La decadencia – Parte I –por Sergio Escorial Martín

 

 

 

 

 

Escribía Albert Einstein: es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.

Posiblemente esta cita, como casi todo, puede ser interpretada de muchas formas, pero, en mi opinión, es una llamada a la lucha activa, pues presenta las crisis como una oportunidad de cambio, una oportunidad para modificar aquello que está en franca decadencia.
En alguna ocasión algún lector de este blog ha criticado alguna de mis anteriores reflexiones por describir simplemente las cosas que iban mal y no proponer ninguna alternativa constructiva. En esta ocasión voy a tocar solamente un aspecto en decadencia en nuestro país apuntando alternativas de cambio.
La política está en decadencia
Y no lo está por los casos de corrupción que saltan diariamente a los medios de comunicación: contabilidades en B, financiaciones ilícitas de partidos políticos, cuentas en Suiza, fraudes con la tramitación de los ERE´s o presidentes de autonomías que veranean con conocidos narcos y que se ven afectados de un preocupante cuadro de amnesia (que los debería incapacitar para el ejercicio de sus funciones).
Todos los que nos han gobernado –ya sean los de las gaviotas, los de los capullos u otros – en las distintas administraciones (central, autonómica y municipal) han presentado escándalos de esta índole.  La realidad es que, al final, tendremos que dar la razón a Henry Kissinger cuando decía muy cínicamente que uno de los principales problemas de la política era que “el noventa por ciento de los políticos dan mala reputación al diez por ciento restantes”. Todos estos casos, con ser muy graves e inmorales, no son más que un síntoma de esta decadencia de nuestro sistema político, pero no son su causa.
Domico Fisichella, profesor de Ciencias políticas de la Universidad de la Sapienza (Roma) expone que la decadencia política se manifiesta en una incapacidad del sistema político para afrontar las dificultades que atraviesa el pueblo y dar respuestas efectivas encaminadas a solventar los principales problemas de la población. El eminente politólogo señala, además, que una de las principales causas de esta decadencia política es la divergencia que se produce cuando la casta política se constituye en una élite económica respecto al resto de la masa de la población. Se alejan de los problemas de la gente cotidiana, olvidan el precio de un café en la calle, o de cuánto cuesta llenar el depósito de gasolina, no tienen la vivencia del drama que supone perder tu vivienda o tu trabajo. Es decir, pierden representatividad pues solamente se representan a ellos mismos y a sus interés, en lugar de a los millones de incautos que confiamos en alguno de ellos. Pierden la capacidad de valorar los problemas del pueblo ya que no son los suyos. En resumen, son una élite económica, sí, pero una élite disfuncional, y lo que es peor, financiada por todos.
Cambiemos esto. Está en nuestra mano hacer que nuestro país tenga una clase política honesta y digna de nuestro pueblo. Hagamos que la actividad política no pueda ser vista como un camino para hacerse rico de manera rápida e inmoral. El día que esto suceda tendremos políticos con una marcada vocación de servicio a la ciudadanía y no la clase de chorizos con los que contamos hoy.
En primer lugar, reducción drástica del número de políticos y de sus retribuciones económicas fijándolas al doble del salario mínimo interprofesional del país.
Cuando sean capaces de subir este salario, se estarán subiendo el sueldo a ellos mismos y a todos los trabajadores. En relación con esto, eliminación de todas las dietas o equiparación, en su defecto, a las del resto de funcionarios públicos. Eliminación de coches oficiales, asistentes personales, asesores y secretarias/os a cargo de los diputados. Si a los diputados (o al resto de políticos con un cargo electo)  los vamos a pagar los contribuyentes, no hay ninguna razón para financiarles una vida de lujo. En este sentido, Suecia es un ejemplo a seguir como se puede ver en este interesante vídeo:
En segundo lugar, no todo vale en política para ganar unas elecciones.
Propongo dotar a los programas electorales el estatus de contrato vinculante de manera que cuando un gobierno lo incumpla se vea obligado, en primer lugar, a dimitir en bloque, y, en segundo lugar, dar opción a que se puedan pedir responsabilidades legales ante los tribunales de justicia.
Estamos cansados del “donde dije digo, digo diego” y que aquí no pase nade. Conozco a un director de departamento que se presentó a las elecciones a director con la intención de impulsar un Master específico de ese departamento. Cuando no lo pudo conseguir por las trabas que ponía la propia institución, convocó un Consejo de Departamento y dimitió, poniendo el cargo a disposición de los miembros del departamento. Esa debería ser la norma y  no la excepción.
En tercer lugar, es necesario un cambio en la ley de partidos en varios aspectos:
1) Hay que exigir democracia interna en todos los partidos, y una democracia real, es decir, las diferentes listas serán elegidas por todos los militantes de base, y por tanto serán listas abiertas
2) La financiación de los partidos recaerá fundamentalmente en las cuotas de los afiliados. No se podrán conceder subvenciones públicas a los partidos, y los bancos podrán ofrecer créditos en las mismas condiciones que al resto de empresas  e instituciones. Estos créditos serán públicos y deberán estar detallados en el BOE. Las entidades bancarias tendrán prohibido condonar estas deudas
3) Habría que hacer que la nueva ley de partidos prohibiese prácticas que, aunque puedan ser legales, son inmorales, como que algún familiar directo obtenga beneficios económicos de esa administración, e incluso, debería  ir más allá sacando a los políticos del poder judicial. Nos merecemos una justicia imparcial e independiente. No es muy de recibo que en un momento en el que van a empezar a llover demandas contra la banca acceda al Supremo el director jurídico de La Caixa, por ejemplo.
En cuarto lugar, es necesario cambiar también la Constitución y la Ley electoral en varios puntos:
1) No es justo que el sistema electoral conceda más peso a un ciudadano de Catalunya o de Euskadi que a un ciudadano de Extremadura. Un ciudadano un voto, con independencia de su lugar de residencia.
2) Se debe limitar el número de mandatos en cualquier administración a dos legislaturas. Después vuelves a tu profesión habitual y nada de sueldos vitalicios.
3) Hay que modificar varios apartados de la constitución para reflejar estos aspectos, pero habría que incluir que, a petición popular, presentando más de un millón de firmas, cualquier decisión política debería someterse a referéndum y contar con el voto favorable de la mayoría de los ciudadanos (p.e. la reforma laboral, la reforma educativa, los presupuestos generales del estado, o por qué no, la independencia de cualquier territorio). Es decir, hay que dar más peso a los ciudadanos en las decisiones políticas, especialmente en aquellas importantes para sus vidas cotidianas.
Finalmente, es necesario modificar el código penal para que los delitos de corrupción de los políticos sean tratados como “crimines contra el Estado”.
Las personas condenadas por estos delitos deberán cumplir la pena íntegramente sin posibilidad de reducciones, ni muchísimo menos de indultos por parte de ningún ministro del mismo color político. Además, a la hora de estipular la pena de prisión (necesariamente de prisión) se debería multiplicar por dos la sanción tipificada en el caso de que el condenado fuese un cargo político electo.  En resumen: tolerancia cero con la corrupción.
 
Claro que en España hay más cosas en decadencia, como, por ejemplo, la monarquía española, nuestro sistema financiero o nuestro sistema educativo, pero tengan paciencia, espero poder seguir expresándome en este blog.
Termino con una frase del teniente Somerset (Morgan Freeman) “Ernest Hemingway escribió una vez: “El mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar”. Estoy de acuerdo con la segunda parte”.
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10 comentarios sobre “La decadencia – Parte I –por Sergio Escorial Martín

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  1. No puedo estar más de acuerdo con lo que analizas magistralmente. Y especialmente en el hecho de que no te limitas a denunciar la decadencia sino que expones, con enorme claridad y orden, soluciones que resultan simples y racionales. Parece mentira que cueste tanto llegar a implementarlas.
    Pero, como muy bien dices, el escollo se encuentra en que hemos dejado el país en las manos de una gente que, en primer lugar, procedía de cuarenta años de corrupción extrema y en segundo lugar nunca han dejado de obedecer a los lobbys. Estos son los que han dirigido el país influyendo en la administración y dirigiendo la política para hacer que la legislación beneficie los intereses de las compañías que los forman. Nos hemos limitado a votar cada cuatro años sin saber a quienes votábamos ni para qué. Ya va siendo hora de acabar con todos esos politicastros que solo han hecho política y que se aferran a eso sabiendo que fuera no hay vida para ellos. Nuestros políticos, gracias a las listas cerradas y a la torpeza de los electores, no se han tenido que preocupar de enterarse de lo que necesitaba el pueblo y se han dedicado a preocuparse por lo que quería el que confeccionaba las listas en el partido de turno.
    Por otra parte el Sistema D’Hondt ha permitido esa farsa de la alternancia.
    Esos lobbys se han encargado de adormecer a los ciudadanos y de anular no una sino varias generaciones. Y de agarrarlas por los huevos con una especie de “sueño celtíberocarpetovetónico” copiado del “sueño americano”.
    Ahora nos toca intentar reparar los cuarenta años del franquismo y los cuarenta de la “pseudo democracia”.
    No cabe duda de que es imprescindible la lucha. Y en tu artículo la planteas de forma magnífica.
    Es cierto que vale la pena luchar por el mundo, aunque, de momento, no sea aún un buen lugar. En cualquier caso no tenemos otro. Y lo preocupante no es pensar en el mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, sino en los hijos que le vamos a dejar a nuestro mundo.
    Aguardo con impaciencia la continuación.

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  2. Las soluciones que planteas seguro que mejoraban nuestra sociedad. El problema es que resulta muy complejo que lleguen a instaurarse. El sistema está hecho de tal forma que difícilmente se le puede cambiar. Cada uno tiene ya su sitio asignado en la sociedad y de ahí difícilmente te mueves. Lo triste quizás es que se ha tomado conciencia de todos estos problemas de la sociedad cuando ha faltado el dinero. El consumo (y los falsos mensajes de prosperidad) han servido como anestesia.

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  3. Lamento ser pesimista, pero tengo serias dudas sobre la viabilidad de cambiar algo realmente importante.

    Un ejemplo sobre por qué tengo esta percepción: en mi comunidad de vecinos somos 240 seres humanos, en su mayor parte con sus respectivas familias.

    El administrador nos convoca una vez al año para tratar temas que nos afectan directamente, que están profundamente relacionadas con nuestro día a día (no en vano son cuestiones que se refieren a nuestros hogares).

    Pues bien, el número máximo de vecinos que acude a esa reunión anual no suele superar la cifra de 12 (en letra, doce).

    Más claro, agua.

    Saludos, R

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  4. Hola a todos y muchas gracias por vuestros comentarios:

    – Muchas gracias por su feedback Maestro Valverde. Las palabras nunca son neutras, cobran más o menos relevancia -entre otras cosas- en función de la persona que las pronuncia. Por esta razón sus palabras son muy valiosas para mí.

    – Herrero, hay un refrán que ilustra a la perfección el fondo de tu primer mensaje: “cuando en dinero no entra por la puerta, el amor salta por la ventana”….Tienes razón en que hemos estado dormidos durante mucho tiempo, pero nos han despertado a base de golpes, así que encima nos hemos despertado de mala leche….que se preparen!

    – Rob, amigo y mentor, la esperanza es de las poquitas cosas que el gobierno no ha recortado por real decreto, no nos la recortemos a nosotros mismos. El cambio será un proceso lento y seguramente no exento de controversia y debate. Pero tranquilo, tengo la seguridad de que lo verás con tus propios ojos…..algo que para un científico es importante. Ese día nos tomaremos una cerveza bien fría y recordaremos esta conversación. Por otra parte, para solucionar los problemas de absentismo de tu comunidad, dado que tus vecinos no muestran una motivación intrínseca por las estimulantes reuniones, probar a instaurar la motivación extrínseca, subir la cuota de la comunidad de vecinos un 15% a los que no asistan a dichos encuentros. A lo mejor de esta manera los vecinos, como por ejemplo Herrero, se plantean lo de asistir a las reuniones de la comunidad, aunque solo sea para que no les toquen el bolsillo.

    – Jose Carlos, ¿Cómo ponemos el cascabel al gato? Es una pregunta más que relevante compañero. En mi opinión, en realidad el proceso ya ha comenzado. Como casi todos los procesos sociales, lo ha hecho tan lentamente que apenas somos conscientes de ello. El primer paso para solucionar un problema es ser consciente del mismo, el segundo tener la voluntad de querer cambiarlo, el tercero proponer soluciones alternativas….Estos tres pasos ya se han conseguido……El proceso culminará cuando una masa de ciudadanos con un programa electoral que recoja estos puntos (u otros parecidos) concurra a las elecciones y las gane……La manera más efectiva de derribar este chiringuito que se han montado es desde dentro y con la legitimidad que te otorga una mayoría…..Y eso, compañero, ya se está cocinando también…

    – Por último, amigo Andreu, tener vecinos suele ser enriquecedor…..además, no conocía esta faceta tuya tan asocial…..¿acoso la falta de sociabilidad es contagiosa?….Tendré que tener cuidado cuando en mayo viaje a Tarragona ;-P

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  5. Sergio no debes preocuparte, no he detectado en las múltiples ocasiones que hemos coincidido que te pases el día ladrando. Tendría que haber especificado “vecinos con perro que no han descubierto las bondades del condicionamiento pavloviano”. Por cierto la idea de democracia participativa bajo coacción de multa del 15% me parece cuando menos sorprendente 😉

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