga a ajustarse a un estándar y eso, según él, asesina lo que denomina ‘pasión armoniosa’.
No hay nada más eficiente que inventarse términos que suenen bien para que tengamos detrás a una pléyade de educadores deseosos de acabar con el establishment citando a algún psicólogo norteamericano entrevistado por un prestigioso medio como la HBR.
Tiempo al tiempo, pero no tardaremos en encontrar artículos (periodísticos o no) glosando el carácter revolucionario de la perspectiva de Kaufman. Y, por supuesto, condenando el trabajo de los psicólogos que consideran que la medición es esencial para el avance de nuestro conocimiento científico sobre un atributo tan importante en nuestras vidas como la capacidad intelectual.

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3 comentarios sobre “Scott Barry Kaufman y la redefinición de la inteligencia

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  1. Pues sí, Roberto. Otra vez nos enfrentamos con quien vende esperanza a cambio de ignorar la realidad, y eso es tanto o más dañino que lo que presuntamente este señor combate. El romanticismo educativo está siempre a flor de piel, y quien sabe atraerlo se pone las botas.

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  2. El problema, JC, es que se ponen las botas a costa de los demás, no se trata de una estrategia inocua. Como dice Hunt sobre la obra de Kauffman, hasta podría ser interesante si evitase vender humo, un humo que él sabe que la gente desea respirar. Muchos casos individuales no son datos, algo que también nos recuerda Hunt. Saludos, R

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