Rajoy, el odiado

No seré demasiado creativo al considerar que nuestro Presidente no parece estar gobernando para ser re-elegido dentro de 3 años. Todas y cada una de las decisiones que ha tomado su gabinete desde que ganó las elecciones han sido consideradas con una patente hostilidad por distintos y variados sectores sociales.
A Rajoy parece importarle una higa lo que piensen los demás. Va a lo suyo. Es demasiado arriesgado decir que ‘lo suyo’ es intentar arreglar el jardín a pesar de los odios que se está granjeando en el proceso, pero ¿quién dijo miedo, si hay hospitales? (al menos por ahora).
Voy a lanzarme a la piscina, lo que, dado mi natural optimismo, no es ninguna novedad. Mi instinto, que, así en principio, es tan válido (o tan inválido) como el que de cualquier otro ciudadano, me dice que se va por buen camino.
Y alguno de los datos disponibles son coherentes con esta constructiva percepción extra-sensorial…
Por ejemplo, en un artículo de Alejandro Bolaños para el País se explica que España ha experimentado el mayor descenso de deuda externa de la zona euro en el segundo semestre de 2012 (45.000 millones). También mejora la inversión internacional en nuestro país.
Puede que merezca la pena preguntarse: ¿y si el equipo de Rajoy está haciendo lo que debe?Está siendo, indudablemente, un proceso traumático y doloroso, pero ¿y si es lo que hay que hacer?
Tengo la sensación de haber vivido durante años gobernado por políticos que han mirado de perpetuarse a casi cualquier precio. Las políticas dictadas por lo que la gente quiere a corto plazo puede no ser la mejor de las políticas a medio y largo plazo para el país.
Es cierto que los individuos somos egoístas, pero no somos solamente egoístas. Queremos lo mejor para nosotros y los nuestros, pero también podemos actuar generosamente. Somos capaces de empeorar para que los que peor lo pasan mejoren. Hay sacrificios que merecen la pena, y esto, de nuevo, no es una declaración original.
Apuesto a que Rajoy no es lo que parece, y que está actuando honestamente para sacarnos del atolladero en el que nos encontramos. Se equivocará en determinadas acciones, pero no será con mala fe, sino porque es humano y no todos los resultados de sus acciones dependen de él.
Recuerdo el cabreo de Crichton cuando asistía a una tertulia en la que sus amigos no paraban de criticar a los burócratas de su país:
Veréis, no creo que se gane nada imaginando un mundo de rufianes sin rostro.
Siempre hay un sujeto preciso que, además, es una persona como nosotros.
Si una empresa poluciona la atmósfera y su director general nos parece mal informado cuando le entrevistan en la televisión, existen muchas probabilidades  de que el tipo esté tramitando su divorcio, que sus hijos se droguen, que tenga mil quebraderos de cabeza con la gestión de su empresa, los accionistas, las reuniones del consejo y las acuciantes presiones, que se sienta cansado y agobiado y que la polución sea tan solo una más de sus preocupaciones, amén de que el gobierno cambia la reglamentación tan a menudo que nadie sabe a ciencia cierta si ha infringido o no la ley, y los colaboradores de nuestro hombre son menos eficaces  de lo que él querría y no le tienen al tanto, o incluso le mienten.
Al director general no le gusta quedar como un zoquete en la tele.
No le satisface ofrecer una mala imagen de sí mismo.
Pero así ocurre, porque no es sino un ser humano que da todo cuanto puedey, aún así, el resultado no siempre es brillante.
¿Acaso somos distintos nosotros? (…)
Muchos de los personajes que aparecen en la televisión ocupan puestos imposibles; la cuestión es en qué grado contribuyen ellos al fracaso.
Pero no por eso son grandes conspiradores.
Creo que todos ponen el máximo ahínco (…)
Y lo peor de traspasar el problema a terceros es que abdicáis de vuestra propia responsabilidad.
Tan pronto decís que es competencia de otros, podéis arrellanaros en vuestra butaca y protestar por lo mal que lo hacen.
¿Se os ha ocurrido pensar que tal vez necesiten ayuda?
Tal vez esperan vuestras ideas, vuestro apoyo, vuestras cartas y una colaboración activa.
No estáis indefensos, podéis y debéis ser partícipes de la marcha del mundo.
Un mundo que también es vuestro” (Travels, 1988).
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7 comentarios sobre “Rajoy, el odiado

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  1. No hay que ser un lince para percatarse de que Rajoy no donina un arte esencial de la política, el de la representación. Los electores necesitan proyectar su narcisismo sobre sus representantes y Rajoy no ofrece muchas posibilidades al respecto. Sin embargo parece dominar un arte casi ignorado entre nosotros: el del control del tempo. Me parece que este hombre es mucho más complejo de lo que sus enemigos quieren hacernos creer.

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  2. En efecto, el enlace a la noticia de El Mundo era incorrecto. Gracias por el enlace al interesante artículo de El País. Obliga a pensar en variables que caen fuera de mi modesta reflexión en este post. Seguramente me animaré a comentarlas en breve porque me parece un enfoque esencialmente raro.

    Gregorio, gracias por la apreciación. Si esa complejidad es para bien, estupendo. Si no es así, mal asunto…

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