Hedy Lamarr

Echando mano de su renombrado enciclopedismo, el Profesor Earl Hunt hizo una sorprendente referencia, en el último encuentro de la ‘International Society for Intelligence Research‘( (ISIR) celebrado en Chipre, a Hedy Lamarr, posiblemente la mujer más bella del Hollywood de la década de los 40.
En concreto, Hunt subrayó la alta capacidad intelectual de la actriz y explicó cómo buscó activamente modos de expresarla de un modo socialmente relevante.
Muchísimos años antes (1933) que Meg Ryan en ‘Cuando Harry encontró a Sally‘, Lamarr escenificó un orgasmo en la gran pantalla, a la vez que, en su vida privada, se dedicaba a inventar dispositivos que dieron píe a Internet, los teléfonos móviles, el Bluetooth, el wifi o los sistemas de control de misiles mediante GPS.
Lamarr rechazaba las fiestas, era abstemia y le fascinaba dedicar horas a inventar. Esta historia relativamente desconocida de la actriz se cuenta en la obra de Richard RhodesHedy’s Folly: The life and breakthrough inventions of Hedy Lamarr, the most beautiful woman in the world‘.
Lamarr estuvo casada en seis ocasiones y se sometió a varias operaciones de cirugía plástica. Un guión habitual de las divas del celuloide. Pero había algo más.
Era de origen vienés y no tenía estudios, pero fue claramente brillante intelectualmente.
Junto a su marido George Antheil, diseñó un sistema de comunicación entre barcos y torpedos basado en señales de radio sometidas a constantes cambios de frecuencia. En su momento los militares no se percataron de la relevancia de la idea, pero décadas después, los creadores del GPS, el wifi y el Bluetooth utilizaron la tecnología de espectro ensanchado por salto de frecuencia concebido por Lamarr y su esposo del momento.
Solo tres años antes de que falleciera, en el 2000, Lamarr recibió el merecido reconocimiento por sus hallazgos, pero ella se negó a asistir al acto oficial por no considerarse presentable. Era sensible al efecto del paso de los años sobre su belleza. O eso declaró ella.
La actriz también trabajó en un escudo antimisiles, y, con financiación de Howard Hughes, pensó en una pastilla que disuelta en agua producía Coca Cola.
Fue una pionera del lifting y estuvo dándole vueltas a cómo mejorar el Concorde.
En resumen, un ejemplo sobresaliente de que la belleza no se encuentra en absoluto reñida con la inteligencia y la creatividad.
Finalizo con un comentario que redondea el mensaje. En 2007 le pregunté al Profesor Hunt en Amsterdam quién había sido su estudiante más brillante. No recuerdo cómo llegamos a ese punto, pero si sé que fue después de compartir algunas cervezas. Estuvo pensando un rato y su diagnóstico fue claro: una guapísima alumna de Colorado –cuyo nombre omitiré por discreción– que le forzaba a reunirse con ella por la mañana, antes de haber hecho ninguna otra cosa que supusiese el mínimo gasto energético, para poder seguir sus complejos argumentos matemáticos. En cualquier otro momento del día estaba perdido…
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