Iberos: Alfonso X el Sabio

Este ibero nació en 1221 en Toledo y vivió durante 63 años hasta su muerte en Sevilla.
Además de rey de Castilla fue un destacado erudito –un cráter de la luna lleva su nombre.
Es él quien impulsa hasta lo más alto la famosa ‘Escuela de Traductores de Toledo‘ verdadero centro cultural en esa época del Medievo. A Toledo acudieron muchos intelectuales europeos atraídos por su extraordinaria vitalidad cultural y su clima de tolerancia. Toledo era el mayor centro de fusión cultural jamás visto en Europa. Quizá convenga señalar que en Toledo se refugiaron los miembros de la academia judía de Córdoba cuando fueron expulsados por los almohades de esa ciudad.
Alfonso se casó en 1249 con la hija de Jaime I de Aragón (el Conquistador), la infanta Violante de Aragón. Tres años después fue proclamado Rey de Castilla y León.
Como gobernante fue un claro precursor de los Reyes Católicos en su intento de unir las distintas regiones de la península.
Su historia como Rey es la habitual: conquistas, derrotas, problemas sucesorios, repetidos intentos fallidos de convertirse en Emperador del Sacro Imperio Romano –ante la activa oposición del papado–, etc.
Pero la relacionada con sus logros culturales es realmente interesante.
Se le conoce como el sabio por su ansia de saber, que, se supone, heredó de su madre, Beatriz de Suabia, una reconocida erudita. Alfonso practicó el derecho, la astronomía, la historia, la música, las matemáticas, el ajedrez, la arquitectura y la pintura, entre otras disciplinas.
Se le considera el fundador de la prosa castellana. De hecho, es bajo su reinado cuando se adopta el castellano como lengua oficial.
Además de su labor en Toledo, Alfonso también promueve centros del saber en Sevilla y Murcia.
En su insaciable persecución de conocimiento, puso entre paréntesis las diferencias entre cristianos, musulmanes y judíos. Impulsó su colaboración para fomentar la universalidad de ese conocimiento.
Su ‘Código de las siete partidas‘ reúne las virtudes del derecho romano para asociarlo a la cultura de Castilla. De ahí se exportó el resto de Europa.
Las ‘Tablas alfonsíes‘ recogen valiosos conocimientos sobre astronomía y sugieren modos de avanzar en esa disciplina.
En su ‘Crónica general‘ narra la historia de España buscando puntos de encuentro. Demostró que la unidad no contradice la pérdida de identidad regional, escribiendo, por ejemplo, poesía en gallego.
Algunos historiadores sostienen que Alfonso X se adelantó muchos años a lo que estaba por venir.
Fue particularmente activo al fusionar, en lugar de dividir, distintas culturas y sensibilidades, a pesar de encontrarse, con frecuencia, con ardientes opositores.
Hizo lo posible para que su reinado estuviese adecuadamente informado por los conocimientos atesorados por la humanidad en el trascurso de su historia.
Puso la carne en el asador para lograrlo. Y ganó.
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