COSMOS (8)

En este capítulo viajamos a través del espacio y el tiempo. Sagan se enfrenta al complejo reto de ayudarnos a comprender la vastedad del Cosmos. Su enormidad no puede comprenderse sin la indisoluble unión de espacio y tiempo.
 
Los humanos somos viajeros pasivos atrapados en nuestro mundo, pero esa situación puede cambiar.
La luz que vemos ahora proveniente de las estrellas comenzó a viajar, en una mayoría de los casos, hace miles de años. Por tanto, vemos ahora desde aquí el pasado de allí. La estrellas que vemos ahora pueden haber dejado de existir cuando alcanzan nuestra retina o nuestros telescopios. Las constelaciones que vemos ahora fueron distintas hace millones de años. El ordenamiento de las estrellas en nuestro cielo es distinto ahora del que puede apreciarse desde otros sistemas.
El presentador nos tiene acostumbrados a viajar, y, para la ocasión, nos vamos a la Toscana para narrar el momento en el que el joven Albert Einstein tuvo su particular epifanía. El mundo cambió cuando dio a conocer su teoría de la relatividad. El principal descubrimiento (mental) supuso admitir que la luz, y, en concreto, la velocidad a la que viaja, establece un límite absoluto a lo que puede y no puede suceder en el Universo.
Nada puede desplazarse más rápido que la luz. Moverse en las proximidades de la velocidad de la luz es posible, pero tiene consecuencias sobre el tiempo. Viajar en moto por la Toscana durante unos breves minutos equivale a décadas para quienes se quedaron sentados en la plaza del pueblo.
Es esta clase de conexión espacio-tiempo la que Sagan usa para volver a su discurso estelar abandonando Italia. Si viajar casi a la velocidad de la luz posee un efecto tan poderoso sobre el tiempo del viajero –viaja literalmente al futuro—entonces ¿sería posible viajar al pasado?
Especular, hacer experimentos mentales, no tiene efectos negativos, y como demostró el caso de Einstein, puede conducir a un paso más en la comprensión de los fenómenos cósmicos. Viajar a las estrellas de las que provenimos será complejo, pero también factible. Los humanos ya han concebido naves capaces de transportarnos a otros sistemas solares y otras galaxias a gran velocidad, aunque al regreso sería probable encontrarse con que nuestro sistema solar, y, por tanto, nuestro hogar, ha desaparecido.
En la actualización del capítulo Sagan habla de la publicación de su novela, ‘Contact’, llevada al cine por Robert Zemeckis. Una de las claves de la historia narrada en esa novela es un modo de viajar al centro de la vía láctea usando un método que, para los físicos más atrevidos del California Institute of Technology resulta posible, es decir, agujeros, atajos espaciales para superar las limitaciones temporales.
En el desarrollo de este capítulo de la serie documental, Sagan no puede evitar volver a insistir en que nuestra estupidez puede llevarnos a destruir la Tierra. ¿Por qué no usar nuestra inteligencia para encontrar un modo eficiente de viajar a las estrellas, nuestro verdadero hogar?
No seré yo quien sugiera que Einstein puede estar equivocado al establecer el límite absoluto que impone la velocidad de la luz. Pero, desde luego, no sería la primera vez que la ciencia termine admitiendo que algo que creía imposible puede finalmente hacerse.
La osadía suele rendir beneficios en la investigación científica. Estoy casi seguro de que hay por ahí científicos pensando en la posibilidad de superar esa limitación que vio la luz bajo el sol de la toscana.
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