Archivar información en el cerebro

En un reciente estudio publicado en PNAS se ha explorado cómo se archiva información en el cerebro a modo de representaciones neuronales.
Meyers, E M et al. (2012). Incorporation of new information into prefrontal cortical activity after learning working memory tasks. http://www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1201022109
Las preguntas concretas que se formulan en esta investigación son:
1.- ¿Cambia el aprendizaje de una nueva tarea la cantidad de información sobre las características básicas de los estímulos, o únicamente cambia la cantidad de información sobre variables más complejas relacionadas con la tarea?
2.- ¿Surge la nueva información gracias a la emergencia de algunas neuronas específicas, o se distribuye a través de una determinada población de neuronas?
3.- ¿Se especializan las neuronas en el procesamiento de alguna clase de información, o pueden tratar distintas clases de información?
4.- ¿Ingresa la información en una población dinámica de neuronas, o existen patrones estables de actividad neuronal que asumen la información nueva?
5.- ¿Hay diferencias en el contenido de la información de las regiones ventral y dorsal, o influye el aprendizaje en ambas?
 
Para encontrar respuestas a estas preguntas, los tres científicos estudian a dos monos cuando observan pasivamente una secuencia de dos estímulos o cuando resuelven una tarea de recuerdo demorado en la que deben tomar alguna decisión sobre si se ha visto previamente un determinado ‘target‘ (véase figura).
Los principales resultados señalan que:
A.- La información sobre los estímulos se decodifica con gran precisión en la corteza prefrontal dorsal.
B.- La información relevante para la tarea se distribuye entre las zonas dorsales y ventrales de esa corteza prefrontal.
Antes de un proceso de entrenamiento se observa una especialización, mientras que después del entrenamiento hay una activación más dispersa.
Aunque los autores no discuten sus datos desde esta perspectiva, el hecho de que el entrenamiento produzca una activación más distribuida es extraño. Contradice la teoría de la eficiencia neuronal, pero ese dato puede ser un resultado derivado de que no estamos ante un entrenamiento sino que, simplemente, lo que los tres científicos le piden a los dos monos es más complejo en lo que denominan entrenamiento. El mayor esfuerzo produce una activación más dispersa al reclutar más recursos neuronales de procesamiento.
En cualquiera de los casos, este estudio vuelve a demostrar que cada vez somos más precisos al describir las cosas que hace el cerebro, pero seguimos sin respuestas al cómo.
Se producen cambios en las dos condiciones experimentales, pero
-. ¿Cuál es el mecanismo que produce el cambio?
-. ¿Cómo ‘sabe’ el cerebro lo que debe hacer?
-. ¿Dónde está el homúnculo?
O, para el caso, ¿qué o quién se encarga de ese rol protagonista?
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