La ingeniería social contra los fumadores

Algunos confiaban en que los populares devolverían la sensatez en determinadas cosas. Pensaron, por ejemplo, que era posible que fumadores y no fumadores conviviesen pacíficamente.
Pero nada más llegar al gobierno, Ana Mato declaró que si quieres arroz Catalina, que las cosas se quedarían como estaban, en el punto en el que nos situaron los anteriores ministros. Eso a pesar de que Mariano dijo durante la campaña que no le parecía mal recuperar la separación de ambos bandos en los lugares públicos que se habilitaron a tal efecto en su momento –haciendo, dicho sea de paso, una cuantiosa inversión económica.
La conservación de esta conservadora medida se amparó en datos como que las ventas de tabaco cayeron un 17%, o que 600.000 personas dejaron de fumar a consecuencia de la restrictiva ley.
Sin embargo, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica nos hace saber ahora que la proporción de fumadores apenas se ha movido con el paso de las distintas leyes (alrededor del 20%). Y el consumo medio diario es de 13 cigarrillos.
Además, entre quienes más aumenta el hábito de fumar es entre los jóvenes.
Un dato revelador es que únicamente el 27% de los fumadores ha intentado abandonar ese hábito después de imponer la nueva ley antitabaco. Solamente un 6% de ese 27% lo ha logrado (de momento).
Esa sociedad concluye que “la prevención no funciona”, que “la prevalencia no se ve influida por la ley”.
Confiesan que el único modo realista de lograr que la gente deje de fumar es subir el precio del tabaco. Y, también, quizá, buscar ayuda profesional.
A raíz de esta preocupación sanitaria, recordé las declaraciones de Boi Ruiz, consejero de Salud de la Generalitat: “la salud es un bien privado que depende de uno mismo, no del Estado“.
Ruiz explicó que cada día se dejaban de hacer en Cataluña 1.300 visitas programadas de especialistas “porque los pacientes no se presentan a las citas (…) un derroche de recursos que tiene un coste anual de más de diez millones de euros“.
Hay, también, personas que cancelan fechas de operaciones programadas porque están de vacaciones o tiene otras actividades.
Leire Pajín se lanzó a la yugular de Ruiz: la salud no es un bien privado y no depende de uno mismo, sino de otros factores“.
Carlos Jiménez Villarejo dijo sobre Ruiz: este señor no merece estar dentro de un gobierno democrático porque está atacando los cimientos de la democracia“.
A cualquier cosa le llaman democracia.
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