Darle la espalda a la innovación

Hace un par de días supimos que España ocupa la posición 39 en un ranking mundial de innovación (N = 142). Suiza, Suecia y Singapur acaparan el pódium.
A nuestros representantes políticos se les llena la boca con la relevancia de la innovación para la economía, pero no actúan en consecuencia. Por ejemplo, nada más llegar al gobierno los populares han eliminado el Ministerio de Ciencia e Innovación de la faz de la Tierra.
Además de esto, las empresas españolas invierten menos de lo deseable en una investigación que suponga el mínimo riesgo, y, por tanto, se castiga la innovación. A efectos prácticos les importa poco la ‘economía del conocimiento‘.
El dinero público financia casi la mitad de la investigación en España (47%). Las empresas ponen un 43%, las universidades un 4% y el capital extranjero un 6%. En los países con mayor grado de innovación, las empresas privadas financian el 70% de la investigación.
Por otro lado, Thomson Reuters señala que la investigación española supone el 3.3% de la producción científica mundial. Cuando se considera el grupo del 10% más citado en cada especialidad por la comunidad científica, España ocupa la posición 21 dentro del grupo de los 50 países con mayor producción científica del mundo.
España crece en producción científica, pero no en su impacto. Los artículos publicados en revistas como Nature, Science, PNAS, NEJM, JAMA, The Lancet son una minoría comparativamente con nuestra producción. Es decir, primamos la cantidad a la calidad. Conociéndonos, el único modo de cambiar este balance es modificar los criterios de evaluación de los científicos de cara a su promoción.
Los centros españoles con mayores tasas de excelencia son el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, el Instituto Catalán de Investigación Química, el Centro de Regulación Genómica y el Instituto Catalán de Oncología. Las Universidades están fuera de juego. Aunque en ellas se encuentran investigadores magníficos, como organización no funcionan. La universidad española destaca por su homogeneidad, pero fracasa en la excelencia. Se fomenta la mediocridad.
A todo esto, nuestros ingenieros –esos que nosotros hemos formado con nuestro dinero– siguen buscando fuera lo que debería dárseles dentro de nuestras fronteras. Una de las últimas noticias –superado el trauma de la captación alemana– es que los noruegos han reclamado 5.000 ingenieros españoles para trabajar en sus plataformas petrolíferas. Los directivos noruegos buscan talento, lo encuentran aquí y se los llevan allí ante nuestra atenta pero pasiva mirada.
Mientras Rajoy busca modos de sangrar nuestras economías domésticas para tapar los agujeros generados por una incompetente gestión, en lugar de encontrar modos de aprovechar este talento para el desarrollo innovador de su país, los demás hacen sus deberes sustrayéndonos nuestros cerebros.
Tenemos aquí individuos como Victor Martínez (ingeniero formado en la Universidad de Sevilla) capaces de diseñar un sistema operativo atractivo para el gobierno ruso (y para Silicon Valley) pero que resultan totalmente ignorados por nuestras autoridades. Victor es famoso en Rusia, pero aquí nada sabemos. WôÔS‘ integra el ‘cloud computing‘ y los servicios de Internet. Su tecnología ‘CloudIN‘ puede cambiar la forma de ver la nube y sus servicios asociados. Martínez debería estar en el telediario para servir de modelo un día sí y al otro también, pero lo que en cambio vemos es, una y otra vez, a Camps, Blanco y Urdangarin.
Me van a perdonar, pero o nuestros gobernantes padecen una grave falta de visión o nos han vendido sin consultarnos. Prefieren comprar fuera a crear dentro. No les importa que nuestros chicos mas brillantes se vayan a contribuir a mejorar la riqueza de los demás países, mientras aquí seguimos abriendo bares en los que está prohibido fumar para que parezca que somos europeos.
¿Será verdad eso de que nuestros representantes aceptan que nuestro destino es convertirnos en el burdel de Europa?
¿Para qué diantre cambiamos de gobierno si todo parece indicar que nos espera más de lo mismo?
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2 comentarios sobre “Darle la espalda a la innovación

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  1. Querido Roberto:

    Me he emocionadao al leer tus palabras: ¡cuanta razón tienes! Parece que en nuestro entorno es noticia la mediocridad y la avaricia. Los buenos profesionales, los que no destacan, pero deberían, no. Suscribo todas y cada una de tus palabras y les voy a dar la difusión que merecen. ¡Gracias por pensar…!

    Xavier Ureta Buxeda
    UIC

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