Neurociencia militar

 
Algunos están preocupadísimos por la eventual aplicación militar de los avances en neurociencia.
Se supone que ya se puede comenzar a conectar la mente de los soldados a las armas, practicar un escáner durante el reclutamiento o hacer cursos de estimulación neuronal para mejorar su aprendizaje
Nada menos que la Royal Society se hace eco de ese inquietante reparo:
Dicen que se coquetea con la idea de producir drogas para mejorar el rendimiento, hacer hablar por los codos a los cautivos o para que las tropas enemigas caigan en brazos de Morfeo –no confundir con el personaje de ‘Matrix‘.
Mientras tanto, los científicos a lo suyo, que es descubrir y avanzar, si pueden. Los que hablan sobre ciencia, pero no la practican, se preocupan terriblemente y urgen a educar a esos insensatos de bata blanca desde su más tierna infancia –no es broma.
Se denuncia que los (norte)americanos ya usan la TMS (estimulación magnética transcraneal) para mejorar la capacidad atencional de los soldados en mundos virtuales hostiles repletitos de bombas. Los soldados estimulados lo hacen mejor, mucho mejor (el doble, de hecho) que los despistados de siempre.
También se supone que se están desarrollado ‘brain-machine interfaces (BMIs)’. Algo así como un sistema que conecta el cerebro de los soldados directamente al armamento. La BMI interpreta las señales cerebrales del soldado permitiendo una comunicación más eficiente con un ‘cañón neuronal‘. El cerebro procesa la información de modo no consciente de modo más raudo sin pasar por la conciencia del soldado.
¿A quién le echamos la culpa si algo sale mal? se preguntan los especialistas en las secuelas éticas de la ciencia.
También se está empleando el conocido “neurofeedback“, mediante el que se puede controlar conscientemente las ondas del cerebro. Hay ondas mejores y ondas peores, por lo que si un soldado no las tiene demasiado finas, quizá se le pueda enseñar a depurar su sistema.
Los análisis de conectividad están permitiendo separar a quienes aprenden más rápido de los que son más lentos. También puede discriminarse entre cerebros más y menos flexibles. Los primeros aprenden mejor y más deprisa.
La neurociencia puede permitir distinguir a los soldados arriesgados de los más conservadores. Los primeros serían magníficos SEALS. Los segundos estupendos oficinistas.
En resumen, la típica historia de “pero qué asustados estamos“.
En realidad: “cuánto me preocupo por las consecuencias de algo que no comprendo porque no tuve el cuajo suficiente para estudiar (lo suficiente)“.
Bueno, quizá sean de letras.
No seamos injustos.
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