Lectura

El mundo cambia. No se sabe muy bien por qué, pero sucede. Se especula mucho, pero se conoce poco. Reconocerlo es incómodo para muchos, pero no para todos.
En un reciente estudio se comparó a grupos de personas que leyeron y trataron de comprender textos de distinta complejidad usando un Kindle (el famoso libro electrónico de Amazon), un iPad (la tableta diseñada por Apple) o un libro estándar.
Se exploraron los procesos neuronales durante la lectura, se analizaron los movimientos oculares, el nivel de comprensión y el aprendizaje.
No se observaron diferencias según el formato usado, a pesar de que los participantes mostraron una preferencia subjetiva por el libro de toda la vida.
De hecho, el cerebro parece más cómodo al recoger información de una tableta, especialmente cuando se trata del cerebro de personas mayores.
En un frente distinto, pero asociado, el secretario de política educativa de la Generalitat, Lluís Font, considera que “la alfabetización digital puede contribuir a democratizar la educación y a alimentar la inteligencia colectiva (…) el modelo deseable es el que combina el libro tradicional con recursos digitales. Leer sigue siendo la base de la adquisición de conocimiento“.
Los políticos a lo suyo: hablar sin mojarse.
Se debate sobre las virtudes y defectos de leer en papel o hacerlo usando una pantalla.
Los médicos declaran que usar una pantalla no influye en nuestro sistema visual. Pegarse a una pantalla de ordenador o de televisión no es lo relevante, sino que hay otra clase de factores que pueden producir la fatiga que resulta perjudicial.
El papel no es necesariamente menos dañino para nuestros ojos. Hay muchos tipos de papel. No produce una fatiga equivalente leer un libro en un excelente papel que hacerlo sobre un paupérrimo libro de bolsillo –el gran negocio de las editoriales.
En cuanto a los libros electrónicos, hay distintas versiones, fundamentalmente divisibles en las pantallas en blanco y negro y las que incluyen colores.
Los más centrados se decantan por concluir que el formato más adecuado depende de lo que se busque o de dónde se lea. El Kindle puede ser magnífico para leer en la playa, pero no en una habitación escasamente iluminada. El iPad puede ser una mala apuesta cuando la luz se refleja en la pantalla.
Reducir la fatiga de nuestro sistema visual está más relacionado con el descanso que con el tipo de formato usado para leer.
Lo que produce efectos negativos es un periodo prolongado de lectura, la ausencia de descansos cada poco tiempo. Ahora ya no es verdaderamente importante mirar pixels o papel.
Nuestros ojos se mueven 10.000 veces por hora. Dejarles descansar es verdaderamente importante.
El grado de refresco de las pantallas actuales contribuye a reducir el cansancio de nuestros ojos durante la lectura. Ahora las pantallas se actualizan cada 8 milisegundos, mientras que el ojo humano se mueve con una rapidez de entre 10 y 30 milisegundos.
En suma, deje de obsesionarse por lo que los ‘expertos’ digan. Probablemente le estarán vendiendo el producto.
Obsérvese a sí mismo y, si puede ser, sea versátil en lugar de rígido.
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